08/06/2026
Cántico espiritual de san Juan de la Cruz. Canción 17 Detente, cierzo mu**to
ANOTACIÓN. 1. […] Como ella está en aquella gran fuerza de deseo, avivado por la unión con Dios, cualquiera entretenimiento le es gravísimo y molesto; bien así como a la piedra, cuando con grande ímpetu y velocidad va llegando hacia su centro, cualquier cosa en que topase y la entretuviese en aquel vacío le sería muy violenta. Y como está ya el alma saboreada con estas dulces visitas, sonle más deseables sobre el oro y toda hermosura. Y por eso, temiendo el alma mucho carecer, aun por momento, de tan preciosa presencia, hablando con la sequedad y con el espíritu de su Esposo, dice las palabras de la canción siguiente:
Detente, cierzo mu**to;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.
DECLARACIÓN. […] 2. Hace dos cosas en esta canción. La primera, impedir la sequedad, cerrando la puerta por medio de la continua oración y devoción. La segunda, invocar el Espíritu Santo, que es el que ha de ahuyentar esta sequedad del alma y el que sustenta y aumenta en ella el amor del Esposo; y también ponga al alma el ejercicio interior de las virtudes, todo a fin de que el Hijo de Dios, su Esposo, se goce y deleite más en ella; porque toda su pretensión es dar contento al Amado. […]
«Ven, austro». 4. Por este aire entiende el alma el Espíritu Santo, el cual dice que recuerda los amores; porque cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda, y regala y aviva, y recuerda la voluntad y levanta los apetitos, que antes estaban caídos y dormidos al amor de Dios, que se puede bien decir que recuerda los amores de él y de ella. […] 8. En este aspirar del Espíritu Santo por el alma, que es visitación suya, enamorado de ella, se comunica en alta manera el Esposo, Hijo de Dios; que por eso envía su Espíritu primero (como a los apóstoles), que es su aposentador, para que le prepare la posada del alma esposa, levantándola en deleite, poniéndole el huerto a gusto, abriendo sus flores, descubriendo sus dones, arreándola de la tapicería de sus gracias y riquezas. […]