25/03/2020
NUESTRA RESPUESTA
“¡Fuera de aquí con tus ruidosos himnos de alabanza! No escucharé la música de tus arpas. En cambio quiero ver una tremenda inundación de justicia y un río inagotable de rectitud” (Amós 5:23, NTV).
El propósito del libro de Amós no es pronunciar juicio, sino de llamar al arrepentimiento. El pecado de Israel es que han estado pervirtiendo la justicia y que son complacientes, reposados en Sion. No son consecuentes con lo que profesan creer. En nuestro mundo de hoy, los que realmente son consecuentes con lo que creen son los fundamentalistas islámicos, por un lado, y la Iglesia de Cristo en el norte de África y Asia por otro. Éstos están poniendo sus vidas por Cristo, y están plantando iglesias en profusión. A la Iglesia en Europa llega la llamada al arrepentimiento y a predicar el Evangelio antes de que el Señor vuelva en juicio. Los creyentes que están atentos a la voz del profeta redoblan sus esfuerzos en intercesión por el pueblo de Dios:
Oh Dios, avívanos, avívanos a tus hijos, aviva a esta nación. Llévanos, querido Espíritu Santo, a un auténtico arrepentimiento, perdonándonos a tu pueblo nuestros pecados; perdona, Señor, a todos los que formamos parte de la Iglesia de Cristo. Hemos fallado, Señor, hemos pecado gravemente contra Ti, por no levantar nuestras voces ante la injusticia. Ante el ab**to hemos cerrado nuestra boca para no defender los derechos de nuestros pequeños. Hemos cerrado nuestras bocas cuando han quitado nuestros derechos. Hemos permitido que los colegios hiciesen las veces de padres para nuestros hijos, y no hemos dicho nada. ¿Y qué más puedo decirte, Señor? La lista de pecados es interminable.
Oh Dios mío, necesitamos que nos convenzas de pecado, especialmente a los de Tu Iglesia. Queremos de nuevo pedirte perdón, perdón, perdón, y humillarnos ante Ti, oh Dios. Te pedimos que nos ayudes a vivir con integridad. Ayúdanos a salir de nuestra comodidad. Ayúdanos a salir de nuestros templos hechos por la mano del hombre para ir a las calles y buscar a las personas para hablarles del auténtico Evangelio de Jesucristo, no el Evangelio que muchos predicamos, un Evangelio de amor, escondiendo de alguna manera el pecado, el horrendo pecado de todos nosotros que llevó a tu Hijo Jesucristo a la Cruz terrible, Padre mío, ¿qué te hizo abandonar a tu Amado Hijo en esa Cruz? ¡Qué dolor tan grande, mi Dios! Eso me hace sentir aún peor por mi pecado, por el pecado de la Iglesia de Cristo. ¡Oh Dios, ayúdanos, ayúdanos a cambiar todo aquello que no está conforme a tu voluntad! ¡Ayúdanos a eliminarlo de nuestras vidas, y ayúdanos a ser más como tu Hijo, Jesucristo! En el nombre que está por encima de todo nombre, en el nombre de Jesús, te lo pedimos. Amén”.