20/03/2026
"JUNTOS (Y REVUELTOS)"
En un mundo donde el aislamiento cada vez es mayor, pensar en comunidad resulta casi forzado e incómodo.
La propuesta de Jesús en el micro y en el macro de unir a las personas bajo un mismo techo eternal no coincide con la indivualidad arraigada en el corazón terrenal.
Aquel "no es bueno que el hombre esté solo" no era simplemente un asunto de pareja o de reproducción de la especie. La compañía del otro era la respuesta a la soledad del uno, y eso iba a ser bueno.
Pero hasta eso se estropeó, y ahora seguimos con la idea de ir cada uno por su lado y, como mucho, unirnos a comunidades digitales, lo cual mantiene la distancia, incluso sin compromiso.
Practicamos entonces aquello de "juntos, pero no revueltos". Aceptamos la pertenencia a diferentes grupos, sean por intereses culturales, deportivos, profesionales o de mil clases diferentes. Y así cubrimos una parte de la necesidad gregaria del ser humano.
Sin embargo, el reto del Evangelio rompe radicalmente este esquema. La diversidad, el idioma, la genética, los gustos, las ideas personales quedan difuminadas bajo el paraguas de la comunidad, de una congregación heterogénea e identitaria, aunque sin eliminar lo individual.
El deseo profundo y manifestado de Jesús, pidiéndole al Padre que sus discípulos sean uno como ellos lo son, hace que pasemos de una simple obligación a una experiencia vital.
La iglesia, en el microscopio, somos seres que nos movemos activamente, que estamos juntos y que irremediablemente nos llevan a estar revueltos, compartiendo, dando y recibiendo.
Y eso es lo que sucede en los Grupos de Crecimiento.
Fernando Campillo