10/06/2026
El pasado Sábado anunciamos que nuestra Hermandad ha considerado oportuno institucionalizar un reconocimiento anual destinado a quienes, sin buscar protagonismo alguno, nos ofrecen su tiempo, su
ayuda y su cariño de manera constante y desinteresada. Ya que, estamos convencidos de que las Hermandades crecen y perduran gracias a la generosidad de muchas personas que, sin figurar oficialmente entre sus filas, caminan a nuestro lado, nos ayudan y hacen posible que nuestra actividad, nuestras inquietudes y nuestra presencia pública sigan siendo una realidad.
En esta primera edición queremos distinguir, pero sobre todo agradecer, a una persona que durante muchos años nos ha hecho
sentir que esta casa también era la nuestra.
Porque si las puertas del Convento de San Joaquín siempre han permanecido abiertas para los Hijos de María, ha sido gracias a la
acogida y disposición de su sacristán, D. Pascual Camacho Molina.
Una persona siempre disponible cuando hemos necesitado abrir estas puertas; siempre diligente cuando surgía cualquier necesidad; siempre presente cuando la Hermandad llamaba. Una persona que ha madrugado con nosotros en tantos Rosarios de la Aurora, acompañando con su voz y su presencia los amaneceres de octubre; una persona que nunca ha entendido el servicio como una obligación, sino como una forma de entrega.
Una persona que, sin vestir nuestra túnica ni figurar en nuestros registros, termina formando parte de nuestra familia, que hace suyo nuestro camino, nuestras alegrías y
nuestras preocupaciones, personalizando un principio muy arraigado entre nosotros como es que no hace falta ser hermano para sentirse Hijo de María.
Querido Pascual, gracias por todo lo que nos has dado durante estos años. Gracias por tu ayuda constante, por tu cercanía y por hacernos sentir siempre bienvenidos. 💚