13/06/2026
Dios nos bendice en medio de la fidelidad
Rut 3: 1–18; Mateo 7: 7–8
(Barcelona, domingo 14 de junio de 2026)
Víctor Hernández Ramírez
Para hoy 3º domingo después de Pentecostés, nuestras lecturas bíblicas son: Rut 3: 1–18 y Mateo 7: 7–8.
Seguimos con el relato de Rut. Estamos ante esta historia que nos presenta una situación trágica que acabará bien, de hecho, acabará mucho muy bien, con un final feliz. Pero es el modo en que se van conduciendo las cosas lo que importa. Son las decisiones y las acciones de los personajes lo que nos llama más la atención. Porque tales decisiones y acciones muestran una determinación muy especial, en medio de todas las adversidades.
Y esa determinación, ese carácter, ese coraje, se nos muestra lleno de astucia y atrevimiento, por parte de estas mujeres, por parte de Noemí y de Rut. Ellas son las mujeres que están en el margen, en las orillas de la marginación y exclusión, como mujeres.
Y esa exclusión viene dada por su condición de mujeres, en un mundo patriarcal, en un mundo dominado por los hombres y que está hecho para los hombres. Pero ellas serán capaces de cambiar su tragedia, su situación de desamparo, en algo muy diferente, en una situación radicalmente opuesta.
Lo que el relato nos muestra es cómo el desamparo se expresa con la carencia de lo más básico: la carencia de pan y de casa. En el primer capítulo vimos que la familia de Noemí había emigrado por la situación de hambre, por la escasez de pan (Rut 1: 1), y es en la tierra de Moab donde lo perderá todo, pues Noemí se quedará sin marido y sin hijos, es decir que se queda sin casa.
Aquí la idea de casa es algo más profundo que un techo físico, pero también incluye lo material. Pues la casa se asocia con un terreno, con un techo, y también con una familia, donde se pueda vivir y se puedan criar las nuevas generaciones, en un lugar seguro. Y eso es lo que Noemí no tiene más.
Y en el capítulo 2, el relato nos muestra cómo Rut halla una consideración atenta y respetuosa por parte de Booz, lo que dijimos que era una forma nueva, distinta, de masculindad, y el efecto de ello es que Rut vuelve con su suegra con la cebada, con lo que permite tener pan. Pero ese pan material era también algo profundamente espiritual, porque expresaba la acogida respetuosa. El pan que le es dado a Rut es el pan compartido desde el respeto y el reconocimiento.
Ahora el capítulo 3 nos lleva a la parte más interesante y la que está más llena de atrevimiento, por parte de estas mujeres. Y en este atrevimiento, y en la manera como Booz responderá, veremos que se va a jugar el sentido más profundo de la fidelidad.
¿Por qué hablamos aquí de ver el sentido profundo de la fidelidad? Porque lo más común es considerar la fidelidad en términos superficiales o en términos de una simple obediencia a las reglas. Y ese modo en realidad consiste en supeditarse a las apariencias, porque se trata de una fidelidad que se comprende en términos de mostrar una imagen ante los demás, donde todo parezca bien ordenado y limpio.
Pero, muchas veces, ese tipo de fidelidad, centrada en la imagen de algo inmaculado, es algo lleno de hipocresía. Y las traiciones y las desviaciones se esconden o se disimulan, pero todo consiste en guardar la buena imagen ante el público. Pero la fidelidad, en lo profundo, es algo diferente.
Porque la fidelidad, en su verdad profunda, es la manera como se responde a una promesa. Y esa respuesta solamente ocurre en medio de las circunstancias y en medio de las equivocaciones y en medio de las injusticias. Es precisamente en la historia, en la vida real donde hay cambios inesperados, desventuras y malas decisiones, donde se pone a prueba nuestro carácter y se pone a prueba la fidelidad hacia aquello que hemos prometido a otros, o que nos hemos prometido a nosotros mismos.
Y en esta historia de Rut, vemos que Noemí alcanzará a vivir la bendición de Dios, porque esa bendición estaba prometida por Dios mismo. Pero la historia nos muestra que Noemí y Rut van a luchar por esa promesa, van a tomar decisiones atrevidas y van a arriesgarse mucho, para que la promesa de Dios pueda hacerse realidad. Y esa bendición de Dios consiste en llegar a tener una casa, en poder habitar una casa, porque esa era la promesa de Dios.
El relato nos dice que Noemí tiene claridad con respecto a esa promesa, con respecto a lo que busca. Le dice un día a Rut, su nuera:
Un día, Noemí le dijo a Rut:
–Hija mía, yo debo buscarte un esposo que te haga feliz. (3: 1)
En el texto hebreo le dice literalmente: “¿no debo buscarte un lugar de reposo que sea bueno para tí?”. La palabra מָנֹ֖וחַ manóakj, se refiere a un lugar de descanso, y tiene el sentido de un sitio concreto, donde se puede tener reposo y tranquilidad [la Reina Valera de 1909 así lo traduce: «Y díjole su suegra Noemi: Hija mía, ¿no te tengo de buscar descanso, que te sea bueno?»]. Algunos traducen “esposo”, porque el contexto patriarcal del mundo antiguo suponía que una mujer solamente podía formar un hogar si estaba casada con un hombre.
Pero el término manóakj, tiene el sentido de hogar, es decir de ese lugar físico que es también un espacio de paz, de refugio, donde hay porvenir porque pueden crecer las nuevas generaciones. Eso es lo que aquellas dos mujeres no tenían, pues las dos eran viudas y, además, una de ellas era extranjera.
Pero contra esa condición se levanta la estrategia de Noemí, que le señala a Rut exactamente lo que deberá hacer:
Mira, nuestro pariente Booz, con cuyas criadas estuviste trabajando, va a ir esta noche al campo a aventar la parva de la cebada. Haz, pues, esto: báñate, perfúmate, ponte tu mejor vestido y vete allá. Pero no dejes que Booz te reconozca antes que termine de comer y beber. Fíjate bien en dónde se acuesta a dormir. Entonces ve, destápale los pies y acuéstate allí, y luego él mismo te dirá lo que debes hacer.
Rut contestó:
–Haré todo lo que me has dicho. (vs. 2–5)
El relato nos ofrece una descripción que es muy atrevida. En realidad se trata de un plan de seducción en toda regla. Pero la estrategia se encamina para que la seducción ocurra de cierta manera, donde la parte más íntima permita una respuesta de parte de Booz, que es evidente que Noemí espera que esa respuesta sea algo que vaya más allá de lo sexual. Ella espera que vaya hasta una respuesta de redención, que permitirá que ellas, Noemí y Rut, puedan tener una casa, una casa en el sentido más profundo.
Las cosas ocurren de acuerdo el plan de Noemí, y también según la acción obediente de Rut, que también toma la iniciativa de expresar el objetivo de aquel estratagema de seducción:
Rut se fue al campo e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Booz comió, bebió y se mostró muy contento. Luego se acostó a dormir junto al montón de grano. Más tarde Rut llegó sin hacer ruido, le destapó los pies y se acostó allí. A medianoche, Booz se despertó de pronto, y al darse una vuelta se sorprendió de que una mujer estuviera acostada a sus pies.
–¿Quién eres tú? –preguntó Booz.
–Soy Rut, tu servidora –contestó ella–. Tú eres mi pariente más cercano y tienes el deber de ampararme. Quiero que te cases conmigo. (vs. 6–9)
El texto tiene algunos eufemismos, como por ejemplo “destapar los pies”, que se refiere al órgano sexual masculino, lo que expresa con claridad que la seducción tiene que ir hasta el final. Pero además, en el relato leemos esa metáfora de “extender el manto” sobre Rut [v. 9], que quiere decir hacer un pacto de matrimonio. Es una expresión que también leemos, por ejemplo, en el profeta Ezequiel, cuando Dios habla de su relación con el pueblo de Israel:
Pasé otra vez junto a ti y te miré, y ya estabas en la edad de enamorarte. Entonces extendí mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez; te hice juramento y entré en pacto contigo, dice el Señor, y fuiste mía. (Ez 16: 8)
Esa es la redención que le pide Rut, que se expresa como “quiero que te cases conmigo”, pero que en el fondo está reclamando la fidelidad de una promesa. Porque se trata de ser fieles a algo que es más grande, se trata de responder con fidelidad a algo que está por encima de todos ellos, pero que les afecta de manera directa en sus vidas.
Pues en eso consiste la redención: en cumplir la promesa de Dios, que es una promesa de vida, de dar una vida buena para su pueblo, para sus hijas, para ellas también, por supuesto. No solamente para los hombres, no solamente para algunos y para otros no. Aquí es donde se suele pensar que solamente algunos se merecen la bendición. La bendición de Dios solamente es para quienes aparecen como buenas personas, como personas con una fidelidad intachable.
Pero el relato de Rut nos muestra que la bendición es para todos, incluyendo a estas mujeres, que aparecen en el relato como mujeres muy atrevías. Aparecen como mujeres que no serían muy santas a los ojos de muchos. Incluso puede ser que los lectores, nosotros, no les veamos como santas mujeres. Ellas serían, como unas “santas del escándalo” [así lo dice el escritor italiano Erri de Luca].
Pero Booz no las mira desde el escándalo. Booz no se aprovecha de la situación para simplemente disfrutar y abusar de la situación, y de aquellas mujeres. Lo que hace Booz es reconocer en Rut una fidelidad que es más profunda:
–¡Que el Señor te bendiga! –dijo Booz–. Ahora más que nunca has mostrado que eres fiel a tu difunto esposo. Bien podrías haber buscado a otro más joven que yo, pobre o rico, pero no lo has hecho. No tengas miedo, hija mía, que todos en mi pueblo saben ya que eres una mujer ejemplar. Por eso, yo haré lo que me pidas. Sin embargo, aunque es verdad que soy pariente cercano tuyo, tú tienes otro pariente aún más cercano que yo. Quédate aquí esta noche. Si mañana él quiere cumplir con sus deberes de pariente, que lo haga; pero si no lo hace, te prometo delante del Señor que yo lo haré. Ahora duérmete hasta que amanezca. (vs. 10–13)
Booz es quien declara a Rut como una mujer virtuosa, en contra de cualquier opinión externa, porque reconoce en ella una fidelidad que va más allá de las apariencias. Booz se compromete a redimirla, es decir a casarse con ella para darle un hogar, a ella y a Noemí.
Incluso aquí el relato nos muestra algo que es muy llamativo, pues por la mañana Booz le entrega a Rut “seis medidas de cebada” (v. 15), y eso es lo que Rut le dirá a su suegra: “Para que no vuelvas a la casa de tu suegra con las manos vacías” (v. 17). Esa cebada son como unas arras, como una señal del compromiso de Booz, para mostrar que se esforzará todo lo que pueda, para cumplir con su promesa, para darles a ella una redención (porque ese es el sentido del término גֹאֵ֖ל goel, un libertador, un redentor).
Y así es que vemos el sentido que tiene la fidelidad: comprometerse para que la promesa se pueda convertir en una realidad. Y aquí se trata de la promesa de una casa, donde haya pan y donde se pueda concebir la vida. Y esto se hace en una lucha cotidiana, que requiere toda la determinación, toda la entrega, para que eso pueda cumplirse.
Y los adversarios son muchos, y muy potentes: luchamos contra fuerzas del caos, contra la nada, contra la hipocresía, contra las inercias que nos dejan en la pasividad. Porque lo más fácil para aquellas mujeres era rendirse y quedarse pasivas. Lo más fácil para Booz era actuar como un amo y señor y olvidarse cualquier promesa a aquellas mujeres desamparadas. Pero no es esa su respuesta. Ellas y él responden de otra manera.
Y esa respuesta es lo que llamamos la fidelidad, la fidelidad que nace de la confianza en quien nos ha dado su palabra, en quien nos da la promesa.
Es por eso que acogemos las palabras del evangelio, cuando Jesús nos dice:
“Pedid y Dios os dará, buscad y encontraréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abre. (Mateo 7: 7–8)
Porque se trata de la promesa que el Padre nos ha dado, se trata de la entrega de su palabra. Y entonces la respuesta fiel es aquella que no acepta con resignación la injusticia ni la exclusión, sino que lucha y espera en Dios. Las dos cosas: el trabajo y la iniciativa, por un lado, y la espera confiada en Dios, porque se trata de su promesa, y Dios es siempre fiel a sus promesas.
Que el Señor nos inspire con el testimonio de estas mujeres, con su atrevimiento y su confianza total en la promesa de Dios. Que su Espíritu nos ayude a responder como Booz, con esa integridad que nace del respeto y del honor que se ofrece a quien está en la condición de fragilidad y vulnerabilidad, porque es el amor de Dios que nos mueve a esa fidelidad. Que así sea. Amén.