23/07/2026
SANTA MARÍA MAGDALENA
Cada 22 de julio, la Iglesia católica celebra con especial devoción la festividad de santa María Magdalena, una de las discípulas más cercanas a Jesús y la primera persona que fue testigo de su Resurrección. Su figura, a menudo envuelta en confusiones históricas, ha sido reivindicada por el Magisterio como una mujer clave en los comienzos del cristianismo.
¿Quién era María Magdalena? El Evangelio la identifica como María, la que era de Magdala. De ahí el nombre de Magdalena. Según Lucas 8, 2, Jesús había expulsado de ella siete demonios, expresión que puede aludir a una situación de profundo sufrimiento físico, espiritual o moral. Sea como fuere, lo que sabemos con certeza es que, a partir de ese encuentro con Jesús, su vida cambió radicalmente. A partir de entonces, se convierte en discípula y seguidora fiel de Jesús, acompañándole junto a otras mujeres durante su ministerio público. Muchas de ellas ayudaban con sus bienes a sostener la misión.
La tradición ha vinculado a María Magdalena con la mujer pecadora que unge los pies de Jesús con perfume en casa del fariseo Simón (cf. Lc 7, 36-50), aunque los estudios bíblicos modernos tienden a distinguirlas como personas diferentes.
Mientras muchos discípulos huían por miedo tras la detención de Jesús, María Magdalena permanece al pie de la Cruz. Los evangelios la mencionan explícitamente como testigo de la Crucifixión y muerte, junto a María, la madre de Jesús, y otras mujeres
Después de la muerte de Jesús, también se menciona a María como una de las mujeres que fueron al sepulcro, al amanecer del domingo, llevando perfumes para ungir el cuerpo del Señor sin atisbar que ya se había complido su palabra y que la Resurrección era un hecho. Es en ese momento cuando se produce uno de los episodios más bellos y significativos del Evangelio: María Magdalena es la primera en ver al Cristo resucitado (cf. Jn 20, 11-18). Llena de dolor por la pérdida de su Maestro, llora fuera del sepulcro vacío hasta que Jesús se le aparece, aunque ella no lo reconoce al principio. Es cuando Él la llama por su nombre —¡María! —, sus ojos se abren y reconoce al Señor. Ese encuentro con el Resucitado marca un punto de inflexión: Jesús le encomienda anunciar la buena noticia a los apóstoles. Por eso, la tradición patrística le ha dado el título de Apóstol de los Apóstoles, porque fue enviada por Cristo mismo para dar testimonio de su victoria sobre la muerte.
El Papa san Juan Pablo II la recordó en su carta apostólica Mulieris Dignitatem como un ejemplo del papel esencial de la mujer en la vida de la Iglesia. Y en 2016, el papa Francisco elevó su memoria litúrgica a fiesta, el mismo rango que tienen las celebraciones de los apóstoles, subrayando su relevancia como modelo de discipulado.
Este reconocimiento oficial quiere recuperar y limpiar la imagen de María Magdalena, muchas veces distorsionada por interpretaciones populares o literarias que la han retratado injustamente como pr******ta o mujer caída, cuando en realidad fue una discípula valiente.
La figura de santa María Magdalena ha sido objeto de devoción desde los primeros siglos del cristianismo. En la tradición occidental, especialmente en Francia y España, hay numerosas iglesias, monasterios y santuarios dedicados a su nombre. También ha inspirado el arte cristiano, que la representa habitualmente con un frasco de perfume en la mano, símbolo de su amor al Señor y del momento en que lo ungió.
Santa María Magdalena es mucho más que un personaje secundario de los Evangelios. Es la mujer renovada por el amor de Cristo, modelo de discípula fiel y primera anunciadora de la Resurrección.
(Texto completo en el enlace https://www.primeroscristianos.com/santa-maria-magdalena-testigo-de-la-resurreccion/)