26/05/2024
Un semana para el recuerdo.
Crónica de las conferencias de la Semana Mariana 2024
Cuando la formación se convierte en felicidad, es que se está transmitiendo el amor por lo que hace y por lo que dice de quien la imparte.
Así podríamos titular los tres momentos inolvidables que hemos podido vivir, todos los que asistimos a las conferencias de Inmaculada Rodríguez Torné durante la Semana Mariana de este año.
Hubo formación, por supuesto, pues su profundo conocimiento bíblico nos acercó a MARÍA DE NAZARET encuadrada en su tiempo, en sus circunstancias, en su camino como mujer, como madre y como discípula, mostrándonos su valentía, su peregrinar en la fe y su entrega total, como humilde sierva, a la misericordia de Dios. Por eso el Señor la cuida y la ama como “a la niña de sus ojos”. Nuestra Madre, mientras meditaba en su corazón todo lo que le ocurría, entraba en diálogo, en unión con Dios (Symballo) para, desde lo cotidiano, estar siempre en disposición, de forma inquieta y andariega, para prestar su servicio y convertirse en la mejor discípula de Jesús, hasta pegarse a su Cruz. ¡Qué hermosa la imagen presentada! HEISTEKEISAN.
Y qué decir de las COMIDAS DE JESÚS, con sus llamadas constantes, por medio de las parábolas, al Banquete del Reino. Partiendo siempre desde la sencillez y la humanidad para elevarnos a lo trascendente. Su comensalidad abierta a todos, especialmente a los más alejados, para mostrarnos que el Reino está también abierto a todas las personas que, sinceramente, quieran y se pongan en camino para llegar a él. La finalidad eucarística de pasajes como el de los discípulos de Emaús, en el que Cristo desaparece tras dejarnos “el partir el pan” como su presencia real y constante hasta el fin de los tiempos. O la carga profética de la Última Cena en todos sus gestos y acciones, llena de “palabras performativas” que nos anuncian lo que va a ocurrir. El acontecimiento del “lavatorio de los pies” tiene un especial significado para nosotros, los Siervos de María, pues la Regla de Vida nos llama a vivir así, como “diáconos” en su sentido textual, humildes siervos de Dios, de María y de nuestros hermanos.
Para el último día, quedó una presentación maravillosa de las distintas mujeres que aparecen, a veces fugazmente, en el Antiguo Testamento, mostrándonos la constancia, la fe e, incluso, el arrepentimiento que da lugar a la salvación de todas esas figuras, a veces olvidadas, pero que el Señor recoge en sus escrituras para que nos sirvan de enseñanza.
Pero, junto a la formación, también hubo mucho amor. Amor al Señor, amor a María, en sus dimensiones quizás menos explicadas, más humanas, y amor a la Eucaristía como fuente de vida y de anticipo del Reino.
Gracias, Inmaculada, gracias por tu presencia, pues sabemos que no te fue fácil poder “escaparte” para estar, andariega como María, entre nosotros. Gracias por tu cercanía y gracias por tus palabras y tu ejemplo. Dios te bendiga y Nuestra Madre te cuide y proteja.