11/08/2026
CUARTA APARICIÓN
El 13 de agosto, cuando Lucía, Jacinta y Francisco se disponían a dirigirse a la Cova da Iría, fueron interceptados bajo pretexto de ser llevados a declarar. En lugar de eso, el alcalde los condujo hasta su residencia y posteriormente los encarceló, intentando arrancarles el “secreto” que la Señora les había confiado en julio.
Los niños bajo presión
En la casa del alcalde, los pequeños fueron interrogados con dureza. Lucía, apenas de diez años, mantuvo la calma, negándose a revelar el secreto confiado por la Virgen. Las amenazas no tardaron en llegar: el alcalde los llevó luego a la cárcel local, mezclándolos con presos adultos para intimidarlos.
Los niños, sin embargo, conservaron una serenidad sorprendente. Rezaron juntos el Rosario y animaron a los demás prisioneros a acompañarlos.“Recemos por aquellos que no creen”, habría dicho Francisco. Su fe inquebrantable conmovió incluso a los reclusos, que los defendieron de los guardias y compartieron con ellos su comida.
La multitud espera en vano
Mientras tanto, miles de personas se congregaban en el lugar de las apariciones, sin saber que los niños estaban detenidos. Según testigos, el sol perdió su resplandor por un momento, una nube blanca descendió sobre la encina y se escuchó un murmullo como el de una abeja dentro de un cántaro. Algunos interpretaron aquello como una señal de que la Virgen había venido igualmente, aun sin la presencia de los pastorcitos.
El silencio y la decepción se mezclaron entre los fieles. Muchos comenzaron a rezar el Rosario, convencidos de que Nuestra Señora no los había abandonado, sino que manifestaba su presencia de otro modo
Tres días después, el 15 de agosto día de la Asunción de la Virgen, el alcalde, presionado por el descontento popular, se vio obligado a liberar a los niños.
El día 19 la Virgen se apareció nuevamente en el lugar llamado Valinhos.
Cuarta aparición de Nuestra Señora
«–¿Qué es lo que usted me quiere?
–Quiero que continuéis yendo a Cova de Iria el día 13, que continuéis rezando el rosario todos los días. En el último mes, haré un milagro para que todos crean.
–¿Qué es lo que usted quiere que se haga con el dinero que el pueblo deja en Cova de Iria?
–Hagan dos andas: una llévala tú con Jacinta y otras dos niñas, vestidas de blanco; la otra la lleva Francisco con tres niños. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y lo que sobre es para la ayuda de una capilla que mandaré construir.
–Quería pedirle la cura de algunos enfermos. Sí, a algunos curaré durante el año.
Y tomando un aspecto más triste:
–Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que van muchas almas al in****no por no haber quién se sacrifique y pida por ellas.»