07/09/2026
SENTIRSE PERDONADO
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.» (Mt 18, 21-35)
Mundo sin perdón. Imperdonable, este calificativo, tantas veces dicho y muchas más pensado interiormente. Es el pan de cada día de un mundo sin perdón en el que cada cual tiene sus razones para ser inmisericorde. Ámbitos familiares, vecinales y parroquiales, todos afectados por esta señal de los tiempos que es no querer perdonar. Y además, desgraciadamente, los que más andamos en contacto con estas palabras y realidades de la penitencia y la reconciliación, a nosotros, a los que más se nos pedirá cuentas por estar en contacto con el misterio de Jesús el Cristo que no dudó en perdonar, aun causando escándalo entre los suyos.
¿Cuántas veces? Primera, segunda, y tercera caída… pero hasta setenta veces siete, número simbólico de lo incontable. Esta es la revelación junto al perdón a los enemigos que el cristianismo nos ofrece como horizonte y alternativa al mundo real. El que no condona, el que lleva cuentas incluso después de la muerte. De lo cuantitativo de la pregunta humana, Jesús nos propone su palabra. Una palabra sanadora de unas mentes y corazones demasiados oscuros para dejar entrar la luz de Dios. Si nos llegara su luz, seríamos capaces de despertar del sueño de los que no sueñan sino calculan: ¿cuántas veces?
Sentirse perdonado. Dar y recibir, amar y ser amado, perdonar y ser perdonado… Realidades fundamentales para lo que llamamos encontrar el sentido a la vida. Realidades que muchas veces se desperdician porque solo se quedan en el segundo término de la conjunción… son tantos los que viven solamente esperando recibir, ser amados, ser perdonados… Pero Jesús une los dos esfuerzos humanos, el que nos activa y hace caminar hacia los otros y el que nos dispone a recibir todo desde la gratuidad. Dejarse perdonar, confiar en el que ata y desata en nombre de Dios en el ministerio de la reconciliación, esto nos permite salir de los lazos de muerte que extiende el pecado.
Plegaria.
Tus pecados han sido perdonados, nos dices, Señor.
Tú que pones un espejo frente a nosotros cuando nos sentimos jueces.
Tú que igualas el perdón de Dios y entre los hermanos.
Haz que perdonemos de corazón. Amén.