14/01/2026
San Juan de Ribera no es solo una gran figura de la Iglesia universal. Es también una presencia decisiva en la historia y el alma de Alfara del Patriarca.
Nacido en Sevilla en 1533, destacó muy pronto por su hondura intelectual y espiritual. Antes de cumplir los treinta años, el papa Pío IV lo nombró obispo de Badajoz. Su autoridad y claridad quedaron patentes en el sínodo de Compostela, donde expuso con fuerza y equilibrio el verdadero oficio de los obispos. San Pío V lo distinguió con el título de Patriarca de Antioquía y, poco después, lo envió a Valencia como arzobispo.
Durante casi cincuenta años sirvió incansablemente a su diócesis: predicó, escribió, administró los sacramentos, celebró sínodos y recorrió pueblos y ciudades en visita pastoral. Fue tan grande su talla espiritual que el mismo san Pío V lo llamó ‘Lumen totius Hispaniae’, luz de toda España, y Felipe III lo tuvo como virrey en Valencia.
Su corazón estaba centrado en la Eucaristía. Cada día pasaba largas horas en oración ante el Santísimo Sacramento. De esa devoción nació una de sus grandes obras: la fundación, con la herencia paterna, del Colegio y la Iglesia del Corpus Christi, origen del actual Real Colegio Seminario del Corpus Christi.
Aquí entra Alfara del Patriarca y nuestra parroquia. Este pueblo quedó unido para siempre a su figura por el seminario, por su magisterio y por su ejemplo de pastor santo. Alfara no es solo un lugar vinculado a su memoria, sino un espacio donde su espíritu sigue llamando a amar a la Iglesia, a ser fieles a Jesucristo y a entregar la vida como Él lo hace en el altar.
San Juan de Ribera murió en Valencia el 6 de enero de 1611. Fue canonizado por san Juan XXIII en 1960. Hoy sigue siendo, también para Alfara, una luz que no se apaga.