23/07/2026
Testimonio de una Hospitalaria.
LA EXPERIENCIA DE LOURDES: SERVICIO Y ESPERANZA
Lourdes es un pequeño pueblo de los Pirineos franceses que se hizo conocido en todo el mundo en 1858. Fue allí donde la Virgen se apareció 18 veces a una chica joven, Bernadette Soubirous, en la Gruta de Massabielle.
En una de esas apariciones le pidió: "Ve a decir a los sacerdotes que se construya aquí una capilla y que vengan aquí en procesión". También le señaló un manantial que brotó de la roca. Ese agua sigue corriendo hoy y hasta aquí llegan cada año millones de personas buscando consuelo, curación y esperanza.
La Iglesia reconoció las apariciones y Bernadette fue canonizada. Su mensaje era muy sencillo: humildad, oración y estar con quien lo necesita.
Este año he vuelto a peregrinar a Lourdes. Lo he hecho como hospitalaria y como voluntaria.
Y ser hospitalaria y voluntaria es eso: colaborar.
Mi servicio fue acompañar a enfermos. Empujar una silla de ruedas hasta la gruta, sujetar una mano en la piscina, estar presente en el silencio de la enfermedad.
Ser hospitalaria es estar. No hacen falta grandes palabras. A veces basta una mirada, un "aquí estoy", un vaso de agua. La sonrisa es el mejor pago por aquello que se da sin pedir nada a cambio… y en Lourdes recibí muchas.
En Lourdes aprendí que cuando cuidas de otro, también cuidas tu propia humanidad.
Vi gestos que lo dicen todo. Vi caras de satisfacción al llegar a la gruta después de tanto esfuerzo. Vi lágrimas de alegría en la procesión de las antorchas. Vi a un abuelo que llevaba años sin salir de casa y que lloraba al meter solo sus manos en el agua. Vi a una madre que no pedía para ella, sino por su hijo enfermo. Vi rostros cansados que encontraban paz. El cansancio físico se olvida cuando ves la esperanza de la gente.
Lourdes te enseña que no se necesitan grandes cosas, sino hacer las pequeñas con amor grande, como decía la propia Santa Bernadette.
Si algo me traigo de Lourdes es el rostro de las personas enfermas. Personas que te enseñan tanto y te dan tanta fuerza…
Lourdes no es solo mármol y velas. Es el enfermo que viaja veinte horas para pedir salud. Es el voluntario que deja su casa para acompañar. Es el silencio de miles de personas en la procesión de las antorchas, hablando en 20 idiomas pero con un solo corazón: el de la esperanza.
Allí entendí que la verdadera riqueza de Lourdes está en la enfermedad. En los que van buscando una respuesta médica, y encuentran una respuesta humana. En los que van a agradecer, y en los que van a pedir fuerza para seguir adelante.
Su esperanza es contagiosa. Te enseñan que pedir ayuda no es debilidad, es confianza. Que colaborar es acompañar.
Volver a nuestro pueblo con esta experiencia es volver con una misión: sembrar esa misma esperanza aquí. Acompañar al que está enfermo, al que está solo, al que tiene miedo. Porque Lourdes nos recuerda que en los lugares más sencillos y con las personas más sencillas, se pueden hacer cosas grandes.
"Yo soy la Inmaculada Concepción" le dijo la Virgen a Bernadette. Y 160 años después, sigue en pie su promesa: aquí estoy para los que sufren.
¿Y tú? ¿Estarías dispuesto/a a sembrar?
Por: Ramoni Jiménez Mañas