03/02/2026
BEATIFICACIÓN| Gracias a este milagro pronto tendremos un nuevo beato.
En la noche del 14 de enero de 2007, en el Memorial Hospital de Rhode Island, en Providence, Estados Unidos, nació el niño Jyquan Hall. Sin embargo, las circunstancias de su nacimiento fueron dramáticas: no tenía pulso, no respiraba, presentaba una frecuencia cardíaca extremadamente baja, estaba pálido y cianótico. La situación se presentaba grave desde el primer momento.
Los médicos iniciaron inmediatamente todos los protocolos de recuperación neonatal disponibles, pero una hora después no se apreciaban signos de mejoría. La enfermera no lograba encontrar el pulso ni el latido del corazón del pequeño. El pronóstico era devastador y el equipo médico había agotado todas las opciones.
El médico que atendía al recién nacido, el Dr. Juan Sánchez-Esteban, natural de Huércal-Overa, se encontraba en un momento de profunda desesperación. En ese instante crítico, se acordó del Cura Valera y pidió su intercesión con una oración sencilla pero llena de fe: “He hecho todo lo que ha sido posible, ahora te toca a ti”. Con el corazón encogido, comenzó a caminar por el pasillo del hospital para comunicar a los padres la muerte de su hijo.
Pero antes de llegar, la enfermera lo detuvo con una noticia inesperada: el niño se estaba recuperando. Unos minutos después de aquella oración desesperada, Jyquan comenzó a respirar y su corazón empezó a latir de forma completamente normal. Lo que parecía imposible desde el punto de vista médico estaba ocurriendo ante sus ojos.
Dado el tiempo que el bebé había estado sin oxígeno y las graves complicaciones del parto, los médicos esperaban que quedará afectado por daños severos en su desarrollo: parálisis cerebral, discapacidad mental y física, problemas graves en el lenguaje y la motricidad. Sin embargo, contra todo pronóstico médico, no quedó en él secuela alguna. Hoy Jyquan es un joven completamente sano, testimonio viviente de la intercesión del Cura Valera.