Parroquia Nuestra Señora del Socorro de Benetússer

Parroquia Nuestra Señora del Socorro de Benetússer TENEMOS 2 CENTROS DE CULTO:
La iglesia parroquial y la capilla del instituto.

09/09/2026
07/09/2026

EN LA VESPRA DE LA FESTA:
8 de setembre: el naixement de Maria, aurora del Sol de justícia

Cada 8 de setembre, l’Església celebra amb goig la Nativitat de la Mare de Déu, una de les festes marianes més antigues del calendari litúrgic. A les nostres terres valencianes és, a més, una jornada en què la litúrgia i la pietat popular s’entrellacen d’una manera especialment bella: són molts els pobles que celebren estos dies les festes majors en honor de la Mare de Déu.

De Jerusalem a tota l’Església

L’origen d’esta celebració ens porta fins a Jerusalem. Una antiga tradició cristiana situà prop de la piscina de Betesda la casa de sant Joaquim i santa Anna, pares de Maria, i vinculà aquell indret amb el naixement de la Mare de Déu. Allí s’alçà un antic santuari marià, en l’emplaçament on hui es troba l’església de Santa Anna.

La tradició litúrgica relacionà el 8 de setembre amb la dedicació d’una església bastida en aquell lloc venerat. Des de Jerusalem, la festa s’estengué a Constantinoble durant el segle VI i, posteriorment, arribà a Roma, on fou incorporada a la litúrgia occidental a finals del segle VII.

Sant Pau VI es referí a esta festa com a «esperança de tot el món i aurora de la salvació». És una imatge que expressa admirablement el sentit profund de la celebració: Maria no és el sol, sinó l’aurora que n’anuncia l’arribada. Crist és el Sol de justícia.

Així ho canta la litúrgia del 8 de setembre:

«Celebrem amb goig el naixement de Maria, la Verge: d’ella ha nascut el Sol de justícia, Crist, Déu nostre».

La imatge és d’una gran bellesa: amb el naixement de Maria, la nit comença a retirar-se i la primera claror anuncia que la Llum és a prop. En ella albirem ja l’arribada de Crist, vencedor del pecat i de la mort.

Celebrar el naixement de Maria és, per tant, celebrar que Déu ja prepara, silenciosament, la vinguda del seu Fill. Abans que el món puga contemplar el Sol, Déu fa despuntar l’aurora.

Setembre, temps de Maria en terres valencianes

El calendari marià valencià florix d’una manera especial amb l’arribada de setembre. Benaguasil, Xirivella, Sueca, Algemesí, l’Alcúdia, Corbera, Oliva, Agres, Alaquàs, Alfafar, Benissanó, Chiva, Puçol, Torres Torres, Utiel i tantes altres poblacions celebren, al voltant del 8 de setembre, les seues patrones i les tradicionals Marededéus trobades.

Celebracions de l’Eucaristia, processons, ofrenes, cants, danses i altres expressions de la pietat popular, transmeses de generació en generació, manifesten una devoció profundament arrelada en la història i en la fe del poble valencià. La festa cristiana es fa així pregària, memòria compartida i encontre d’un poble amb la Mare del Senyor.

Ha nascut Maria i comença a despuntar l’aurora, perquè d’ella naixerà Crist, el Sol de justícia.

Quan els nostres pobles ixen al carrer per a acompanyar la Mare de Déu, no celebren només una tradició rebuda dels nostres majors. Confessen, amb el llenguatge senzill i profund de la pietat popular, que Déu continua fent nàixer l’esperança enmig de la nostra història.

Cada 8 de setembre, entre campanes, festa i pregària, torna a despuntar l’aurora.

01/09/2026
31/08/2026

¿POR QUÉ NO VOY A IR A LAS MANIFESTACIONES POR CEUTA?
Hay escenas que no admiten eufemismos. Impedir que la Cruz Roja entregue alimentos a personas hambrientas no es “defender las fronteras”: es crueldad. Quemar las pocas pertenencias de quienes han llegado sin nada no es patriotismo: es violencia ra***ta. Convertir el color de piel, el acento o el lugar de nacimiento en una causa de sospecha y castigo se llama xenofobia, aunque sus ejecutores se envuelvan en banderas y hablen de nación con la boca llena de consignas.
En Ceuta, según las informaciones difundidas, grupos vinculados a la extrema derecha bloquearon ayuda humanitaria destinada a inmigrantes y prendieron fuego a algunos de sus escasos bienes. Una mochila quemada no es una anécdota. Puede contener el único documento que prueba una identidad, una fotografía familiar salvada del derrumbe, la ropa con la que alguien espera sobrevivir al frío, el recuerdo mínimo de una casa perdida. Quemar eso es decirle a una persona que no sólo sobra en un territorio: que su vida, su memoria y su dolor no merecen respeto.
Conviene llamar a las cosas por su nombre. No hay nada inocente en privar de comida a quien tiene hambre para convertirlo en una advertencia dirigida a otros. No hay “preocupación vecinal” en hostigar al recién llegado porque es pobre, negro, árabe o extranjero. No hay amor a España en humillar al vulnerable. Lo que hay es una ideología que necesita fabricar enemigos entre quienes menos poder tienen, porque resulta más fácil golpear al náufrago que exigir responsabilidades a quienes gobiernan, especulan o desmantelan los servicios públicos.
El llamado “efecto llamada” se ha convertido demasiadas veces en la coartada verbal de la deshumanización. Se usa para insinuar que alimentar, curar o abrigar a una persona equivale a invitar a una invasión. Es una perversión moral: se convierte la solidaridad en delito y la omisión de auxilio en virtud cívica. Primero se niega un plato; después se justifica el insulto; más tarde se normaliza la agresión. Así avanza el racismo: no siempre entra con uniformes y antorchas; a menudo llega disfrazado de comentario sensato, de rumor de barrio, de tertulia indignada o de bulo compartido mil veces.
Los antiguos griegos, que no eran un modelo de igualdad ni una sociedad sin violencia, entendían al menos una obligación elemental: la xenía. Al extranjero se le ofrecían alimento, bebida, refugio y protección. No por ingenuidad, sino porque sabían que el viajero podía ser un dios encubierto, un náufrago, un aliado futuro o, sencillamente, un ser humano expuesto a la intemperie. Zeus Xenios protegía ese deber: el de no abandonar ni maltratar a quien se presentaba vulnerable ante tu puerta.
La Odisea no es un tratado contemporáneo sobre migraciones, pero conserva una lección que avergüenza a nuestro presente. Antes de preguntar por el origen, la religión, los papeles o la utilidad del desconocido, se le daba asiento y pan. Hoy hay quienes pretenden invertir ese orden: primero la sospecha, luego la humillación y, si es posible, la expulsión; la humanidad, sólo si queda tiempo y no incomoda demasiado.
Ceuta no es únicamente una ciudad de frontera. Es el espejo donde España y Europa se contemplan sin maquillaje. En él aparece una política migratoria que puede degradarse hasta hacer de la necesidad un delito y de la frontera una licencia para la brutalidad. Aparece también una extrema derecha que cultiva el miedo, señala al extranjero y vende odio como si fuese protección. Su discurso no resuelve la pobreza, la falta de vivienda ni el abandono institucional: sólo ofrece un culpable visible contra el que descargar la frustración.
No todo vale en nombre del control fronterizo. Los Estados pueden regular sus fronteras, pero no pueden renunciar a los derechos humanos ni convertir la asistencia humanitaria en un campo de batalla ideológico. Nadie tiene derecho a impedir que se alimente a una persona hambrienta. Nadie tiene derecho a incendiar sus pertenencias, a acosarla por su origen ni a utilizarla como blanco de una campaña política. Eso no es orden; es racismo organizado. Eso no es seguridad; es una forma de cobardía colectiva.
Quizá Zeus Xenios no tenga hoy templos, sacerdotes ni estatuas en nuestras plazas. Pero el deber que representaba continúa en pie, más allá de cualquier religión: proteger a quien llega vulnerable, no añadir violencia a su herida, reconocer su humanidad antes de exigirle explicaciones.
La pregunta sigue llamando a la puerta, con el mar pegado a los zapatos: ¿qué hacemos cuando llega alguien que no tiene nada? Si respondemos con odio, hambre y fuego, no estaremos defendiendo un país. Estaremos destruyendo la idea misma de civilización.

27/08/2026

DE SAN AGUSTIN

Despierta, hombre: (De los Sermones de san Agustín)
por ti Dios se hizo hombre.
Despierta, tú que duermes,
surge de entre los mu***os;
y Cristo con su luz te alumbrará.
Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías mu**to para siempre,
si él no hubiera nacido en el tiempo.
Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado,
si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna,
si no hubieras recibido tan gran misericordia.
Nunca hubieras vuelto a la vida,
si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido,
si él no te hubiera auxiliado.
Estarías perdido sin remedio,
si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención.
Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
De los Sermones de san Agustín, obispo. (Sermón 185: PL 38, 997-999)

25/08/2026

QUAN L’ESGLESIA CANTA: UNA VEU, UN SOL COR.

En la catequesi de l’audiència general del passat dimecres 19 d’agost, el papa Lleó XIV va continuar el seu recorregut per la Constitució Sacrosanctum Concilium del Concili Vaticà II, detenint-se esta vegada en el seu capítol sisé, dedicat a la música sagrada. Una catequesi que ens oferix una bona oportunitat per a preguntar-nos pel lloc que ocupen el cant i la música en les nostres celebracions.

El Papa va recordar una afirmació fonamental: «La música forma part de l’acció litúrgica i no és un simple ornament de la celebració». Per tant, no estem davant d’una qüestió secundària ni simplement estètica. Quan l’Església canta, prega; i quan canta unida, expressa visiblement allò que està cridada a ser: comunió.

El Concili va qualificar la tradició musical de l’Església com un «tresor de valor inestimable». Però la seua importància no residix només en la bellesa de les composicions que hem rebut al llarg dels segles. La música sagrada adquirix tot el seu sentit quan està íntimament unida a la celebració i ajuda la comunitat a entrar en el misteri que celebra.

Cantar és propi de qui estima

En la seua catequesi del dimecres, Lleó XIV va recuperar una coneguda expressió de sant Agustí: Cantare amantis est, «cantar és propi de qui estima».

Ací trobem una primera clau per a comprendre la música litúrgica. No cantem simplement perquè sabem cantar ni per a omplir els silencis de la celebració. Cantem perquè creiem, esperem i estimem.

Com va assenyalar el Papa, cantar i tocar en la litúrgia significa pregar, «sintonitzant el propi cor amb el de les germanes i els germans i amb Déu». La música arriba també a la nostra dimensió afectiva. Hi ha paraules que, quan són cantades, arriben a llocs del cor als quals difícilment arriba un discurs.

Un salm, un al·leluia, el Sant o un cant de comunió poden convertir-se en verdadera pregària quan allò que pronunciem amb els llavis troba ressò en el nostre interior.

Moltes veus que es convertixen en una

Lleó XIV va destacar també que el cant afavorix la comunió. En una assemblea cada persona té una veu diferent. Unes són més fortes, altres més dèbils; unes més afinades i altres menys. No obstant això, quan tots cantem junts, les diferències no desapareixen: s’harmonitzen.

És una bella imatge de l’Església.

Som diferents per edat, sensibilitat, cultura, història personal i manera de comprendre moltes coses. La comunió cristiana no consistix en el fet que tots pensem o sentim exactament igual, sinó a aprendre a escoltar-nos i trobar junts el to que ens permet alabar Déu.

Per això el Papa arriba a presentar el cant com una autèntica «epifania de l’Església», una manifestació visible de la comunió que pertany a la seua pròpia naturalesa.

Ni espectacle ni improvisació

Precisament perquè la música forma part de l’acció litúrgica, mereix ser cuidada.

Lleó XIV va recordar alguns criteris importants: el cant ha de ser adequat al moment de la celebració, més enllà de modes o gustos particulars; ha de tindre noblesa i senzillesa, qualitat musical i, especialment quan correspon a tota l’assemblea, ha de facilitar-ne la participació.

També els textos mereixen una atenció particular. El Concili demana que siguen adequats, profunds i comprensibles, inspirats principalment en la Sagrada Escriptura, els llibres litúrgics i la tradició espiritual de l’Església.

L’antiga expressió lex orandi, lex credendi ens recorda una cosa decisiva: la nostra manera de pregar va formant també la nostra manera de creure. Els cants que repetim diumenge rere diumenge acaben formant part de la nostra memòria creient.

Per això hem d’evitar tant convertir la música litúrgica en un espectacle, on uns pocs actuen mentre els altres contemplen, com caure en una improvisació descuidada que empobrisca la dignitat de la celebració.

També el silenci forma part de la celebració

És significatiu que Lleó XIV, seguint la Sacrosanctum Concilium, recorde que la participació activa comprén les aclamacions, les respostes, els salms, les antífones i els cants, però també el «silenci sagrat».

Participar no significa estar permanentment fent o dient alguna cosa.

Hi ha moments per a cantar i moments per a escoltar. Hi ha paraules que necessiten música i silencis que hem d’aprendre a respectar. Una bona celebració sap harmonitzar la veu del sacerdot, el cant de l’assemblea, el servici del cor, els instruments i eixos moments en què callem per a deixar espai a l’escolta de Déu.

Una tradició viva i oberta

La catequesi del Papa recorda també la riquesa del patrimoni musical rebut per l’Església. El Concili concedix una importància particular al cant gregorià i a l’orgue de tubs, sense excloure altres gèneres de música sagrada ni altres instruments adequats a la dignitat de la celebració.

Al mateix temps, Lleó XIV subratlla la importància de la inculturació. La fe cristiana ha sabut expressar-se mitjançant les músiques i sensibilitats de pobles molt diferents. La unitat de l’Església no significa uniformitat.

Tradició i creativitat no haurien d’enfrontar-se. La tradició autèntica consistix a rebre un patrimoni viu i permetre que continue donant fruits en el present.

Per a aconseguir-ho és necessària la formació. Cors, músics, organistes, compositors i responsables de les celebracions realitzen un verdader ministeri quan ajuden tota la comunitat a pregar. La schola cantorum no està per a substituir la veu del poble, sinó per a sostindre-la, enriquir-la i afavorir-ne la participació.

Aprendre a viure com cantem

En concloure la seua catequesi del dimecres, Lleó XIV va recórrer a una bella imatge de sant Ignasi d’Antioquia, que convidava els cristians a convertir-se ells mateixos en un cor i, des de l’harmonia de la concòrdia, prendre «el to de Déu» per a cantar units al Pare per Jesucrist.

Potser les nostres comunitats necessiten aprendre precisament això: prendre el to de Déu.

Escoltar-nos més i competir menys; harmonitzar les nostres diferències; respectar els silencis de l’altre; comprendre que ningú posseïx tota la melodia i que necessitem la veu dels altres.

La música litúrgica adquirix aleshores una dimensió profundament pastoral: després d’haver unit les nostres veus dins del temple, hauria d’ajudar-nos a viure fora d’ell amb el cor més unit a Déu i més pròxim als nostres germans.

Perquè la verdadera música de l’Església no acaba quan conclou l’últim cant de la celebració. Continua quan allò que hem cantat junts comença a fer-se vida.

22/08/2026
EL MISTERI D’ELX:Cada mes d’agost, Elx torna a convertir-se en escenari d’una de les expressions més singulars de la fe ...
15/08/2026

EL MISTERI D’ELX:
Cada mes d’agost, Elx torna a convertir-se en escenari d’una de les expressions més singulars de la fe cristiana i de la cultura valenciana: el Misteri d’Elx, la representació sacra que recrea la Dormició, l’Assumpció i la Coronació de la Mare de Déu.

Celebrat a l’interior de la basílica de Santa Maria i arrelat en la tradició medieval, el Misteri —la Festa, com l’anomenen els il·licitans— ha travessat els segles fins als nostres dies. No és simplement la conservació d’una antiga peça teatral. És una tradició viva en què la fe s’ha fet música, paraula, gest, art i memòria compartida. El seu extraordinari valor cultural va ser reconegut internacionalment per la UNESCO, però la seua força més profunda continua estant en el poble que, generació rere generació, l’ha estimat i transmés.

El Misteri ens recorda una característica essencial del cristianisme valencià: la capacitat d’expressar la fe a través de la bellesa i de la festa. El cel s’obri sobre Santa Maria, els àngels descendixen, els apòstols envolten Maria i tota l’església participa d’un relat que no és només contemplat, sinó viscut. La litúrgia, el drama i la devoció popular es troben i dialoguen.

I ací apareix també el seu profund valor pastoral. En una societat secularitzada, el Misteri continua proclamant, amb el llenguatge de la bellesa, una esperança que no envellix: la mort no té l’última paraula. Maria, assumpta al cel, mostra el destí al qual Déu crida tota la humanitat. En ella contemplem anticipadament allò que esperem: que la nostra vida està destinada a la plenitud de Déu.

Per això, conservar el Misteri no significa simplement protegir una joia del passat. Significa mantindre oberta una porta perquè les noves generacions puguen trobar-se amb el misteri cristià a través de la música, l’art, la tradició i la bellesa.

Cada 14 i 15 d’agost, quan les veus de la Festa tornen a omplir Santa Maria d’Elx, un poble sencer torna a contar la seua fe. I, en contemplar Maria elevada al cel, continua anunciant al món una de les paraules més necessàries del nostre temps: esperança. 🌴 🌞🌛🌿

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