17/05/2016
Todo ayuda a bien—6 Las peores cosas ayudan a bien
A. Las aflicciones ayudan a bien
2- ¿Cómo nos ayudan las aflicciones?
i—La aflicción nos enseña lo terrible del pecado
La biblia nos habla de lo malo que es el pecado, pero igual que con la mayoría de las cosas, no podemos saber bien cómo son realmente por el estudio teórico, hasta que lo experimentamos. Tristemente también experimentamos las consecuencias del pecado, en ocasiones, en forma de aflicciones. Debemos tener en cuenta que aunque realmente no todas nuestras aflicciones son debidas a nuestros pecados individuales, si es cierto que el pecado en general, trajo los males y las aflicciones en general. Y es bueno que sepamos lo grave y terrible que es el pecado, tanto, que no solo hizo que Jesús sufriera una de las muertes más agónicas 1Co.15:3 “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;”, sino que también sufrió la separación del Padre Mar.5:34 “Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, un sufrimiento que no podemos ni imaginar, y que quienes creen en el Señor Jesucristo nunca tendrán que experimentar, pues Jesús pagó ese precio en lugar de nosotros.
ii- Hace más íntegro el corazón
Nuestro corazón está dividido Gá.5:16-17 y 25 “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis… Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”
El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil (Mt.26:41). Debemos, entonces fortalecer nuestro espíritu. ¿Cómo se endurecen los metales? Con el fuego. El hierro en la fragua, el aluminio en el horno de endurecimiento, etc. Así nuestro corazón, al pasar por el fuego de la aflicción debe aprender a alejarse más del pecado y acercarse más a Dios, a dejar los deseos de la carne y andar por el Espíritu. Por lo tanto, con una actitud adecuada, las aflicciones nos ayudan a ser más íntegros porque nos alejan del mundo y nos acercan a Dios. Dios nos habla claramente del peligro de amar al mundo 1Jn.2:15-17 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”, y de la necesidad de no conformarnos al mundo Ro.12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Pero tristemente, la mayoría de los cristianos no hacemos mucho caso hasta que llega a nuestras vidas el sufrimiento y clamamos a Dios. A veces incluso prometemos ser más fieles si el Señor nos libra de esas aflicciones. El Sal.107 es un buen ejemplo de esto, y allí se repite 4 veces esta frase: “…Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones…”
iii- Destruye el pecado en nuestras vidas
El pecado destruye nuestro testimonio y mancha nuestra fe. Las aflicciones en nuestra vida, cuando las enfrentamos con la actitud correcta, nos purifican, como se purifica el oro a través del fuego para quitar las impurezas 1Pd.1:6-7 “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.
Esas impurezas que se desechan de los metales cuando se purifican, se llama “ganga” o “escoria”. Pero si nuestra actitud no es correcta ocurre lo que se menciona en Jer.6:28-30 “Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores. Se quemó el fuelle, por el fuego se ha consumido el plomo; en vano fundió el fundidor, pues la escoria no se ha arrancado.” y Ez.22:18 “Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron”.
Qué bueno sería para nosotros si fuésemos lo suficientemente obedientes para que no hubiera escorias que limpiar en nuestras vidas. Pero la aflicción tiene que cumplir en nosotros no sólo la función de revelarnos lo malo que es el pecado, sino también, la función de horno purificador.
iv- Nos conforman a Cristo
Esto es fácil de entender, pues ya hemos visto que las aflicciones nos muestran la gravedad del pecado, y cómo nos ayudan a ser más íntegros y más puros, por lo tanto, nos lleva a parecernos más a Cristo.
Pero también es cierto que por el mero hecho de sufrir aflicciones ya nos parecemos más a Cristo, especialmente si esas aflicciones son par causa de la justicia y no por culpa de nuestras injusticias Heb.5:7-9 “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.
Jesús no fue obligado a obedecer y sufrir. Fue una vida de obediencia que escogió libremente Jn.10:17-18 “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”.
Jesús hizo suya, continuamente, la voluntad del Padre. Jesucristo optó por obedecer a pesar de que esa obediencia lo condujo al sufrimiento y a la muerte. Por haber obedecido a la perfección, aun en medio de tan gran prueba, Jesucristo nos puede ayudar a obedecer, por muy difícil que parezca, y esas aflicciones que nos enseñan a obedecer, nos asemejan a Cristo en su sufrimiento Is.53:3 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” Cristo se angustió hasta la muerte, sudó grandes gotas de sangre en la agonía de Getsemaní, fue escupido, azotado, clavado y coronado de espinas, ¿y nosotros queremos ser coronados con flores o laurel? Él dijo que tenía que beber una copa muy amarga, y les preguntó a sus discípulos si estarían dispuestos a beber de la misma copa de amargura, porque aún queda aflicciones en esa copa que tenemos que beber sus seguidores Mt.20:22-23 Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados…”
También al ser más íntegro y puros, nos asemejamos en eso a Cristo Col.3:5-13 “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros… Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”
v- Abren el camino al Consuelo, gozo y felicidad.
Mt.5:4 “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
2 Cor.1:3-5 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.”
Jn.16:20 “De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.”
Este último se refiere al momento de la muerte y posterior resurrección de Jesús. Eso fue una gran verdad pero lo es también ahora. Cuando el que ama a Dios sufre las aflicciones, si esperamos fielmente en Dios esa tristeza se convertirá en gozo St.5:11 “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”.
Jesús continuó su pasaje en Juan poniendo un ejemplo en Jn.16:21-22 “La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.”
Cuando estemos en aflicción, si nosotros miramos a Jesús, nadie ni nada nos quitará nuestro gozo 1Pe.3:14 “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois.”
Cuando el hijo pródigo le pidió su herencia al padre, se alejó de él porque tenía las manos llenas, pero cuando lo malgastó y vino la aflicción a su vida, su necesidad le llevó de nuevo, arrepentido, al Padre y al regresar encontró a un padre que fue a su encuentro con los brazos abiertos, una fiesta en la casa y el consuelo, el gozo y la felicidad de estar de nuevo con el padre. Por lo tanto las aflicciones abren el camino al consuelo, el gozo y la felicidad en nuestras vidas, si aprendemos la lección de que solo al lado del Padre encontraremos el bien en nuestras vidas.
vi- Sirven para engrandecernos
Nos muestran que Dios nos tiene en cuenta, se preocupa de nosotros y nos ama como nuestro Padre que es Heb.12:5-11 “… Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos…”
¿Nos parece poca grandeza que Dios nos trate como a hijos y no como a bastardos?
vii- Abren la puerta a la gloria
2Co.4:17 “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”
Fijémonos aquí en los contrastes entre la tribulación y la gloria, la primera es momentánea y leve pero la gloria tiene un excelente peso y es eterna.
Pero sobre todo fijémonos que mientras que en Ro.8:18 compara las aflicciones con la gloria venidera, pero aquí afirma que la tribulación produce (“Kataergozomai” intensivo, trabajar completamente, lograr a través del esfuerzo) la gloria.
Qué importante es que vivamos «con los valores de la eternidad a la vista». La vida cobra un nuevo significado cuando vemos las cosas a través de los ojos de Dios. Cuando vemos las cosas así, nos damos cuenta de que las aflicciones, en lugar de ser simplemente un fastidio, son una oportunidad que produce en nosotros un “cada vez más excelente y eterno peso de gloria.
Conclusión
Nuestros problemas y aflicciones no debieran desanimarnos o disminuir nuestra fe. Al contrario, debemos entender que hay un propósito en nuestro sufrimiento. Los problemas y las limitaciones humanas, aunque nos parezca algo increíble, tienen, como hemos podido ver, muchos beneficios, si es que tenemos la actitud correcta.
No permitamos que la fatiga, el dolor, la angustia, la crítica, la persecución, o cualquier otra aflicción te motive a abandonar la tarea 2Co.4:8-10 “que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”
Renueva tu compromiso de vivir para Cristo y servirle. No renuncies a tu recompensa eterna por causa de la intensidad del dolor actual. En tu debilidad permite que el poder de la resurrección de Cristo te fortalezca momento a momento en tu ser interior Ef.3:16-21 “… para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”