18/04/2026
"La Magdalena vuelve a llorar en la mañana de Domingo de Resurrección.
En una reflexión divina, hay quién se pregunta por qué será y si sus lágrimas son de tristeza. Ha visto con sus propios ojos cómo rendía Cortesía el Niño a su Madre en la Esquina del Convento, pero en ese estallido de felicidad, uno incluso llega a dudar si lleva la túnica puesta o sigue descansando en la esperanza de una nueva mañana de Ramos.
Muchos de los presentes, ilusos ellos, jamás lo entenderían. Solamente se dejan guiar, tal y como hicieron sus padres y abuelos, por esta Santa más ciezana que la Atalaya, y disfrutan del último aliento de Semana Santa.
Pasada la Procesión y cerca de ese final para pocos y principio de muchos, en ese acantilado del adiós, próximo a esas pretéritas Puertas de la Villa, donde ese joven -que en muchas ocasiones fue y seguirá siendo un ingenuo- encuentra la respuesta: la Santa llora de felicidad.
Felicidad por ver como los suyos, un año más, volvieron a rememorar la historia en la tarde de Miércoles Santo.
Felicidad por frenar su paso cadencioso el Viernes Santo, frente a la que fue su casa, y contemplar como desde el cielo un matrimonio generoso sonríe de gratitud.
Y felicidad por sentir cerca de ella a todas las generaciones que vislumbraron en su rostro, la más bendita fortuna de la Pascua".
Ochenta y cinco años de historia… Ochenta y cinco años de la fundación de la Hermandad de Santa María Magdalena.
Fotografía de José María Cámara Salmerón.