Parroquia de San Isidro de Almansa - Diócesis de Albacete.

Parroquia de San Isidro de Almansa - Diócesis de Albacete. Sea este otro canal de comunicación de esta comunidad cristiana.

SENTIRSE PERDONADOEn aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces...
07/09/2026

SENTIRSE PERDONADO
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.» (Mt 18, 21-35)

Mundo sin perdón. Imperdonable, este calificativo, tantas veces dicho y muchas más pensado interiormente. Es el pan de cada día de un mundo sin perdón en el que cada cual tiene sus razones para ser inmisericorde. Ámbitos familiares, vecinales y parroquiales, todos afectados por esta señal de los tiempos que es no querer perdonar. Y además, desgraciadamente, los que más andamos en contacto con estas palabras y realidades de la penitencia y la reconciliación, a nosotros, a los que más se nos pedirá cuentas por estar en contacto con el misterio de Jesús el Cristo que no dudó en perdonar, aun causando escándalo entre los suyos.

¿Cuántas veces? Primera, segunda, y tercera caída… pero hasta setenta veces siete, número simbólico de lo incontable. Esta es la revelación junto al perdón a los enemigos que el cristianismo nos ofrece como horizonte y alternativa al mundo real. El que no condona, el que lleva cuentas incluso después de la muerte. De lo cuantitativo de la pregunta humana, Jesús nos propone su palabra. Una palabra sanadora de unas mentes y corazones demasiados oscuros para dejar entrar la luz de Dios. Si nos llegara su luz, seríamos capaces de despertar del sueño de los que no sueñan sino calculan: ¿cuántas veces?

Sentirse perdonado. Dar y recibir, amar y ser amado, perdonar y ser perdonado… Realidades fundamentales para lo que llamamos encontrar el sentido a la vida. Realidades que muchas veces se desperdician porque solo se quedan en el segundo término de la conjunción… son tantos los que viven solamente esperando recibir, ser amados, ser perdonados… Pero Jesús une los dos esfuerzos humanos, el que nos activa y hace caminar hacia los otros y el que nos dispone a recibir todo desde la gratuidad. Dejarse perdonar, confiar en el que ata y desata en nombre de Dios en el ministerio de la reconciliación, esto nos permite salir de los lazos de muerte que extiende el pecado.

Plegaria.
Tus pecados han sido perdonados, nos dices, Señor.
Tú que pones un espejo frente a nosotros cuando nos sentimos jueces.
Tú que igualas el perdón de Dios y entre los hermanos.
Haz que perdonemos de corazón. Amén.

Día de acción de gracias en la parroquia.Algunos de los jóvenes de la Universidad Católica de Valencia que este verano h...
06/09/2026

Día de acción de gracias en la parroquia.
Algunos de los jóvenes de la Universidad Católica de Valencia que este verano han hecho una experiencia misionera en Perú, incluida María Jimenez, monitora de pastoral juvenil de la parroquia, han celebrado con nosotros la misa de la comunidad y animado con sus canciones la liturgia.

Después de la misa en el salón nos han expuesto el trabajo de estos días de cooperación internacional y nos han dado las gracias por nuestra colaboración económica.

Después hemos compartido un pequeño almuerzo que ha servido para dialogar entre nosotros, las distintas generaciones de san Isidro.

Damos gracias por este día que nos pone en marcha para un nuevo curso pastoral.
Donde dos o tres se reúnen en mi nombre yo estoy en medio de ellos, dice el Señor Jesús.

04/09/2026
COMUNIDAD ASAMBLEARIAEn aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos...
31/08/2026

COMUNIDAD ASAMBLEARIA

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.». (Mt 18, 15-20)

¿Dónde está tu hermano? Una de las características de nuestra sociedad occidental es el individualismo. Que de por sí tiene algunos valores, como es la dignidad personal y su libertad propia, pero que nos puede aventurar hacia el aislamiento de los miembros, el falso respeto que deriva en indiferencia hacia lo que pasa a nuestro alrededor. Por cerca que tengamos los problemas casi siempre nos escudamos en la libertad individual del prójimo para no intervenir ni implicarnos en las posibilidades de crecimiento que supone salir de la egoísta indiferencia.

Del individuo a la comunidad. El cristianismo tiene desde sus orígenes una propuesta comunitaria que complica la vida de los que avanzamos en la inteligencia de Cristo. Corrección fraterna, con sus pasos bien articulados: a la persona, entre varios acompañantes y la asamblea congregada. Tres momentos para ganar lo que estaba perdido, que es la persona que se aísla del resto y cae en tentación. Esto lo podemos llamar nadar contra corriente en los tiempos que vivimos. No solo pasamos de largo y miramos hacia otro lado ante los problemas que afectan a los otros,… sino que además nos cargamos de razón en nuestra omisión al pensar que es correcto no intervenir. Al contrario, somos miembros de un cuerpo, lo que le pase a uno nos afecta a todos. Hemos de rescatarnos unos a otros, y para ello ojalá nos dejemos corregir e interpelar por los hermanos, que en verdad nos aman y por eso quieren el buen camino para nosotros.

Comunidad asamblearia. La comunidad deja de ser una carga para pasar a ser tabla de salvación. Así lo sintieron los pequeños grupúsculos que hicieron germinar la Iglesia (de dos o tres individuos…). Así hemos de trabajar y creer en la Iglesia del futuro. Nuestra situación es bien parecida. Los pocos miembros que formamos los espacios eclesiales deberíamos sentir la certeza y fortaleza de nuestro fundamento: presencia misteriosa y real de Cristo en nuestra reunión y acción pastoral. Y además comunidad minúscula orante que si realmente cree lo que dice creer moverá las altas montañas que pudiéramos imaginar al mirar los atlas escolares de nuestra infancia.

Plegaria.
Hacemos memoria tuya, Señor,
dos o tres reunidos en tu nombre.
Te sentimos en medio de nosotros.
Gracias por tu presencia
en nuestra humilde comunidad.

DETRÁS DE JESUCRISTOEn aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer all...
24/08/2026

DETRÁS DE JESUCRISTO

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas c***o los hombres, no como Dios.» Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.». (Mt 16, 21-27)

Ojos del Cristo de la Pasión. Los ojos de Pedro y los ojos de Cristo. Tan cerca y tan lejos lo humano y lo divino. Siempre deberíamos estar educando la mirada, como deberíamos cuidar nuestra cortesía y la ternura de las formas para dirigirnos al prójimo. A Pedro como a nosotros nos puede el cálculo y lo eficaz. Especialmente si afecta directamente a personas que queremos defender o favorecer. Y sin embargo mira hacia la realidad de manera distinta a la nuestra, sus caminos no son nuestros caminos. El anuncio de la pasión siempre real y presente en medio de la historia de la salvación es revelador de las dos miradas, la humana y la divina. Y a nosotros nos toca discernir y corregir nuestras miopías propias de la edad y del cansancio del camino.

El olvido de sí. Negándonos nos afirmamos. Olvidándonos de nosotros mismos es como recordamos realmente quienes estamos llamados a ser. Esta máxima evangélica que los grandes santos como Francisco de Asís encarnaron en sí mismos, nos puede hacer encontrar la clave existencial que tantas veces buscamos para iluminar la vida. El amor y la solidaridad con el hermano necesitado nos lleva a través del duro camino de negarnos a nosotros mismos. Empequeñecernos para crecer, aceptar la cruz por más que ésta duela.

Detrás de Jesucristo. Se puso delante de Cristo, Pedro. Nos ponemos delante de Dios también hoy al no escuchar de corazón sus palabras. Al poner una y mil excusas antes de obedecer el espíritu de las bienaventuranzas. Volvemos a dejar vacío el monte Calvario, huidos en la noche del testimonio del Hijo del Hombre, incomprendido por sus discípulos. Nuestro lugar no es delante, es detrás de Cristo. Somos seguidores, no precursores. Digámonoslo una y otra vez para no caer en tentación y dejemos a Dios ser Dios.

Plegaria.

Anunciaste el camino de la pasión,
Jesús, Hijo del Hombre.
¿De qué nos sirve ganar el mundo entero?
Gracias, Maestro, por que nos llamas
a seguirte y salvar nuestras vidas.

PUERTAS ABIERTASEn aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién di...
17/08/2026

PUERTAS ABIERTAS

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del in****no no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. (Mt 16, 13-20)

Pedro y la Iglesia. El apóstol Pedro es figura de la Iglesia universal. En él contemplamos a la criatura humana que se abre a la llamada divina. Una llamada a la que, Pedro responde con fe, nacida de su interior, desde lo hondo del corazón humano. Esta luz le hace dichoso en los mismos labios del Señor. La alegría de creer, de llevar la buena nueva a los que aún no han descubierto esa gran luz que es Jesús de Nazaret. Al recibir las llaves, Pedro, recibe la autoridad de una realidad que lo trasciende, pero a la vez depende de él. La Iglesia germinó en aquella comunidad de Jerusalén y enseguida se extendió por mil rincones del orbe conocido. Los que entraban en ella, salían poco después para misionar en otros lugares. Como el viento libre que corre donde quiere, con esa libertad que viene del Espíritu nació y pervivirá la Iglesia del futuro.

Claves de identidad. La Iglesia aun estando formada por seres humanos, con virtudes y pecados, con errores y aciertos, es una realidad sagrada. Querida y promovida por Dios que planeó una historia de salvación para este mundo. Jesús les hizo preguntarse a la primera Iglesia por sus propias identidades y desde ellas acceder a la divinidad. Es en el interior de cada discípulo donde se abre el camino hacia la revelación divina. En ese camino espiritual adquirimos un nombre pronunciado por el Creador y escuchado con gozo por su criatura. ¿Quiénes somos? ¿quién es Dios para nosotros?

Apertura del Pueblo de Dios. Edificar es una acción que tiene mucho que ver con la fecundidad. Ser iglesia de la llamada es ser iglesia de la levadura en la masa de la realidad. Las llaves de la Iglesia en construcción abrirán puertas que parecían muros. Abrir puertas y ventanas no solo para respirar nuevos aires, sino también para poder acometer la misión que desde inicio es la razón de ser: servir y amar a la humanidad.

Plegaria.

Como el mejor de los maestros, Jesús,
supiste formular las preguntas realmente importantes.
Danos, Señor, el entusiasmo de Pedro
para anunciar tu Evangelio.

LA GRANDEZA DE LA FEEn aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, sa...
08/08/2026

LA GRANDEZA DE LA FE

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija. (Mt 15,21-28)

Invocación. Para ponerse en presencia del Señor hay primero que invocarlo y antes que eso necesitarlo. Muchos son los encuentros personales que nos relatan los evangelios, personas de las que desconocemos no solo sus nombres sino también su antes y después. De estos personajes secundarios solo conocemos su presente ante Cristo. También su ardiente necesidad, unas veces para ellas mismas y otras para con otros, como es el caso de la hija de esta extranjera. Su grito e invocación es tan fuerte que sigue llegando hasta nuestros oídos sordos: “Señor, Hijo de David”. Lo que sus discípulos más cercanos apenas balbuceaban, los alejados gritan con ahínco.

Petición. Demanda, súplica, intercesión,… como quiera que la llamemos pero con humildad. Reconociendo nuestra pequeña posición y condición ante Dios. Desgraciadamente el consumismo atmosférico que respiramos nos impide ver con esos ojos. Creemos poder comprar todo y de todos. Nos auto engañamos y distraemos en los espejismos del tener y del codiciar. El grito “ten compasión de mí” es el acto de humildad por excelencia. Lo que más tarde fue postrarse y arrodillarse, antes es el rezo de la súplica de la compasión y la misericordia. Siempre inmerecidas, siempre en gracia. Agradeciendo las migajas de pan en el suelo esta mujer abrió el entendimiento del galileo. Así percibió el Señor que su Evangelio desconocía de límites aprendidos y repetidos en la tradición recibida y legislada por sus antepasados.

Fe. Grande y fuerte es la fe de los discípulos anónimos que se acercan a lo largo del camino. Fe que rompe mil barreras. La barrera que nos separa a mujeres y hombres, la barrera que divide a anfitriones e invitados, la barrera de las identidades culturales y religiosas,… Esta explosión de barreras no se ejerce con violencia (de nada serviría la obligatoriedad). Esta alegría de la conversión se realiza de dentro a fuera. Descubriendo la propia humanidad que nos hace ser nosotros mismos y nos permite mirar los pequeños actos de fe como lo que verdaderamente son: milagros.

Plegaria.
Rompiste barreras, Señor,
las de los otros y las tuyas.
Dejaste que se arrodillara,
la mujer extranjera,
para después ponerla de ejemplo.
Señor, Hijo de David,
ten compasión de nosotros.

EXTIENDE SU MANODespués que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le a...
03/08/2026

EXTIENDE SU MANO
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.» (Mt 14, 22-33)

Dudas y miedos en la noche. Esa madrugada avanzada, en la cuarta vela, cuando si hay miedo ya no puede ocultarse, en ese momento la voz del Cristo andando sobre las aguas se convirtió en luz que venció las tinieblas del mundo. Las horas no son simples minutos cronometrados, las horas de la existencia son etapas del ser humano. La hora de la noche ha llegado o llegará a cada creyente, es una verdad ineludible aunque nos atrevamos a negarla o vivir como si no existiera. Noche de la persona enferma que se siente débil, noche del que no encuentra trabajo ni estima, noche de miles y miles de emigrantes que no encuentran porvenir después de haberlo dejado todo.

Jesús camina hacia los hundidos. En esas noches de oscuridad, sin estrella polar, sin constelaciones, sin brújula,.. Noche en la que parece que el capitán de la embarcación ha abandonado el barco,… allí la duda es más real que la esperanza. Y la duda se hace pregunta y la pregunta se hace grito a Dios. Es la hora de Jesús andando sobre las aguas. Camino hacia los que tiemblan y titubean. Camino de rescate hacia los hundidos. Este es misterio de nuestra fe cristiana: Dios se acerca en la hora del sufrimiento, la cruz nos salva, su compasión no tiene límites. No son palabras huecas, son encuentro con el Cristo navegante que nos dice ven, que nos pide fe en nosotros mismos. Una fe que mueve las montañas, hace andar sobre los mares y vuela hacia el sol. Fe que nos fortalece en el momento más necesario: el hundimiento. Cuando todo hace aguas, cuando nada parece tener sentido, el amor de Cristo vencerá.

Poner la vida en manos de Dios. Y no solo en el peligro de la noche. La fe de poner en el centro a Jesús y su Evangelio, de orar sin desfallecer, siempre,… Esa fe logra vencer la amarga duda en nosotros mismos, en los demás y con Dios. Y así aparece claramente como luz en la noche, la fe como la confianza de poner la vida en manos de Dios. Sea lo que sea, te doy las gracias, rezaba san Carlos de Foucault: Padre, me pongo en tus manos. Jesús extendió la mano y agarró al débil Pedro, que somos nosotros. No nos soltaremos de esa mano.

Plegaria.
Señor, tú que llamaste a gente sencilla
para una misión de alta mar.
Tú que les pediste fe en lugar de ley.
Tú que siempre nos acompañas,
no nos dejes que nos soltemos de tu mano.

COMPARTIRLO TODOEn aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un ...
27/07/2026

COMPARTIRLO TODO
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mt 14, 13-21)

La compasión ante los rostros sufrientes. El conflicto de Jesús ante las autoridades de su tiempo tiene momentos que le precipitan a la retirada o huida como lo muestra este pasaje. La muerte martirial de quien fue su maestro, Juan el bautista, le hace retornar a casa. Aquella tristeza y duelo no le cerraron los ojos ante el sufrimiento de su pueblo, hambriento y necesitado de compasión. El “danos hoy el pan de cada día” fue una experiencia real. El gentío no tenía para comer mientras en el palacio de Herodes había banquetes y danzas.

Mandamiento de Jesús. Pocos son los evangelios en los que Jesús manda a sus seguidores con una orden directa. “Dadles vosotros de comer” lo tenemos que grabar en nuestra conciencia moral como imperativo real y concreto de solidaridad. A los primeros discípulos y también a nosotros hoy nos salen argumentos para desentendernos de los problemas sociales. Despedimos a la gente y nos cuesta iniciar verdaderos procesos de acompañamiento e inclusión social. Si no queremos apartarnos del Señor y despedirnos a nosotros mismos de su misión hemos de auxiliar de manera concreta y organizada a las personas y familias en riesgo de exclusión. Un mandamiento nuevo nos dio el Señor.

Los doce cestos. Doce como los hijos de Jacob, doce como las tribus de Israel, doce como los apóstoles. La Iglesia, nuevo pueblo de Israel, celebra la eucaristía sin olvidar a los pobres. La fracción del pan sin la solidaridad con los empobrecidos pierde su razón de ser. La controversia años más tarde de San Pablo con la comunidad cristiana de Corinto fue esa. Unos se hartaban de comida y bebida y otros padecían necesidad. El apóstol de los gentiles enérgicamente les advierte que lo que nació para salvar puede también evidenciar la condenación. En nuestras manos está la libertad de compartir.

Plegaria.
Señor Jesús,
inspíranos acciones efectivas
para la gente necesitada de pan y de perdón.
Queremos bendecir, partir y compartir.

Dirección

Calle Santa Lucía 106
Almansa
02640

Horario de Apertura

Lunes 17:30 - 19:30
Miércoles 17:30 - 19:30
Jueves 17:30 - 19:30
Viernes 17:30 - 19:30
Sábado 17:30 - 19:30
Domingo 10:00 - 13:00

Teléfono

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