17/06/2026
NUESTRO PATRIMONIO | EL CULTO A MARÍA AUXILIADORA EN SAN PABLO. Una obra de los Antiguos Alumnos Salesianos (I Parte).
En este capítulo analizo el desarrollo de los cultos a María Auxiliadora, que los antiguos alumnos salesianos promovieron en la iglesia de San Pablo en la década de los años 20 del pasado siglo.
En las primeras décadas del siglo XX, a lejanía y las dificultades de acceso desde el centro de Cádiz a la casa salesiana de San Ignacio, situada el barrio de extramuros, hacían difícil que los antiguos alumnos residentes en casco histórico, vinieran con frecuencia a la escuela salesiana, y este grupo se encontraban en la gaditana iglesia conventual de San Francisco, donde se reunían, atendidos por el franciscano, Padre Lerchundi, en torno al altar que María Auxiliadora tenía allí erigido.
La asociación gaditana comenzó su andadura en 1909, impulsada por el entonces director de la Casa, don Joaquín Bressan. Aunque la escuela se había fundado en 1904 y todavía no contaba con muchos egresados, el auge del colectivo se debió, en gran parte, a la incorporación de antiguos alumnos de la casa de Utrera que, a finales de la década de 1910, ya estaban asentados profesionalmente en Cádiz. Es indudable que este tipo de asociaciones pasan por momentos álgidos y otros de menor actividad; sin embargo, en aquellos años iniciales, Utrera se convirtió en un verdadero semillero de antiguos alumnos por toda Andalucía.
Desde 1919, Joaquín Esteban de Puelles y Espinosa de los Monteros ejerció como presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de Cádiz. El padre Puelles era antiguo alumno de la casa de Utrera y, junto a otros exalumnos de Utrera y Sevilla, había entrado a formar parte de la asociación gaditana, así como otros jóvenes simpatizantes y colaboradores de la obra de Don Bosco, siendo pieza fundamental en la consolidación no solo de la asociación, sino sobre todo el culto a María Auxiliadora en Cádiz.
Don Joaquín ejerció su ministerio en Algeciras durante doce años antes de su etapa en Cádiz. Allí fundó y dirigió por un largo periodo el colegio de María Auxiliadora, invirtiendo en ello parte de su patrimonio personal para combatir el laicismo. Como auténtico mecenas, financió de forma anónima una suma considerable para las nuevas campanas de la torre parroquial de Algeciras.
Don Joaquín era una figura sencilla que contrastaba con la “opulencia de su cuna”, sacerdote ejemplar, virtuoso, modesto, delicado y con una educación exquisita; gran orador de palabra fácil y elocuente, confesor infatigable, celoso, cariñoso y afable. Aunque la asociación gaditana comenzó su andadura en 1909, él fue realmente el organizador de la misma. Organizó esta asociación en Cádiz con el beneplácito del entonces director de la Casa, D. Joaquín Bressan, y del obispo. En 1921 desempeñaba con éxito una cátedra en el Seminario de Cádiz. Anteriormente, había renunciado a otro cargo en el mismo centro por motivos de salud.
Fue designado en septiembre de 1921 rector de la iglesia de la Conversión de San Pablo en Cádiz; en mayo de 1925, se le identifica también como párroco de la iglesia castrense gaditana del Santo Ángel. Tras su nombramiento en San Pablo, impulsó el traslado de los cultos de la asociación desde la iglesia conventual de San Francisco a esta nueva sede.
Su hermano, D. Rafael M.ª, ejercía como abogado en Cádiz y también fue antiguo alumno de la casa de Utrera. Formó parte de la junta directiva de la asociación y, en mayo de 1925, se le identifica específicamente como presidente del Centro de Antiguos Alumnos (ubicado en la calle José del Toro, situado en el centro histórico; no hay que olvidar que la escuela salesiana estaba situada entonces en los extramuros de la ciudad). D. Rafael participó activamente en la comisión que gestionó el traslado de los cultos desde la iglesia de San Francisco a San Pablo, junto a otros miembros de la junta como Hontañón y Escobar.
Junto a su esposa, D.ª Luisa F. Jiménez, donó la imagen de María Auxiliadora a la iglesia de San Pablo. Realizó la donación utilizando el dinero de un seguro personal que ya no necesitaba, como un acto de gratitud por haber superado una juventud difícil, llena de trabajos y p***s familiares tras la pérdida de su madre.
La entrega se realizó el 24 de mayo de 1922. La imagen fue realizada en los talleres de Sarriá (Barcelona) y se caracteriza por ser de madera policromada, encarnada y estofada. El altar se construyó previamente, en septiembre de 1921, antes de tener la imagen definitiva. Este altar fue una solución "improvisada" para la llegada de la imagen a la iglesia de San Pablo, pero tuvo tanto éxito que la gente pidió que no se retirara. La revista Don Bosco (DB) resalta la labor de un antiguo alumno anónimo que, por modestia, no quiere revelar su nombre, pero que fabricó el altar físicamente (aserrando tablones y decorándolo).
D. Rafael fue el creador de la revista mensual gratuita «Don Bosco», órgano de la Asociación de Antiguos Alumnos.