Mov Cursillos Cristiandad Cartagena

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EVANGELIO DEL DÍAJn 5, 1-16: ¿Quieres quedar sano? Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió...
17/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 5, 1-16: ¿Quieres quedar sano?

Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. [«que esperaban el movimiento de las aguas; pues el ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y se movía el agua y el primero que descendía a la piscina tras el movimiento de agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera».] Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
� En el Evangelio de hoy nos presenta la escena de la curación del paralítico de la piscina de Betsaida. El Señor aprovecha las curaciones para mostrarnos que Él es el portador de una curación más profunda. El Señor le pregunta a aquel enfermo que llevaba tanto tiempo esperando poder quedar sano, ¿Quieres curarte? Es de suponer que le diría: Quiero, lo he deseado tanto tiempo, claro que si, sin embargo sorprende la respuesta, le presenta su dificultad, no tengo a nadie, no puedo, la respuesta es toda una dificultad, en el fondo de su alma se queja por la historia que le esta tocando llevar, la vida ha sido injusta conmigo, ya ni lo intento, me acostumbro a no poder. En cambio Ntro Señor le muestra su cercanía, le esta diciendo ¿que quieres que haga por ti? ¿Que es lo que verdaderamente necesitas? ¿Quieres curarte? Pues, colabora, sal de tu comodidad, levántate, ponte en camino, experimenta la alegría de la salvación.

También hoy el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros ¿quieres quedar sano?, ¿En que necesitas que el Señor venga en tu ayuda? ¿De que esta necesitado de curar, de sanar? cuanta enfermedades nos acompañan y no todas son físicas, cuanta necesidad de vencer el mal, de ganarle la batalla al pecado. Necesitamos poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de los sacramentos (eucaristía y reconciliación), de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos, cuando dejamos que el pecado nos toque, ya que el pecado siempre nos paraliza y nos incapacita para amar. Tu vida puede cambiar si permites que Dios actué en ella.

Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍA:Jn 4, 43-54: Y creyó él con toda su familia. Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea....
16/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 4, 43-54: Y creyó él con toda su familia.

Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis». El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro con sus paisanos, también, el encuentro con el funcionario real y como nos resalta que creyó él con toda su familia. A la hora de presentarnos el encuentro con los suyos, con los galileos, nos resalta que “lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho”. Las actividades del Señor ya hablaban, el testimonio va por delante, la fuerza de las acciones impregnan sus palabras, la coherencia de lo que dice se vislumbra en su actuar, al final, es la vida la que manifiesta nuestras prioridades, lo que nos mueve, donde se sustenta y lo que verdaderamente es importante, que es lo que ocupa nuestro tiempo, nuestros anhelos y nuestras preocupaciones.

El encuentro con el funcionario nos plantea el triunfo sobre la muerte, aquel padre intercede por su hijo, esta gravemente enfermo se estaba muriendo, clama con insistencia al Señor y “creyó en la palabra de Jesús”. ¿Cómo sería su suplica? Hace participe al Señor de su preocupación, sufrimiento y dolores, vemos como el Señor no se desentiende de aquellos que les hacen participes de sus necesidades. La oración de intercesión la mueve el amor, el amor de aquel padre por su hijo, todo ponerse en las manos del Señor exige fe y es fruto del amor. A mayor oración, mayor fe; a mayor fe, mayor esperanza; a mayor oración, mayor confianza. El funcionario real hizo de la enfermedad de su hijo un motivo para orar y para creer en Jesús. En efecto, el sufrimiento nos enseña a crecer en la esperanza. Lo que nos cura no es esquivar el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, de madurar en ella, y de encontrar en todo eso un sentido, mediante la unión con Cristo.

Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍAJn 9, 1-41: «Creo, Señor». Y se postró ante él. En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego ...
15/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 9, 1-41: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

La liturgia de este domingo, denominado “Laetare”, nos invita a alegrarnos. ¿Cual es la razón profunda de esta alegría?. Se nos presenta la FE en la liturgia de la Palabra. El Evangelio de hoy, nos habla de la fe del ciego de nacimiento que era viva y operante. ¡Qué ejemplo de fe nos da este hombre! Acoge la palabra, se fía y la pone por obra, lo hace con prontitud realizando las indicaciones dadas por Jesús. Vemos en este ciego el proceso, comienza diciendo que ha sido un hombre que se llama Jesús, después, lo cataloga como profeta y termina confesando su fe y postrándose ante Él: “Yo Creo, Señor”. Todo un camino de crecimiento adentrándose en lo que Dios ha obrado en Él.

“la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del “agua viva”; hoy, curando al ciego de nacimiento, se revela como “la luz del mundo”; el domingo próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como “la resurrección y la vida”. Agua, luz y vida: son símbolos del bautismo, sacramento que “sumerge” a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna.
Detengámonos brevemente en el relato del ciego de nacimiento. […] Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara solemnemente: «Tengo que hacer las obras del que me ha enviado. […] Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».[…] Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. […] Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el “gran pecado”: el orgullo.” (P. Benedicto XVI, Ángelus 2/03/2008)

“También nosotros a causa del pecado de Adán nacimos «ciegos», pero en la fuente bautismal fuimos iluminados por la gracia de Cristo. El pecado había herido a la humanidad destinándola a la oscuridad de la muerte, pero en Cristo resplandece la novedad de la vida y la meta a la que estamos llamados. En él, fortalecidos por el Espíritu Santo, recibimos la fuerza para vencer el mal y obrar el bien. De hecho, la vida cristiana es una continua configuración con Cristo, imagen del hombre nuevo, para alcanzar la plena comunión con Dios. El Señor Jesús es «la luz del mundo», […] Cuando nuestra vida se deja iluminar por el misterio de Cristo, experimenta la alegría de ser liberada de todo lo que amenaza su plena realización.” (P. Benedicto XVI, ángelus 3/04/2011)

Simplemente poner el acento que la fe actua y si es viva no se puede ocultar, aprendamos de la lección tan grande que nos da el ciego de nacimiento que aunque todos querían acusar al Señor, lo defiende y lo anuncia, incluso interpela a los que lo juzgan: “También queréis haceros discípulos de Él”. Anuncia al Señor que es la luz del mundo y no permite que los miedos le paralicen, ni los falsos respetos y no se cansa de anunciar una y otra vez, su experiencia, lo grande que se ha portado el Señor con él, muestra lo realizado en él aunque eso suponga el riesgo de la expulsión.

Feliz domingo, feliz día del Señor.
Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍALc 18, 9-14: El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Dijo Jesús esta pa...
14/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 18, 9-14: El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy ya en los primeros versículos nos pone las claves de la parábola: para “los que se tenían por justos, los que se sentían seguros de sí mismos”. Uno se nos presenta orgulloso de sí mismo y el otro se siente indigno ante la presencia de Dios.

“Hoy, con otra parábola, Jesús quiere enseñarnos cuál es la actitud correcta para rezar e invocar la misericordia del Padre; cómo se debe rezar; la actitud correcta para orar. Es la parábola del fariseo y del publicano.
Ambos protagonistas suben al templo para rezar, pero actúan de formas muy distintas, obteniendo resultados opuestos. El fariseo reza […] pero en realidad es una exhibición de sus propios méritos, con sentido de superioridad hacia los «demás hombres», […] aquí está el problema: ese fariseo reza a Dios, pero en realidad se mira a sí mismo. ¡Reza a sí mismo! En lugar de tener ante sus ojos al Señor, tiene un espejo. […] No es suficiente, por lo tanto, preguntarnos cuánto rezamos, debemos preguntarnos también cómo rezamos, o mejor, cómo es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y extirpar arrogancia e hipocresía. […] Es necesario aprender a encontrar de nuevo el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque es allí donde Dios nos encuentra y nos habla. Sólo a partir de allí podemos, a su vez, encontrarnos con los demás y hablar con ellos. El fariseo se puso en camino hacia el templo, está seguro de sí, pero no se da cuenta de haber extraviado el camino de su corazón.
El publicano en cambio —el otro— se presenta en el templo con espíritu humilde y arrepentido[…] Su oración es muy breve: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». […] La parábola enseña que se es justo o pecador no por pertenencia social, sino por el modo de relacionarse con Dios y por el modo de relacionarse con los hermanos. Los gestos de penitencia y las pocas y sencillas palabras del publicano testimonian su consciencia acerca de su mísera condición. Su oración es esencial Se comporta como alguien humilde, seguro sólo de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedía nada porque ya lo tenía todo, el publicano sólo puede mendigar la misericordia de Dios. Y esto es hermoso: mendigar la misericordia de Dios. Presentándose «con las manos vacías», con el corazón desnudo y reconociéndose pecador, el publicano muestra a todos nosotros la condición necesaria para recibir el perdón del Señor. Al final, precisamente él, así despreciado, se convierte en imagen del verdadero creyente.
Jesús concluye la parábola con una sentencia: «Os digo que este —o sea el publicano — bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado». […] Dios prefiere la humildad no es para degradarnos: la humildad es más bien la condición necesaria para ser levantados de nuevo por Él, y experimentar así la misericordia que viene a colmar nuestros vacíos. Si la oración del soberbio no llega al corazón de Dios, la humildad del mísero lo abre de par en par. Dios tiene una debilidad: la debilidad por los humildes. Ante un corazón humilde, Dios abre totalmente su corazón. Es esta la humildad que la Virgen María expresa en el cántico del Magníficat: «Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava. [...] su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen» (Lc 1, 48.50). Que nos ayude ella, nuestra Madre, a rezar con corazón humilde. Y nosotros, repetimos tres veces, esas bonita oración: «Oh Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador»”. (P. Francisco, Audiencia General 1/06/2016)

Es sábado, día especial mariano, día consagrado a la Bienaventurada Virgen Maria, día para entrar en la escuela de María y aprender de Ella y con Ella.
Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍAMc 12, 28-34: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con t...
13/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Mc 12, 28-34: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.

Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos coloca en la centralidad de nuestra fe, con la pregunta de un escriba sobre lo mas fundamental, valioso y esencial, el Señor nos dice qué es lo más importante de toda la Sagrada Escritura: es el amor. Podía ser considerada una pregunta trampa la que le hacen sobre el mandamiento más importante ya que los doctores de la ley mosaica la desglosaban en más de 600 preceptos, de los que 248 eran prescripciones positivas y 365 eran prohibiciones, había que cumplir todos los preceptos, pues constituían la Torá, no era cuestión baladí el saber qué mandamiento es el principal. ¿Es el amor la tarea primordial en nuestra vida?. El primer mandamiento de la ley es amar a Dios. Quien experimenta el amor de Dios no desea otra cosa que corresponderle. Los mandamientos que Dios nos da, no coartan nuestra libertad.

Podemos aprender de la gran humildad de Ntro Señor, ¡Que humildad más grande nos muestra! dejarse evaluar por los maestros de la ley: “tienes razón cuando dices” . Sin embargo, el Señor destaca que en su contestación, hay mucho que nos une, que nos acerca, y eso es de valorar: “No estas lejos del reino de Dios”. Como cambia nuestras relaciones cuando sabemos ver lo bueno en los demás. Nos encontramos ya a unas alturas de la cuaresma, de este tiempo de gracia que es importante que avancemos en nuestra conversión a Dios y al hermano.

“El Evangelio de hoy nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo. […] Uno de ellos, un doctor de la ley, le hizo esta pregunta: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Jesús, citando el libro del Deuteronomio, le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero». Y hubiese podido detenerse aquí. En cambio, Jesús añadió algo que no le había preguntado el doctor de la ley. Dijo: «El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Tampoco este segundo mandamiento Jesús lo inventa, sino que lo toma del libro del Levítico. Su novedad consiste precisamente en poner juntos estos dos mandamientos —el amor a Dios y el amor al prójimo— revelando que ellos son inseparables y complementarios, son las dos caras de una misma medalla. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios.” (P. Francisco, ángelus 26/10/2014)

Vive intensamente el día que se te brinda, aprovecha cada ocasión con la que te encontrarás para crecer en el amor y dar lo mejor de ti mismo, cada eventualidad es una oportunidad para centrar nuestra vida en el mandamiento nuevo y también un motivo para corresponder a tanto amor como el Señor nos entrega.

Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍALc 11, 14-23: El que no está conmigo está contra mí. Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Suce...
12/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 11, 14-23: El que no está conmigo está contra mí.

Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

PISTAS DE MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos presenta a un tipo de personas que tergiversan todo, y quieren ver mal en todo. Quien no tiene mirada limpia es muy fácil que pueda caer en la sospecha, poner en duda o cuestionar todo e ir sembrando en contra de la verdad. Hay personas que retuercen los acontecimientos y buscan solo un pretexto para acusar, es lo que sufre Jesús en el pasaje evangélico de hoy, hay un tipo de personas que se admiran ante los hechos, pero hay otro grupillo que acusa: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios» así trabaja el príncipe de la mentira, sembrando mal, acusando, dividiendo, utilizando la falsedad, el engaño, el embuste… También al Señor le salpicó estas acusaciones, no se vió libre de la persecución y de sufrir que después de liberar y sanar, se le acuse que hay otras intenciones que no son tan buenas, si eso ha sufrido el Señor, no esperemos que sus discípulos no nos toque la critica, la acusación y la malinterpretación de nuestros actos, que eso no logre apartarnos, enfriarnos, que no sea motivo de desaliento, de desanimo, sino todo lo contrario, que nos alegremos de poder sufrir la misma cruz que tuvo que soportar Ntro. Señor, será todo un privilegio poder sufrir algo,- por pequeño que sea-, que la raíz sea Él, el motivo mantenerse en fidelidad, por seguirle, por actuar como Él lo hacia. Recuerda, “Dichosos cuando os persigan por mi causa, estad alegres y contentos…”. El Señor nos llama a vivir con radicalidad nuestra fe en Él. Es necesario decidirse a ser santos. No se trata de ser buenas personas, si al final nuestro comportamiento difiere muy poco del no creyente, algo esta fallando en nosotros, conocer al Señor implica mucho más que ser buenos estamos llamados a imitarlo a Él, estamos llamados a parecernos a Dios, y de esto estamos muy lejos, nos falta mucho, para amar como Él nos ama.

El Papa Francisco nos comenta este pasaje evangélico en sus homilias de la mañana, en Santa Marta, concretamente, el 11 de octubre de 2013: “[…] no se puede obtener la victoria de Jesús sobre el mal, sobre el diablo, a medias […] O estás con Jesús o estás contra Jesús. Y sobre este punto no hay matices. Hay una lucha, una lucha en la que está en juego la salvación eterna de todos nosotros. […] Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno. […] el demonio es astuto: jamás es expulsado para siempre, sólo lo será el último día».

Concluye el pasaje con la llamada a no desparramar, a no derramar, a no diseminar la gracia, gran responsabilidad de permanecer unidos a Él, el que no esta unido a Jesús no puede dar fruto, derrocha la acción de Dios en él. Termina, disipándose y perdiéndose.

Que tengas un bendecido día.
J.A.M. (Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍAMt 5, 17-19: No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar ...
11/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 5, 17-19: No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Dijo Jesús a sus discípulos: No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos la relación de Ntro. Señor con la ley. “No he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Plenitud, deseo que en el fondo de todo ser humano se encuentra, nadie quiere vivir a medias, todos aspiramos a los bienes más grandes. Sin embargo, la plenitud de la ley de Dios se da desde lo alto de la cruz y desde el misterio de la encarnación. La fuerza de Dios se muestra en la entrega, en la pequeñez, en la debilidad, en la humildad y el más grande, el amor; no hay mandamientos pequeños, lo importante el amor que se pone, continuamente el Señor les dice a sus discípulos: “Permaneced en mi amor”, “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”.

No nos conformemos con ser buenos, la invitación que nos hace el Señor es mayor, quedarse en la norma puede esclavizar, sin embargo cuando se encuentra el sentido, “quién me ama cumple mis mandamientos”, se busca la voluntad, lo que le agrada, en definitiva lo que nos hace bien, entonces no nos quedamos en lo externo, que nos puede esclavizar, sino que más bien, deseamos el encuentro con quien nos ama y queremos hacer lo que a Él le agrada, la clave ya no es porque esta mandado, no es una imposición, es más bien una respuesta de amor. Y como cambia, ya no es por estar mandado, sino como respuesta de amor. “El que me ama permanece en mí y yo en el”, -dice el Señor-.

El fin de la ley es Cristo, la ley sigue teniendo su misión de pedagogo para la educación progresiva del cristiano en el amor. Así decía S. Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, pero primero ama. La plenitud de la ley esta en el amor a Dios y a los hermanos. “Amar es cumplir la ley entera”. (Rom 13,10).

Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

EVANGELIO DEL DÍAMt 18, 21-35: ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi...
10/03/2026

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 18, 21-35: ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?

Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos pone delante el perdón de Dios y la reconciliación con los hermanos. Vemos como San Pedro le lanza la pregunta al Señor: ¿Cuantas veces tengo que perdonar a mi hermano? Y ya le parecían muchas siete veces, sin embargo escucha que eso que le parecía mucho multiplicado, en definitiva: Siempre. El amor no lleva cuentas del mal, y para poder llegar a perdonar uno tiene que tener una capacidad grande de amor, si no es imposible, perdonar a quien te ha hecho mal, humanamente no sale, necesitamos la gracia de Dios, que Él nos capacite para poder vencer el mal a fuerza de bien, llegar a no llevar cuentas del mal y devolver bien ante el mal, el mismo Señor no hace teoría con respecto al perdón, solo hace falta ver como vivió esta enseñanza, hasta desde la misma cruz, desde la sede del mayor amor, Ntro. Señor, entrega su vida clamando: “Perdónalos no saben lo que hacen”.

“Desde nuestro bautismo Dios nos ha perdonado, perdonándonos una deuda insoluta: el pecado original. Pero, aquella es la primera vez. Después, con una misericordia sin límites, Él nos perdona todos los pecados en cuanto mostramos incluso solo una pequeña señal de arrepentimiento. Dios es así: misericordioso. Cuando estamos tentados de cerrar nuestro corazón a quien nos ha ofendido y nos pide perdón, recordemos las palabras del Padre celestial al siervo despiadado: «siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No deberías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?». Cualquiera que haya experimentado la alegría, la paz y la libertad interior que viene al ser perdonado puede abrirse a la posibilidad de perdonar a su vez.
En la oración del Padre Nuestro Jesús ha querido alojar la misma enseñanza de esta parábola. Ha puesto en relación directa el perdón que pedimos a Dios con el perdón que debemos conceder a nuestros hermanos: «y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores». El perdón de Dios es la seña de su desbordante amor por cada uno de nosotros; es el amor que nos deja libres de alejarnos, como el hijo pródigo, pero que espera cada día nuestro retorno; es el amor audaz del pastor por la oveja perdida; es la ternura que acoge a cada pecador que llama a su puerta. El Padre celestial —nuestro Padre— está lleno, está lleno de amor que quiere ofrecernos, pero no puede hacerlo si cerramos nuestro corazón al amor por los otros.” (P. Francisco, ángelus 17/09/2017)

Que tengas un bendecido día.
J.A.M.(Chechu), sacerdote.

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