02/04/2026
MEDITACIÓN JUEVES SANTO | Adra 2026 ✝️
En la hondura silenciosa de este día, cuando el tiempo parece detenerse y el alma se abre como tierra sedienta, la Iglesia nos reúne en torno al misterio más íntimo del amor de Dios. Es Jueves Santo. No es un día más: es el umbral sagrado donde el Señor nos entrega su Corazón hecho eucaristía, su vida hecha servicio, su presencia hecha permanencia.
En el Cenáculo, en la intimidad de una cena que ya no es solo cena, Cristo pronuncia palabras que atraviesan los siglos y llegan hasta nosotros: “Esto es mi Cuerpo… esta es mi Sangre”. Y desde entonces, cada altar del mundo se convierte en eco vivo de aquella primera Eucaristía. No recordamos simplemente un gesto pasado: participamos de un misterio eterno. Dios se queda. Dios se hace alimento. Dios se hace presencia que no abandona.
¡Qué insondable don el de la Eucaristía! Pan que sostiene, Pan que consuela, Pan que transforma. En cada Misa, el cielo toca la tierra, y el hombre, tan frágil y herido, es levantado por la ternura infinita de su Señor. Esta noche, queridos hermanos, no podemos permanecer indiferentes. Esta noche somos invitados a velar, a adorar, a dejarnos amar.
Junto a este don inmenso, nace también el sacerdocio ministerial. Cristo, sabiendo de nuestras pobrezas, quiso quedarse no solo en el Pan, sino también en las manos frágiles de hombres llamados a partirlo y ofrecerlo. El sacerdote no se pertenece: es puente, es instrumento, es presencia humilde de Aquel que sigue diciendo: “Haced esto en memoria mía”. Oremos por nuestros sacerdotes, sostengámoslos con nuestra fe y cariño, porque en ellos Cristo sigue pasando, bendiciendo, perdonando, entregándose.
Y después de la Cena, el silencio. El Señor se retira al Huerto, y nosotros somos invitados a acompañarle. El Monumento se convierte en ese Getsemaní donde el Amor espera, donde Dios aguarda la compañía de los suyos. ¿Seremos capaces de quedarnos un rato con Él? ¿De velar, de contemplar, de amar en silencio?
Hermanos, no dejemos pasar esta noche. Acerquémonos. Participemos con fe viva en la celebración de la Cena del Señor. Postrémonos ante el Santísimo. Dejemos que su presencia transforme nuestro corazón. Que cada uno de nosotros pueda decir, desde lo más hondo: “Señor, aquí estoy. No quiero dejarte solo”.
Y cuando la noche avance y las calles de Adra se llenen de recogimiento y oración, acompañemos también al Señor. Que el paso solemne del Santísimo Cristo de la Expiración, del Señor de las P***s y de la Virgen de los Dolores sea prolongación de esta noche santa: expresión viva de un pueblo que cree, que ama y que camina junto a su Señor en el misterio de su entrega.
Que María, la mujer fiel, nos enseñe a permanecer. Que Cristo Eucaristía nos transforme. Y que esta noche quede grabada en nuestro corazón como la noche en que el Amor se quedó para siempre.
P. Samuel Olvera Olivares
Párroco de Adra y sus barrios