Església Bona Nova

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02/01/2021

Hoy no te olvides de amar a Dios, amar a otros y amar al mundo.

Jesús, amistades peligrosas 2Zaqueo, baja en seguida, porque es preciso que hoy me hospede en tu casa. Zaqueo bajó a tod...
07/08/2017

Jesús, amistades peligrosas 2

Zaqueo, baja en seguida, porque es preciso que hoy me hospede en tu casa. Zaqueo bajó a toda prisa, y lleno de alegría recibió en su casa a Jesús. Al ver esto, todos se pusieron a murmurar diciendo: — Este se aloja en casa de un hombre de mala reputación. (Lucas 19:6-7)

Todos murmuraron de Jesús. En esta ocasión no fueron únicamente los escribas, fariseos y doctores de la ley. Todo el cortejo que vio lo que sucedió criticó al Maestro por la decisión que había tomado. Honestamente, creo que yo habría hecho lo mismo, creo que hoy sigo haciendo lo mismo al despreciar a la gente que Jesús no desprecia y que el Padre ama profundamente. En teoría lo creo pero en la práctica... ¿Cuáles son mis pensamientos y actitudes hacia los miembros del estado islámico, los terroristas que en Europa matan inocentes, los homosexuales que tantas discusiones levantan entre nosotros en Facebook y otras redes sociales? Para ser sinceros nos parece muy bien que Dios condene a todos ellos y que se pudran en el in****no. Nosotros, afortunadamente, gracias al Señor, no somos como ellos, hemos visto la luz, hemos pasado de muerte a vida. Sin embargo, cuando me miro a mí mismo y cuando miro a la iglesia contemporánea siento que estamos más cerca de los fariseos y de todos esos espectadores que menciona Lucas que del propio Jesús.

Jesús era un provocador ¿Por qué no pidió de forma discreta hospedarse en casa de Zaqueo? Nicodemo lo hizo y no fue rechazado por ello. ¿Qué necesidad había de escandalizar a las personas y poner en peligro el ministerio? No había ninguna necesidad salvo que Jesús consciente, deliberada e intencionalmente decidiera hacerlo. Llevarlo a cabo porque era necesaria esa identificación pública y abierta con los pecadores. Porque al hacerlo estaba transmitiéndoles el afecto, amor y aceptación incondicional del Padre hacia ellos. Porque al fin y al cabo para eso vino, para buscar y salvar a lo que estaba perdido. Me da la triste impresión que me parezco más al hermano mayor de la parábola del hijo pródigo que al padre. No sólo considero despreciable el comportamiento y a las personas que viven al margen del Señor, sino que tengo la osadía de juzgar al mismísimo Dios por su comportamiento inadecuado hacia ellos ¿Quién es el Él para tratar a esa caterva con amor, gracia y misericordia? ¡Hasta aquí podíamos llegar!

¿Cuál de los personajes de la historia representa mejor tu realidad, Jesús, Zaqueo, la multitud? ¿Qué piensas hacer?

Jesús, amistades peligrosasSígueme. Leví se levantó y, dejándolo todo, lo siguió.  Más tarde, Leví hizo en su casa una g...
29/07/2017

Jesús, amistades peligrosas

Sígueme. Leví se levantó y, dejándolo todo, lo siguió. Más tarde, Leví hizo en su casa una gran fiesta en honor de Jesús, y juntamente con ellos se sentaron a la mesa una multitud de recaudadores de impuestos y de otras personas. Los fariseos y sus maestros de la ley se pusieron a murmurar y preguntaron a los discípulos de Jesús: ¿Cómo es que vosotros os juntáis a comer y beber con recaudadores de impuestos y gente de mala reputación? Jesús les contestó: — No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a llamar a los buenos, sino a los pecadores, para que se conviertan. (Lucas 5: 28-32)

Hay un refrán castellano que dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres". Este dicho popular viene a afirmar que nuestras relaciones dicen mucho acerca de nosotros mismos y del tipo de personas que somos. De hecho, muy a menudo, otros nos definen, no por nosotros mismos, sino precisamente por el entorno de relaciones que tenemos. Pero nosotros no estamos a salvo de ese prejuicio y acostumbramos a hacer lo mismo con otros. Jesús padeció este mismo juicio y, precisamente, de parte de los religiosos y espirituales de su época, de aquellos que estaban siempre atentos para vigilar las sanas costumbres y la sana doctrina. El Maestro acostumbró a tener amistades peligrosas cuando no escandalosas. No tenía remilgos de ningún tipo en dejarse ver en público con los parias de su tiempo y sociedad. Se asoció con ellos y les transmitió amor y aceptación incondicional. Cierto que Él no justificó ni sancionó sus estilos de vida, sin embargo, supo -algo que nos cuesta horrores a nosotros- distinguir la persona de la conducta. No es de extrañar que los pecadores y los marginados de su época se sintieran magnéticamente atraídos hacia su persona. Jesús nunca tuvo palabras de juicio y condena contra ellos, vino a salvar, afirmó, no a condenar. Pero si tuvo palabras durísimas hacia la gente religiosa de su época que autosatisfechas en su legalismo y espiritualidad se consideraban excesivamente buenos para relacionarse con esa escoria moral.

¿En que lado estamos ubicados nosotros en el de Jesús o, por el contrario en el de los fariseos y otros legalistas del mismo tipo? Acostumbramos a ver en el Maestro aquello que deseamos ver, todo lo que confirma nuestros prejuicios y teorías preconcebidas, lo que ratifica nuestra visión religiosa de la vida. Ignoramos olímpicamente todo aquello de Jesús que no encaja con nuestra visión azucarada de la vida, lo que nos escandaliza, lo que nos parece que atenta contra las buenas costumbres de un buen cristiano evangélico. Lo negamos o, simplemente, lo pasamos por alto. Pero eso no lo hace desaparecer. Jesús nos confronta con nuestra realidad y nos invita a unirnos a Él para buscar y salvar lo que está perdido. Nos reta a tener hacia el pecador las mismas actitudes de amor y aceptación que tuvo. Nos llama a no tener miedo de las amistades peligrosas, a no intimidarnos porque nuestra reputación pueda ser puesta en tela de juicio por los contemporáneos de aquellos mismos que les cuestionaron a Él.

¿Podría decirse de ti que tienes el honroso título que Jesús portó de ser amigo de pecadores y gente de mala reputación?

Jesús, orarDe madrugada, antes de amanecer, Jesús se levantó y, saliendo de la ciudad, se dirigió a un lugar apartado a ...
24/07/2017

Jesús, orar

De madrugada, antes de amanecer, Jesús se levantó y, saliendo de la ciudad, se dirigió a un lugar apartado a orar. (Marcos 1:35)

Esta pauta de conducta es algo que vemos frecuentemente en Jesús. Buscando espacios de soledad para estar con el Padre. Sustrayéndose a las presiones, tensiones, demandas y urgencias de la vida cotidiana para poder tener tiempos de oración, reflexión y meditación. Pero no deja de ser una paradoja que Dios busque tiempo para estar con Dios. ¿Qué parte de la naturaleza de Jesús necesitaba esos momentos de comunión, la humana o la divina? Sin duda este hábito en la vida del Maestro es una muestra de su humanidad y como tal de la necesidad de depender del Padre para afrontar y manejar la vida cotidiana. No podemos olvidar que Pablo, escribiendo a los filipenses, ya nos indicó que Jesús se despojó de su divinidad y tomó la condición de ser humano. Acerquémonos pues al Jesús humano, observémoslo y, consecuentemente, aprendamos de Él pautas para poder aplicar y vivir en nuestra vida cotidiana.

Acerquémonos al fondo y no a la forma de la situación. Jesús busca pasar tiempo con el Padre. Ese es el principio que nos interesa resaltar. De madrugada, antes del amanecer, es la forma que el Maestro usó. A menudo nuestra tendencia es a centrarnos en el cómo y olvidar el qué. Enfocarnos en la forma, descalificarla y olvidar la importancia del fondo que pretende enfatizar. Jesús necesitaba estar con el Padre. Precisaba de esos momentos en que uno toma distancia de las realidades de la vida cotidiana y aprovecha para compartirlas con Dios. Era una prioridad en su vida asegurarse que estaba, por decirlo de alguna manera, orientado al norte, que no perdía la dirección, las prioridades, la misión, el llamado. Sus decisiones no son tomadas a la ligera sino en consulta con el Padre. Sus retos vitales, sus momentos de dilema son compartidos con Él. Jesús tiene que luchar por mantener esa intimidad con su Padre resistiéndose a las presiones del ministerio, a las necesidades siempre acuciantes de las personas de su entorno. A la tentación del activismo. El Maestro tiene que mantener una tensión entre la reflexión y la acción.

Jesús es un espejo donde mirarnos. Si Él precisó de todo lo anteriormente dicho ¿Cuánto más nosotros? Para nosotros debe ser una prioridad el pasar tiempo de forma periódica con el Padre. Ese tiempo no es un lujo ni una muestra de religiosidad o espiritualidad. Antes al contrario, se trata de un esencial en nuestra vida. Ese tiempo nos debe ayudar a alinear nuestra vida cotidiana con Dios, su voluntad, sus planes y sus propósitos. Ese tiempo nos debe dar luz y discernimiento para valorar cómo estamos viviendo y cómo deberíamos vivir. Esos preciosos momentos nos permiten consultar con el Señor los siguientes pasos y decisiones en nuestro proyecto vital. Pasar tiempo con Dios es reconectar con la fuente de la vida y renovar nuestras fuerzas física, emocionales y espirituales.

¿Qué relación podemos establecer entre nuestra debilidad o fortaleza espiritual y nuestra presencia o ausencia de tiempo de calidad con Dios?

Jesús, el placerTodo el mundo sirve al principio el vino de mejor calidad, y cuando los invitados han bebido en abundanc...
22/07/2017

Jesús, el placer

Todo el mundo sirve al principio el vino de mejor calidad, y cuando los invitados han bebido en abundancia, se saca el corriente. Tú, en cambio, has reservado el mejor vino para última hora.
Jesús hizo este primer milagro en Caná de Galilea. Manifestó así su gloria y sus discípulos creyeron en él. Después de esto, bajó a Cafarnaún acompañado por su madre, sus hermanos y sus discípulos. Y permanecieron allí unos cuantos días. (Juan 2:10-12)

Los cristianos siempre hemos tenido una relación complicada con el placer, especialmente con aquellos de tipo físico; porque también existen placeres emocionales, intelectuales e incluso espirituales. Al pensar en ello viene a mi mente la sarcástica frase: "todo lo que me gusta o es pecado o engorda". En el mejor de las casos el placer es sospecho. En el peor escenario siempre es pecado. Entiendo que todo ello viene de la tremenda influencia que el pensamiento griego ha ejercido sobre el cristianismo. Para ellos todo lo relacionado con el cuerpo era malo por definición. Éste era la prisión del alma y sólo la dimensión espiritual tenía auténtico valor ¡Qué barbaridad! Precisamente la encarnación de Dios en la persona de Jesús dignifica la dimensión física de nuestra humanidad, la honra y le da valor. Resultado de todo ello es que no tenemos, en mi humilde y modesta opinión, una buena reflexión teológica sobre el placer.
Esto último no deja de ser curioso y preocupante si tenemos en cuenta que la capacidad del ser humano para experimentar placer es algo pensado y concedido por Dios. Él es quien ha creado el orgasmo. Quien ha diseñado nuestro cuerpo de tal manera que pueda dar y recibir placer físico en dimensiones bellísimas y enormemente satisfactorias. Dios mismo ha diseñado nuestro organismo para que podamos disfrutar de la comida y la bebida. Ambas cosas podrían ser única y exclusivamente funciones mecánicas que sirvieran para el sostenimiento de la vida, sin embargo el Señor las ha vinculado ambas al placer. Podríamos seguir y hacer una lista muy, pero que muy extensa.
No deja de ser pues significativo que el primer milagro llevado a cabo por Jesús -según indica el evangelista Juan- tuviera como finalidad el producir placer al ser humano, concretamente a los participantes en las bodas de la localidad de Caná de Galilea. El vino se había acabado y la fiesta decaía. Jesús con su intervención lo único que hace es facilitar que las personas sigan disfrutando, que la fiesta continue. No hay ninguna motivación "espiritual" en lo que el Maestro hace. Nadie es sanado, liberado de posesión demoniaca o ministrado en sus necesidades espirituales o emocionales. Me pregunto si el estado etílico de los convidados les permitió el poder disfrutar de la extraordinaria calidad del buen vino servido. Jesús con su intervención celebra el amor, la fiesta, el placer y la alegría de las personas. Que interesante que Juan afirme que produciendo vino Jesús manifestara su gloria.
A lo largo de su vida vemos a Jesús como alguien que sabía disfrutar de los placeres de la vida. No debemos olvidar que tenía fama de ser comedor y bebedor y no una fama positiva en ese sentido, sino una fama crítica. Es común que las páginas de los evangelios muestren al Maestro participando en cenas con sus amigos. Le gustaba la buena ropa; recordemos que su túnica era tan valiosa que los soldados romanos decidieron no romperla y sortearla entre ellos. Veo que Jesús con su vida nos enseña que debemos reconciliarnos con el placer, algo que nos cuesta enormemente y nos lleva a oscilar entre la negación del mismo o entregarnos a él sin reservar incluso al precio de perder nuestra dignidad como personas. Jesús nos enseña la bondad intrínseca del placer. Éste no es malo por definición; todo depende de cómo lo usemos y relacionemos con él. Pablo afirma: "TODO es lícito, pero no TODO conviene". También dice: "TODO es lícito, pero no me dejaré controlar por NADA". Estos criterios nos llevan a poder tener una relación saludable con el placer, evitándonos caer en dos extremos igualmente disfuncionales: su negación o nuestra sumisión al mismo.

¿Cuál es tu relación con el placer? ¿Sana o disfuncional?

Jesús, restaurador  Se acercó entonces a Jesús un leproso y, poniéndose de rodillas, le suplicó: — Si quieres, puedes li...
20/07/2017

Jesús, restaurador

Se acercó entonces a Jesús un leproso y, poniéndose de rodillas, le suplicó: — Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús, conmovido, extendió la mano, lo tocó y le dijo:— Quiero. Queda limpio. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Acto seguido Jesús lo despidió con tono severo y le encargó: — Mira, no le cuentes esto a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda prescrita al efecto por Moisés. Así todos tendrán evidencia de tu curación. (Marcos 1:40-44)

Hemos visto a Jesús restaurar física y espiritualmente. En esta ocasión lo veremos restaurando emocionalmente a una persona. Nos dice el texto que el Maestro tocó al leproso y lo sanó. Tocarlo era totalmente innecesario para sanarlo. Tocándolo Jesús corría el riesgo de contagiarse de esa terrible enfermedad que suponía un estigma para cualquier persona que la padeciese. Además, al tocarlo se volvía impuro para poder participar en la vida religiosa de Israel. Una persona que entraba en contacto físico con alguien que estaba infectado de lepra era declaro no limpio, no apto para la comunión y la adoración a Dios. ¿Por qué Jesús comete semejante imprudencia? ¿Por qué rompe las enseñanzas de la ley haciendo algo que no era necesario de ningún modo?

La explicación hemos de buscarla en el carácter restaurador de la misión de Jesús. Pensemos por un momento en el tipo de vida que debía tener aquel individuo enfermo de lepra. Dado el carácter altamente contagioso de la enfermedad los leprosos tenían que vivir al margen de la población. No podían estar en los núcleos habitados por las personas sanas ni podían tener relación con ellas. Un leproso tenía que anunciar siempre su presencia para que las personas pudieran apartarse de él y evitar un potencial contagio. Era auténticos parias, marginados que vivían en soledad o en comunidades con otros leprosos. Imposibilitados para trabajar y con terribles lesiones corporales se sustentaban de la caridad y misericordia de las personas de buen corazón. Uno puede imaginarse cuánto tiempo debía de haber pasado desde que aquel enfermo fue tocado y tuvo un contacto humano por última vez. Jesús, al hacer el innecesario acto de tocarlo físicamente, le estaba transmitiendo dignidad y valor como persona. Estaba ministrando unas necesidades emocionales que estaban desatendidas desde hacía, probablemente, mucho, mucho tiempo. El énfasis de Jesús siempre fue, es y será, el restaurar integralmente a las personas. El Maestro no tiene interés en las almas, tiene interés en seres humanos con necesidades complejas y variadas que un encuentro con Él puede y debe restaurar.

¿Has experimentado, estás experimentando la restauración emocional que Jesús brinda? ¿Quién en tu entorno necesita que colabores con Jesús en ese esfuerzo restaurador?

Jesús, restauradorEstaba allí, en la sinagoga, un hombre poseído por un demonio impuro que gritaba a grandes voces: — ¡J...
18/07/2017

Jesús, restaurador

Estaba allí, en la sinagoga, un hombre poseído por un demonio impuro que gritaba a grandes voces: — ¡Jesús de Nazaret, déjanos en paz! ¿Has venido a destruirnos? ¡Te conozco bien: tú eres el Santo de Dios! Jesús lo increpó, diciéndole: — ¡Cállate y sal de él! Y el demonio, tirándolo al suelo delante de todos, salió de él sin hacerle ningún daño. (Lucas 4: 34-35)

Jesús restauró físicamente pero también lo hizo espiritualmente. El Maestro confrontó la ruptura en nuestra relación con Dios que el pecado había provocado. Todo aquel que comete pecado, afirmó el propio Jesús, es un esclavo del pecado. La posesión demoniaca -algo que creo firmemente que existe- es probablemente la manifestación más extrema de cómo el pecado nos ha fracturado espiritualmente, sin embargo no es la única. Satanás es denominado en la Escritura -por el propio Jesús- como mentiroso desde el principio y padre de todas las mentiras. Sigue influenciando las mentes de las personas -incluyendo las de muchos seguidores de Jesús- haciéndoles creer que es mucho mejor vivir al margen de Dios quien, entre otras cosas, quiere coartar nuestra libertad, privarnos del placer y de aquellas cosas en las que hemos puesto nuestro corazón pensando que nos satisfará y dará plenitud. El pecado genera culpa y ésta nos hace huir de Dios. El evangelio de Juan lo indica al afirmar que cuando Jesús vino al mundo nosotros amamos más las tinieblas que la luz debido al carácter de nuestras obras. Todo aquel que hace lo malo -sentencia Juan- huye de la luz. El pecado primero seduce y luego esclaviza.

Jesús vino para restaurar espiritualmente al ser humano. Vino para permitirle recuperar y restablecer su relación con el Padre. Vino la darnos la libertad del pecado que nos puede llegar a esclavizar en nuestra vida cotidiana y lanzarnos a una vorágine de la que puede resultar imposible salir. No es de extrañar que el Maestro sea descrito en la Escritura como el redentor, aquel que va al mercado de esclavos y compra a alto precio a uno de ellos para, a continuación, darle la libertad, redimirlo.

Todo aquel que hace pecado -indica Jesús- acaba esclavizado al mismo. ¿Hasta qué punto es eso una realidad en tu propia vida? ¿Qué o quién te tiene esclavizado? ¿Cómo Jesús puede restaurar esta dimensión de tu vida?

Jesús, restaurador 2Una de las consecuencias del pecado la experimentamos en la dimensión física. La enfermedad y la mue...
17/07/2017

Jesús, restaurador 2

Una de las consecuencias del pecado la experimentamos en la dimensión física. La enfermedad y la muerte son consecuencias del mismo. Necesito explicarme; no estoy afirmando que la persona que sufre un ataque cardiaco, padece un cáncer o un ictus lo padezcan como consecuencia de algún pecado específico. No trato de decir que esa persona sufre lo que sufre como castigo por algún pecado evidente o oculto ¡Para nada! Mi punto es que la enfermedad y la muerte no formaban parte del diseño natural de Dios. Todos hemos oído en alguna ocasión la afirmación que la muerte forma parte de la vida, que es algo normal y natural. Desde la visión cristiana del mundo y la vida no es así. Dios advirtió con claridad al ser humano que si desobedecían morirían. Y así fue. Pablo, escribiendo a los romanos nos dice que por un hombre, Adán, el pecado entró en el mundo y con él, la muerte. Muerte y enfermedad son consecuencias de la rebelión del ser humano contra Dios y su autoridad. Precisamente la resurrección de Jesús representa la victoria definitiva sobre la misma y todas sus consecuencias.

Cuando Dios se hace presente en la persona de Jesús contrarresta todos los efectos del pecado. El Maestro restauró la vida de personas eliminando la enfermedad de sus cuerpos y devolviéndoles la salud. El ministerio de Jesús fue total y absolutamente integral. Enfrentó los diferentes efectos del pecado sobre la vida humana según estos le salieron al paso. Los versículos de Lucas previamente leídos nos indican que sanó a multitudes, sin embargo, no nos dice que hubiera ninguna comunicación o predicación de la buena noticia. Nuestro filtro teológico nos lleva a pensar que primero hubo un culto de evangelización y, posteriormente, una ministración y sanación. Pero en numerosas ocasiones vemos que no fue así. Del mismo modo que en otras muchas hubo anuncio del mensaje y no tuvieron efecto curaciones. Las sanaciones del Maestro no fueron un reclamo publicitario para atraer más gente a la predicación ¡Al contrario! En numerosas situaciones advirtió a aquellos que recibieron la sanidad que guardaran un estricto silencio que pocas veces, todo sea dicho de paso, fue respetado.

Aunque no tengo el don de sanidades he conocido a seguidores de Jesús que si lo tenían. Pero el Señor no siempre actúa de forma sobrenatural. Él, en su providencia, ha dado dones a los hombres y gracias a los mismos la medicina ha avanzado de forma gigantesca en los últimos años, aportando nuevos fármacos y técnicas que han reducido considerablemente la extensión y el efecto de muchas enfermedades. Entiendo pues que el ministerio restaurador de Jesús continúa en acción por medio de sus seguidores que, gracias al don de sanidad siguen contrarrestando los efectos del pecado, y a todos aquellos que con los dones naturales que el Señor les ha provisto, sean creyentes o no, continúan permitiendo el avance de la medicina y la ciencia.

La providencia de Dios se ha definido como el cuidado que sigue mostrando por la humanidad y la creación a pesar del pecado. La ciencia, el arte y la técnica son un resultado de ello. ¿De qué modo entender la providencia del Señor te puede ayudar a valorar mucho más el trabajo de las personas?

Jesús, restauradorA la puesta del sol, llevaron ante Jesús toda clase de enfermos, y Él los curaba poniendo las manos so...
16/07/2017

Jesús, restaurador

A la puesta del sol, llevaron ante Jesús toda clase de enfermos, y Él los curaba poniendo las manos sobre cada uno. Muchos estaban poseídos por demonios, que salían de ellos gritando: -¡Tú eres el Hijo de Dios! (Lucas 4:40-41)

Pienso que sin un contexto más amplio es difícil entender el total significado de la venida de Dios a nuestro mundo en forma humana. Del mismo modo se hace complicado interpretar su trabajo misional, sus gestos, sus acciones. Nuestra teología es un filtro -ni bueno ni malo, simplemente un filtro- a través del cual observamos el ministerio de Jesús y le damos sentido a cada una de sus acciones. El tradicional, el mayormente usado hasta ahora, es por decirlo de alguna manera, marcadamente espiritualista. Resume el trabajo de Jesús a poder llevar al cielo a la mayor cantidad posible de personas, dejando intactas o pasando de puntillas por otras dimensiones de la realidad humana y no digamos social, económica o política. Este acercamiento no ve personas, ve más bien almas y esta concepción se plasma hasta en el lenguaje que usamos ¡Señor, salva almas!

Creo que necesitamos un filtro diferente que nos ayude a entender con mayor amplitud y profundidad la complejidad humana y, consecuentemente, el trabajo redentor de Jesús. Una visita a los capítulos 1 al 3 del libro de Génesis es obligada para poder obtenerlo. Esos pasajes representan nuestra cosmogonía, es decir, nuestra explicación del origen de las cosas, de la situación del universo y de la experiencia humana en general. Un rápido repaso nos muestra los efectos catastrófico que el pecado -la rebelión del ser humano contra Dios y su autoridad- tuvieron para la humanidad en particular y el universo en general. El ser humano experimentó cuatro grandes rupturas: Con Dios, interna consigo mismo, con su prójimo y con la creación. Todas las dimensiones de la experiencia humana se vieron afectadas. El pecado no sólo nos afectó espiritualmente, también lo hizo física, emocional, social y ecológicamente. El pecado nos ha infectado y, consecuentemente, se ha propagado por todas las expresiones de la humanidad, la cultura, la política, la religión, la economía, el arte, etc. El pecado hizo inviable el proyecto de humanidad y de universo que Dios tuvo en mente. El universo en que vivimos y el tipo de seres humanos que somos no es, ni por asomo, el que Dios pensó y diseño. Somos un proyecto fallido, un proyecto que no pudo ser.

Para eso, afirma Juan en su primera carta, vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del maligno, para ser viable la humanidad que el pecado hizo inviable. Para generar ese hombre nuevo del cual Él es el primero, el modelo, el prototipo, el hermano mayor. El Maestro no vino únicamente para llevarnos al cielo, vino para restaurar todo aquello que el pecado rompió. Entiendo que es a la luz de este contexto mayor y más amplio que hemos de ubicar todo lo que Jesús hizo y dejo de hacer.

¿Hasta que punto puedes identificar en tu vida esas cuatro rupturas que el pecado ha producido en la experiencia humana?

Jesús, NazaretAl oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, echando mano a Jesús, lo arrojaron fu...
15/07/2017

Jesús, Nazaret

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, echando mano a Jesús, lo arrojaron fuera del pueblo y lo llevaron a un barranco de la montaña sobre la que estaba asentado el pueblo, con intención de despeñarlo. (Lucas 4:28-29)

Todo parece indicar que esta fue la primera vez que Jesús volvía a Nazaret y era invitado a leer la ley y los profetas después de haber comenzado su ministerio público en la región de Galilea. Su fama, como nos indica Lucas, ya se había extendido por toda la zona y su prestigio a los ojos de la gente crecía. Aquello debió de generar sorpresa e interés entre sus paisanos. Jesús era conocido en Nazaret pues hasta muy recientemente había estado viviendo allá y trabajando en el negocio familiar y había tenido la costumbre de visitar la sinagoga cada día de reposo. Parecía lógico que, de vuelta a casa, recibiera aquella invitación ¿Qué fue pues lo que provocó una reacción tan airada entre personas que conocían tan bien a Jesús? El propio pasaje lo indica.

Si entiendo bien todo el pasaje me sorprende que cuando Jesús se aplicó a sí mismo el cumplimiento de un texto mesiánico no hubo reacción negativa, incluso Lucas indica que estaban maravillados por las palabras tan hermosas que pronunciaba. Sin embargo, cuando hizo dos menciones a los gentiles, de forma específica a la viuda de Sarepta y a Naamán el sirio, la gente saltó como un resorte y llevaron su ira hasta el punto de quererlo despeñar desde la montaña en la que estaba edificada la ciudad. Los gentiles no tenían lugar en la cosmovisión judía. Un dicho extendido era que éstos habían sido creados para ser el combustible de in****no. Un judíos estaba enormemente orgulloso de no ser gentil y del trato preferente que Dios tenía hacia ellos. ¿De qué esta hablando el hijo de José? ¿Cómo se atreve a verbalizar semejantes afirmaciones? Todo parece indicar que Jesús tuvo claro desde el principio que su misión debía ser totalmente inclusiva y que Dios no hacía acepción de personas. Más adelante, el apóstol Pedro tuvo que aprender de primera mano que Dios no discrimina en su amor y gracia.

Dios no, pero nosotros si. Hay muchas personas que desde nuestro limitado y cerrado punto de vista no tienen ni arte ni parte en el Reino de Dios. Nos sentimos orgullosos de no ser como ellos y los miramos con una superioridad moral que, a menudo, ralla en el desprecio. Nos resulta inconcebible que el Señor pudiera estar interesado en ellos y, al igual que los judíos del tiempo del Maestro, solo podemos concebirlos como destinatarios de la ira y el castigo de Dios. Pero Jesús nos enseña que malinterpretamos y distorsionamos a Dios cuando lo hacemos cómplice de nuestros prejuicios y falta de amor y gracia. Debemos, como dice el músico Santiago Benavides, mirarlos como los mira Jesús. Necesitamos aprender a mirar con ojos Jesús y no con ojos de fariseo.

¿Quiénes son las personas o grupos que desde tu perspectiva nazarena quedan excluidos del favor de Dios? ¿Qué opinión crees que tiene Jesús de esa actitud?

Jesús, tentaciónEl diablo, entonces, terminó de poner a prueba a Jesús y se alejó de Él en espera de una ocasión más pro...
14/07/2017

Jesús, tentación

El diablo, entonces, terminó de poner a prueba a Jesús y se alejó de Él en espera de una ocasión más propicia. (Lucas 4:13)

Jesús tiene plena conciencia de su identidad y ha recibido el respaldo y reconocimiento del Padre. Sin embargo, aún no ha comenzado lo que podríamos denominar la dimensión pública de su ministerio. Todavía no se ha dado a conocer a la gente ni ha escogido sus discípulos. Antes debe pasar por un tiempo de prueba de cuarenta días. Lucas nos da dos detalles que son muy importantes: El primero es que Jesús aparece lleno del Espíritu Santo. La expresión lleno tiene el sentido de capacitado, empoderado, dirigido. El segundo es que el propio Espíritu lo dirigió al desierto y allí fue tentado por el diablo. A pesar de que los evangelistas narran este evento en tan sólo unos pocos y breves versículos, el propio texto nos indica que fueron cuarenta largos días en los cuales Jesús debió de estar meditando y pensando sobre la misión encomendada por el Padre y cómo llevarla a cabo.

Los escritores de los evangelios narran tres tentaciones, lo cual no necesariamente significa que fueran las únicas, aunque si las más significativas y, por esa razón, han debido ser recogidas en el texto bíblico. Afirmo que no debieron ser las únicas porque de las últimas palabras del pasaje de Lucas se desprende que Satanás volvió a tentar al Maestro en otras ocasiones. Pero todo parece indicar que las tres que aparecen narradas tienen que ver con la misión de Jesús y los medios para llevarla a cabo. No soy un experto en teología, sin embargo, una rápida ojeada a las mismas me da la impresión que están relacionadas con optar por el camino fácil -pan, poder, señales- en vez del camino del sufrimiento tal y como se anunciaba proféticamente al hablar del siervo del Señor en Isaías.

Al meditar sobre el pasaje veo un claro paralelismo -que posteriormente recogerá Pablo en la carta a los romanos- entre Jesús y Adán. Ambos se encontraron ante el dilema de hacer caso a Dios o desobedecerlo. Adán optó por la rebelión mientras que Jesús optó por la obediencia a Dios. En una repetición histórica de la situación de Génesis, Jesús, el hombre nuevo, opta por el proyecto de humanidad que Dios tuvo en mente desde el principio y Adán hizo inviable con su pecado. ¿Pudo Jesús haber pecado? Esta ha sido una discusión que ha estado en marcha durante siglos. Muchas almas sensibles se escandalizan si afirmamos que ¡Naturalmente que Jesús pudo pecar! La cuestión básica es que no lo hizo. Si el Mesías no podía pecar ¿Qué sentido tienen las tentaciones? ¿Son simplemente puestas en escena? ¿Son montajes para acentuar el aspecto dramático? ¿Qué mérito tiene la obediencia cuando lo único que puedes haces es obedecer? La obediencia sólo tiene valor moral cuando la desobediencia es posible pero no se opta por ella.

Pero, como ya he afirmado en otras ocasiones, para mí tiene un increíble valor la tentación de Jesús. Si Él fue tentado puede entender los procesos mentales y espirituales por los que tengo que pasar cuando yo mismo lo soy. Puede empatizar y yo, triste mortal, puedo ¡Al fin! sentirme comprendido -que no justificado- en la triste y dura realidad de ser un ser humano tarada por el pecado y propenso al mismo. He experimentado en muchas ocasiones la tristeza de no poder hablar con otros acerca de mi situación real. También la de compartir cosas que los otros no han podido llegar a comprender ni entenderme. Eso, sin embargo, nunca me ha pasado ni me pasará con Jesús, Él también fue tentado.

¿En tu seguimiento de Jesús qué significaría optar por el camino fácil en vez del camino del dolor y el sufrimiento? ¿Qué beneficios puede aportar en tu relación con Jesús el saber que Él entiende al que es tentado?

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