20/04/2020
ORACIÓN ANTE EL SAGRARIO lunes 20-4-2020
Rendido a tus pies. Te lo digo para que me ayudes: quiero caer rendido a tus pies. Como los niños pequeños que pelean y, en un momento dado uno le hace una llave al otro y le retuerce el brazo y, claro, eso duele y mucho; solo cabe gritar fuerte: vale, vale, para, para, me rindo. Quizá es un poco humillante para el que sale derrotado, pero no cabía otra posibilidad, el brazo corría peligro. Contigo, Señor, salvando las distancias, es algo parecido. Cuántas veces me empeño en echarte un pulso, en luchar contra Ti, porque no quiero doblegarme ante lo que me planteas, porque soy muy mío y me fastidia que esto o que lo otro sea como es. Me da la impresión de tener que pasar por el aro y eso me saca de mis casillas. Así que me rebelo contra Ti. Me sale de dentro un “no me da la gana” que roza casi el grito desgarrado. Me enfurruño porque quiero salirme con la mía. Y te suelto a la cara mis razones que son razones de niño chico. Es curioso cómo la tozudez nos hace empeñarnos en cosas que son bobadas. Trato, sí de razonarlas, pero no tengo razón. Reconocerlo es algo que me duele, pero aunque me ponga de morras..., tengo que darte la razón a Ti. Porque la tienes. Me fastidia, quizá al principio no termino de verlo claro, pero el tiempo acaba por ponerme en mi sitio y a Ti, en el tuyo. A veces pienso que juegas con ventaja, porque ante mis rabietas de chavalín, noto que me miras con un cariño desarmante, con una mirada arrebatadora, porque veo en ella una ternura que me hace bajar los ojos. Y decir, por lo bajo, o por lo menos interiormente: vale. Me estás tendiendo la mano, para que me acerque a Ti y puedas darme un abrazo. Y, a pesar mío, no me queda otra que decir eso: vale, Tú ganas. Rendidos a tus pies. Desde un primer momento quiero jugar en tu equipo. No quiero “terquearte”. No quiero poner mis condiciones para que Tú, las firmes, dándoles tu visto bueno. No. Voy a darte todas las facilidades, carta blanca. Te voy a firmar un cheque en blanco. Tú ganas.