Iglesia Evangelica Bautista de Aguilas

Iglesia Evangelica Bautista de Aguilas La IEB de Águilas fue fundada el 25 de agosto de 1893 por el pastor Karl A. Haglund y desde entonces no ha cesado de proclamar a Jesucristo como Salvador

CAMINANDO POR FE HACIA LO ETERNO (Parte I)“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, ...
18/03/2021

CAMINANDO POR FE HACIA LO ETERNO (Parte I)

“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:13-18

Pablo nos ha dado explicaciones suficientes de su amor por el evangelio, su deseo de sufrir por el evangelio, y de su pasión por la iglesia en Corinto. Nos ha recordado que su capacidad ha venido de Dios, y que todo lo que ha hecho lo hizo por el deseo de testificar del poder de Dios y de su gloria. (Leer 2 Co. 2:12 – 4:12)

Ahora, mirando hacia lo eterno, nos recuerda que todo esto lo ha venido haciendo por su mirada hacia lo que está por venir. Su caminar fiel y apasionado ha sido basado en lo que por fe espera vivir cuando esté en la presencia de Dios. (2 Co. 4:13 – 5:10)

Teniendo en mente el salmo 116, Pablo cita el verso diez de dicho salmo para referirse a lo que vendrá a continuación.

Pablo tenía fe en que Dios, al igual que había resucitado a Jesús de entre los mu***os, con el mismo poder resucitaría a todo creyente. (v. 14)

Los padecimientos de Pablo eran aceptados con agrado por el “amor” hacia los demás, sabiendo que cuanto más seguía predicando el evangelio, más abundaba “la gracia” salvadora de Dios en la vida de más personas, y por ello, “la acción de gracias” abundaría más y más “para gloria de Dios”. (v. 15)

Esto alentaba al apóstol, quien miraba los padecimientos como efímeros; antes alentado, seguía adelante, sabiendo que esto lo estaba transformando internamente, y que lo que experimentaría en el cielo cuando estuviera con el Señor sería glorioso (v. 16, 17).

Pablo no se fijaba tanto en lo que en vida experimentaba, porque esto era pasajero; pero lo que se estaba forjando a través del presente tenía un significado imperecedero, era eterno (v. 18).

Muchas veces nuestra visión es corta cuando se trata de sufrimientos o esfuerzos. Estamos tan acostumbrados a vivir el presente y lo que hay para esta vida, que nos olvidamos de que todo esto algún día perecerá. Nuestro deseo de “mimar” nuestro presente y asegurar nuestro futuro mediato nos ha alejado de la perspectiva correcta. (Col. 3:1-4)

Para poder cumplir con la voluntad de Dios apropiadamente en vida debemos tener una mente enfocada en el reino y en lo eterno. Si mantenemos nuestro caminar por fe hacia lo eterno, comprenderemos que muchas de las cosas tienen un valor significativo cuando lo ponemos en ese contexto. Lo que quede en esta tierra perecerá, pero lo que sea edificante para lo que viene permanecerá (Mt. 6:19-21).

Reenfoquemos nuestras vidas poniendo todo nuestro esfuerzo mirando con fe hacia lo que estamos por vivir cuando estemos en la presencia del Señor. Aún los padecimientos tienen un propósito con futuro maravilloso. No nos enfoquemos tanto en las cosas que vemos ahora, sino en aquello que por fe estaremos viviendo.

«Así como el enfoque apropiado del telescopio permite ver correctamente las maravillas del universo, de la misma manera un enfoque apropiado de nuestra vida nos llevará a mirar con fe que todo lo que vivimos o hacemos tiene valor en función de un hermoso futuro eterno»

Ministerio UMCD
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¿DÓNDE PONGO MIS EXPECTATIVAS?Dice la Real Academia de la Lengua Española que expectativa es la esperanza de realizar o ...
17/03/2021

¿DÓNDE PONGO MIS EXPECTATIVAS?

Dice la Real Academia de la Lengua Española que expectativa es la esperanza de realizar o conseguir algo. Todos vivimos con expectativas, todos buscamos esperanza.

Uno de los buenos recuerdos de la cuarentena serán las largas conversaciones, sin apuro, sin presión, con tiempo para escuchar y ser escuchados. Eso se ha repetido muchas veces en nuestra casa. ¡Y cuánto lo apreciamos! Nuestros hijos ya son adolescentes, y eso lo cambia todo. Los temas que ahora podemos platicar, los diferentes ángulos, las preguntas, son muy distintos a cuando eran pequeños. De modo que, aunque la adolescencia tiene sus propios desafíos, también es una hermosa etapa, llena de oportunidades para invertir en la vida de nuestros hijos.

Una noche, antes de dormir, tuvimos una de esas conversaciones. Supongo que un tanto abrumados por las noticias, la incertidumbre, la poca interacción social en términos normales, nuestros hijos nos compartían su sentir. Nos dijeron cosas como éstas: ¿Qué espera a nuestra generación? ¿Y si esto no se acaba nunca? ¿Cómo vamos a vivir de ahora en adelante, siempre con una mascarilla? ¿Y qué será de la escuela en el nuevo curso? ¡Es como si no hubiera esperanza! Ahí estaba la clave, era un problema de esperanza lo que estaba dando vueltas en sus mentes y corazones. Y sobre ese tema giró el diálogo.

Verás, los seres humanos necesitamos la esperanza. Nuestros corazones fueron hechos para ella y cuando la perdemos, se nos enferma el alma. El asunto es que, cuando no conocemos a Cristo, e incluso a veces luego de conocerlo, nuestra naturaleza caída nos lleva a poner la esperanza en cosas efímeras como las posesiones o los logros personales, en seres humanos que, como nosotros, están limitados en lo que pueden hacer u ofrecer, en sistemas políticos y programas sociales. Poner la esperanza en cualquiera de estos nos llevará siempre por el mismo camino, esperanza fallida.

Si le preguntamos a un diccionario de español, encontraremos definiciones de esperanza como ésta: «Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea». No sé si te percataste, pero algo de esa declaración reafirma lo que veníamos diciendo, nos dice que es un estado de ánimo, y un estado de ánimo es algo voluble, inconstante. De modo que hoy puedo tener esperanza y mañana no. Me imagino que estarás de acuerdo conmigo en que así es como la mayoría de la gente ve la esperanza. Es algo que sienten en un momento cuando el objeto de su esperanza parece posible o real. ¿Algunos ejemplos? Una persona puede decir que tiene esperanza de mejorar económicamente porque le fue muy bien en una entrevista de trabajo. Otra persona quizá diga que tiene esperanza en que el tratamiento médico funcione y recobre la salud. Una joven tiene esperanza de conocer a su futuro esposo en esa cita que se acerca, y así por fin vivirá su propia historia de «felices para siempre». Podríamos seguir añadiendo, pero creo que el punto está claro. No es que haya nada de malo o pecaminoso en el deseo de mejorar económicamente, o de recobrar la salud o casarse. El problema está en que esas cosas nos provocan un estado de ánimo, una esperanza, que tiene fecha de expiración.

Entonces, ¿qué es la esperanza realmente? Cuando estamos en Cristo, la definición de esperanza luce muy diferente. No está en algo, sino en alguien. Está en Dios, en su carácter. Veamos cómo nos describe la esperanza el Diccionario Bíblico Ilustrado Holman: «… es la confianza en que lo que Dios hizo por nosotros en el pasado garantiza nuestra participación en lo que hará en el futuro». ¿Te das cuenta? No es un estado de ánimo, ni algo que siento circunstancialmente, porque no depende de mí. La esperanza descansa en quién es Dios. Tener esperanza es saber que Dios cumplirá lo que ha prometido y que Su Palabra no cambia. Esperanza es lo que ocurrió hace muchos años una noche estrellada, en un pueblito insignificante llamado Belén, precisamente como cumplimiento de una promesa. El profeta Isaías lo había anunciado varios siglos antes, y Mateo nos lo recuerda al escribir su Evangelio: «Y EN SU NOMBRE LAS NACIONES PONDRÁN SU ESPERANZA» (12:21). Esperanza es Jesús. Él es el cumplimiento de todas las promesas (2 Cor. 1:20) que alimentan nuestra esperanza. Y nuestra esperanza es viva, porque Cristo resucitó. No esperamos en una posibilidad, esperamos en la realidad de la resurrección: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien, según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los mu***os» (1 Ped. 1:3).

En nuestro paso por este mundo enfrentaremos diferentes situaciones que parecerán ladrones de esperanza, y por eso es tan bueno recordar que un corazón nuevo, el corazón que nace a la vida que Cristo nos da, es un corazón que puede tener esperanza más allá de las circunstancias que le rodean.

No pongamos expectativas en nada ni nadie más, porque saldremos desilusionadas. La mejor vida no es ahora. La mejor vida será en otro momento y lugar, aquello a lo que llamamos nueva creación, cuando todo volverá a ser perfecto porque el pecado no existirá más. Mientras estemos aquí tendremos que seguir luchando con el dolor, con las decepciones, con la enfermedad, con la tristeza, con la injusticia, con la traición, con la muerte. La mejor vida no es ahora, pero tu corazón y el mío pueden vivir con esperanza, hoy y siempre, gracias a la obra preciosa y única de Cristo en la cruz.

Bendiciones,
Wendy
https://www.wendybello.com

*Jornada de OraciónJORNADA DE ORACIÓN POR BATA*🛑20 de marzo desde las 6:00 de la mañana hasta la medianoche.🛑En los hora...
16/03/2021

*Jornada de OraciónJORNADA DE ORACIÓN POR BATA*

🛑20 de marzo desde las 6:00 de la mañana hasta la medianoche.

🛑En los horarios puestos en el cartel estaremos poniendo videos y motivos de oración por Facebook y Youtube para que puedas orar desde donde estés.

🛑A las 16:00 h. Podrás conectar vía zoom para unirte a orar. La plataforma estará disponible a las 15:45 h.

QUE DIOS SEA TU ESPERANZA SIEMPRE"La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve" Hebreos 11...
16/03/2021

QUE DIOS SEA TU ESPERANZA SIEMPRE

"La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve" Hebreos 11:1

¿Has leído bien?

Esta verdad menciona dos verbos importantísimos en la construcción de nuestra fe, ver y creer.

La fe, entendida como nuestra esperanza, consiste en la convicción de lo que aun no llega y no vemos, pero creemos firmemente recibiremos o será hecho por el poder de Dios.

Hoy, quizá enfrentes una situación difícil, una prueba compleja o un conflicto familiar. No lo sé pero como casi todos, algún problema o prueba habrá delante de tu vida, por salud, economía, trabajo, y es ahora el momento preciso para reflexionar y reconocer a Dios como nuestra única defensa y ayuda.

Invocar el favor del Señor es mejor que marcar el 119, mejor que llamar una ambulancia o adquirir un seguro de vida. Dios nos escucha siempre, en todo momento y lugar, si es lunes o fin de semana, si es de día o en mitad de la noche, si hace frío o calor. Sin excusas ni exigencias su respuesta es oportuna. Dios siempre es nuestra ayuda más efectiva. Antes de llamar a un vecino o amigo, acude a quien intervendrá a tu favor y por tu bienestar.

Confiar en Él es creer lo que no ves y declarar que lo recibirás por su amor y gracia.

¿Qué situación enfrentas hoy? ¿Te impulsa a confiar sin dudar, o sigues luchando en tus propias fuerzas?

Dios está esperando a que le dejes actuar y trabajar. Él tiene la respuesta para tu problema pero no podrás verlo mientras sigas luchando en tus fuerzas para solucionarlo. Pide ayuda, Él te responderá.

Vuelve los ojos al cielo y ora, tu voz se escuchará y el Señor atenderá tu súplica. Él te recogerá en donde estés y te llevará a un lugar seguro, te sostendrá y animará, pero nunca cedas ante las mentiras del enemigo que se empeña en hacerte creer que Dios esta ocupado y te ha desatendido. Cuando esto venga a tu mente, resístelo, es mentira. Dios no te va a dejar por ninguna ocupación, para Él eres importante. Él todo lo puede y es hacedor de imposibles.

No olvides que la fe puede mover montañas. Tu esperanza es Él y crees porque tienes la certeza y estás convencido de su poder y grandeza aunque no puedas verle. Espera y cree que lo que Él te ha prometido, llegará. De este modo todo nuestro corazón y sentir están enfocados en el propósito de conocer, esperar y confiar en Dios.

¿Te animas a esperar en Dios? Él quiere ayudarte, ser tu escudo y tu fortaleza. Que Él sea tu esperanza por siempre.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,
Laura Sánchez
https://arteydisenoparacristo.wordpress.com/

15/03/2021
Los cultos se están celebrando de forma presencial, siguiendo todas las recomendaciones de las autoridades sanitarias. A...
14/03/2021

Los cultos se están celebrando de forma presencial, siguiendo todas las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Así que si piensas asistir, ponte en contacto con el pastor, ya que la mitad de la Iglesia irá presencialmente un domingo y la otra mitad lo hará el siguiente. ¡Que al Señor sea la Gloria!

La predicación se colgará en nuestra página de youtube: IEB Águilas

LA LUZ VERDADERA NOS ILUMINÓ“Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no...
13/03/2021

LA LUZ VERDADERA NOS ILUMINÓ

“Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” 2 Corintios 4:1-6

Pablo nos recuerda que el servir a Dios por medio de la evangelización es un hecho que no lo merecíamos (“según la misericordia que hemos recibido”), y comprendiendo que no es una tarea sencilla expresaba que él no “desmayaba” o no se cansaba ni se desanimaba (v. 1).

El valor de la tarea recibida demandaba una seriedad en el cumplimiento de tal tarea, la cual debía ser realizada con sinceridad, sin interés propio ni con la adulteración del divino mensaje (v. 2). Así como ahora, en el tiempo de Pablo habían muchos que deseaban sacar provecho del evangelio, y otros, alterando el mensaje, predicaban un “evangelio diferente” (Gá. 1:6-9).

La razón por la que en muchos el mensaje no llega a cambiar sus vidas no es solo porque el mensaje no haya sido dado claramente, sino porque el maligno ha cegado el entendimiento de los que rechazan el evangelio (v. 3, 4). El pecado tiene al hombre mu**to espiritualmente, y las mentiras de Satanás han engañado el razonamiento de muchos, y de esta manera la oscuridad ha caído sobre el corazón de la persona, y por ello no pueden recibir con fe el mensaje de la obra de la cruz, porque realmente no ha llegado a ellos la luz que les dé entendimiento.

La predicación siempre debe ser basada en la obra de Jesús por salvarnos (v. 5), y Dios, al igual que cuando llamó a la luz a existencia de la nada (Gn. 1.3), de la misma manera es Quien debe obrar para que el entendimiento del hombre sea iluminado por medio de Cristo y Su obra redentora (v. 6).

Dios es quien obra en el hombre a través de la predicación del evangelio y de la obra del Espíritu Santo para dar entendimiento de Su verdad. Así como el mundo estuvo en tinieblas, el hombre que se encuentra perdido está en tinieblas espirituales, y necesita de Dios para que eso cambie.

Sin la obra de Dios en la vida del hombre, ninguno de nosotros tuviéramos oportunidad de aceptar el mensaje del amor de Dios y Su deseo de brindarnos perdón y vida eterna. Pero cuando escuchamos el mensaje, vemos la obra de Cristo, el Hijo de Dios, y es a través de Cristo que contemplamos de la gloria de Dios y Su amor por nosotros: “… cuando nos permitió entender la buena noticia, también iluminó nuestro entendimiento, para que por medio de Cristo conociéramos su grandeza”. (2 Co. 4:6 TLA)

“Señor, muchas gracias, no solo por enviar a Jesús a morir por nosotros, sino que, con tu poder y amor obras en nosotros para que podamos entender y aceptar el mensaje del evangelio.”

«Si Dios no iluminara al corazón del hombre que se encuentra en tinieblas por el pecado y el engaño, ninguno tuviera esperanza alguna de entender el mensaje de amor de Cristo como nuestro Salvador»

Ministerio UMCD
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PROCLAMANDO LA ESPERANZA DE CRISTO AL MUNDO (III)Los efectos futuros de la esperanza: La visión de la fe.«Yo viviré espe...
12/03/2021

PROCLAMANDO LA ESPERANZA DE CRISTO AL MUNDO (III)
Los efectos futuros de la esperanza: La visión de la fe.

«Yo viviré esperándote, esperanza» (Miguel de Unamuno)

Hasta aquí hemos considerado los resultados presentes de la esperanza, sus efectos aquí y ahora. Sin embargo, en su dimensión más propia la esperanza mira al futuro. Como ya se ha dicho, «la esperanza tiene los dos pies en el suelo, pero la mirada en el cielo». Ahí es donde entra en acción la fe, el tercer «lado» de este incomparable triángulo de la vida cristiana: fe, esperanza y amor (caridad). La fe es la base de este triángulo, el fundamento en el que se basa la esperanza: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera» (Heb. 11:1; Heb. 11:26). Se trata de una vinculación lógica pues «la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos» (Ro. 8:24–25).

Pero, ¿puede surgir la esperanza de un simple esfuerzo humano, personal o colectivo? ¿Es la esperanza una mera confianza en los demás o en que las cosas irán mejor en el futuro? «No hay tarea más urgente que la de devolver un poco de esperanza a aquellos que ya no la tienen... Nos falta esperanza porque nos falta fe». Las palabras de este periodista en el periódico francés Le Figaro apuntan a la diana correcta: sin fe no hay esperanza. La cuestión es: ¿fe en qué o en quién? Ello nos lleva al final de nuestras consideraciones y, al mismo tiempo, al meollo del mensaje cristiano.

¿Qué esperamos en el futuro? Esperamos a una persona: Cristo. La segunda venida en gloria del Señor Jesús es el ancla de la esperanza cristiana. Pablo nos lo deja claro en su carta a Tito: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado... aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo» (Tit. 2:11-13; ver también 1 P. 1:13 entre otros).

Ahí radica la gran diferencia entre la esperanza de las ideologías humanas –la utopía del marxismo, por ejemplo– y también la de las religiones orientales cuya esperanza consiste en una difusa supervivencia de algo llamado «espíritu», en un estado donde el ser humano pierde su individualidad para perderse en una fusión cósmica con el Universo o para reencarnarse en otra vida futura. El cristiano, por el contrario, aguarda una relación personal con Cristo –en el Cielo- juntamente con todo el pueblo de Dios (Ap. 21). Según nos enseña Ro. 8:23, esta expectativa tiene dos rasgos distintivos: «...y también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo». Aguardamos:

- La adopción como hijos. Uno de los privilegios esenciales del cristiano –Dios es mi Padre- alcanza su clímax en el Cielo. Aquí en la tierra tenemos ya un anticipo; podemos dirigirnos a Dios como «el Padre nuestro que estás en los cielos», el Abba. Pero esta relación tan personal alcanzará su máximo esplendor cuando «Dios mismo estará con ellos como su Dios, y enjugará toda lágrima...» (Ap. 21:4). ¡Incomparable privilegio el ser llamado hijo adoptivo de Dios!
- La redención de nuestro cuerpo. El cristiano no cree en la mera supervivencia del alma, sino en la resurrección del cuerpo. Hay muchas cosas que no sabemos sobre la vida futura en el cielo, pero una sí es segura: de forma tan misteriosa como cierta vamos a conservar nuestra identidad personal. Yo seguiré siendo yo. Ello será así por cuanto la imagen divina en nosotros hace que cada uno sea único e irrepetible a ojos de Dios. De ahí deriva la santidad de la vida humana, es decir que nadie puede matar a otro ser humano (Gn. 9:6). El Cristo resucitado tenía un cuerpo; era un cuerpo glorificado, pero aun así conservaba las cicatrices del martirio en la cruz y María Magdalena fue capaz de reconocerle por la voz.

Sí, la esperanza es inseparable de la fe personal en Cristo. No se alimenta de la nada ni surge espontáneamente del «suelo de la desesperación». En Él se hacen plena realidad las palabras del salmista: «Contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.» (Sal. 36:9).

Esta esperanza que se alimenta de la fe cambia por completo nuestra visión y nuestra reacción ante:

- La brevedad y la fragilidad de la vida: «Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive, ciertamente como una sombra es el hombre» (Sal. 39:5-6). Al contemplar la vida como un tránsito hacia una «patria mejor», puedo mantenerme «gozoso en la esperanza y sufrido en la tribulación» (Ro. 12:12).
- El dolor y el temor a la muerte: «no lloréis como los que no tienen esperanza». La esperanza en Cristo no nos hace inmunes al dolor de la separación o a otras formas de sufrimiento. Pero el cristiano tiene la certeza de que en el drama de la vida hay un segundo acto. Y en esta segunda parte, a la que llegaremos en breve porque la vida es un pasaje corto, nos aguarda «una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible reservada en los cielos para vosotros» (1 P. 1:3-4).
- El sinsentido del sufrimiento humano. Puede que ahora hayamos de sufrir «por un poco de tiempo» (1 P. 1:6). Pero el latigazo del sufrimiento –sea cual sea su forma de presentación- queda relativizado por la perspectiva de su final seguro. En la cruz, Dios le puso fecha de caducidad al sufrimiento: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Ro. 8:18).

Todo ello transforma nuestra actitud y nos trae consuelo. La visión de la esperanza es la visión de la eternidad y abre ante nuestros ojos una perspectiva que deviene bálsamo para el corazón herido y le da sentido a la vida.

El himno «Habita en mí», escrito por un sencillo creyente inglés en su lecho de muerte, nos proporciona un excelente resumen del consuelo que reporta la esperanza en Cristo:

Habita en mí, Señor, vive conmigo
La tarde tristemente se apresura,
Condensan las tinieblas la pavura
Y estoy contento porque pienso en ti.

¿Dónde se halla, oh muerte, tu aguijón punzante?
¿Dónde, se encuentra, oh tumba, tu victoria
He de triunfar y te veré en la gloria
Si habitas, oh Señor Jesús en mí.

A modo de conclusión, y de forma muy breve, no podemos omitir una parte del versículo que es esencial: «en el creer... por el poder del Espíritu Santo».

Todo lo dicho hasta aquí no es obra humana, es una obra realizada por el Espíritu Santo. La esperanza alcanza su clímax en la cruz vacía –la resurrección de Cristo- pero se hace visible en Pentecostés. La aplicación de la esperanza a la vida del creyente es una experiencia sobrenatural, no un logro humano. De ahí la necesidad de depender de Dios para ir recibiendo por la acción del Espíritu Santo la esperanza de Cristo. Toda la Trinidad está implicada.

En el pasaje profético de Is. 61:1-3 se dice de Cristo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón... a consolar a todos los enlutados... a ordenar que a los afligidos se les dé gloria en lugar de ceniza... manto de alegría en lugar de espíritu angustiado...». Éste es el mensaje de esperanza que sigue vigente y ésta es la esperanza que proclamamos hoy al mundo en el siglo XXI.

La fidelidad de Dios en el pasado es la base de nuestra esperanza para el futuro, por cuanto en Él no hay «mudanza ni sombra de variación» (Stg. 1:17). Por todo ello, como David al considerar el carácter transitorio de la vida (Sal. 39:7), nosotros también exclamamos:

«Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti».

Pablo Martínez Vila
https://pensamientocristiano.com/

PROCLAMANDO LA ESPERANZA DE CRISTO AL MUNDO (II)- Los efectos presentes de la esperanza: Vidas transformadas«...os llene...
11/03/2021

PROCLAMANDO LA ESPERANZA DE CRISTO AL MUNDO (II)

- Los efectos presentes de la esperanza: Vidas transformadas
«...os llene de todo gozo y paz...» (Ro. 15:13)

La esperanza no es algo hueco, un mero misticismo, una ilusión futura. Tiene unas consecuencias prácticas en la vida de cada día. En su sentido más literal de esperar, tiene una aplicación presente. Podríamos decir que tiene la mirada puesta en el cielo, pero los dos pies en suelo.

La esperanza de Cristo es el antídoto, el remedio para la desesperación de este mundo por varias razones:

- Por su contenido: Gozo y paz
Se mencionan dos ingredientes esenciales:

El gozo. Es mucho más que alegría. Tener gozo no es lo mismo que estar contento. Los cristianos también lloran. El gozo fruto del Espíritu va más allá de un sentimiento. Es la actitud de Pablo y Silas en la cárcel de Filipos cuando, a pesar de tener el cuerpo magullado y dolorido por los azotes, «a medianoche, orando cantaban himnos a Dios» (Hch. 16:25). Pablo mismo resume lo que es el gozo cristiano en el formidable pasaje de Ro. 8:28–39, himno de cabecera de muchos creyentes a lo largo de los siglos: «Somos más que vencedores en Cristo».

La paz. No es la ausencia de problemas. Nuestra sociedad define la paz en un sentido negativo: no tener tensiones, «déjame en paz». La paz de Cristo es distinta: «mi paz os dejo... no como el mundo la da... en el mundo tendréis aflicciones, pero no temáis, yo he vencido al mundo». La paz de Cristo no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Cristo en medio de estos problemas.

El concepto hebreo (shalom) es muy rico: denota un estado de serenidad, de bienestar interior, de armonía. El concepto moderno de salud (OMS) se acerca mucho a la idea bíblica de paz, probablemente está inspirado en ella.

Si la esperanza nos llena de gozo y de paz, ello tiene unas consecuencias visibles en la vida diaria. Mencionamos sólo una por su actualidad, hoy que tanto se habla de «calidad de vida»:

«Los creyentes viven más años y tienen más calidad de vida» (conclusión de la tesis del psiquiatra David Larson, autor de más de 130 artículos académicos, uno de los investigadores más destacados en la investigación entre religión y salud mental, quien trabajó durante 10 años en el Instituto Nacional Americano de Salud Mental).

Por lo demás, el cristiano no es sólo beneficiario de la paz, sino agente de paz, promueve la paz, como veremos en la dimensión comunitaria de la esperanza.

- Por su abundancia: Plenitud de vida
La esperanza de Cristo es singular no sólo por su naturaleza o calidad, sino también por su cantidad, es abundante. El apóstol habla de plenitud: «el Dios de esperanza os llene...». Estar llenos de gozo y de paz nos recuerda la plenitud de vida a la que se refirió el mismo Señor Jesús en una de sus declaraciones más trascendentes: «He venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Jn. 10:10). El vocablo griego perisson es un comparativo cuya traducción literal sería «más abundantemente», o también «extraordinario, magnífico, superior, distinguido».

El deseo de Cristo es darnos «calidad de vida» en su sentido más completo: espiritual, por supuesto, pero también en todas las facetas de nuestra existencia la voluntad de Dios para nosotros es una vida «magnífica, superior». De este modo, la esperanza de Cristo sustituye el «vanidad de vanidades» de tantas personas hoy sumidas en la desesperanza por un gozoso «plenitud de plenitudes».

Ello nos lleva a una reflexión: la imagen que a veces damos como cristianos se aleja demasiado de esta abundancia de gozo y paz; en vez de estar pletóricos de esperanza, parecemos contagiados por el pesimismo del mundo; enfatizamos tanto algunos aspectos del discipulado como la renuncia, el sacrificio, que damos la impresión de que la vida cristiana es algo triste, poco atractivo. La esperanza de Cristo es lo más opuesto a algo lúgubre o aburrido. Y ahí precisamente radica uno de sus secretos para transformar vidas. Veamos un ejemplo:

«Conocí a dos personas que confesaban ser cristianos y, a pesar de ello, se distinguían por su elevada intelectualidad y por lo rebosante de su vida. Esto me atrajo para estudiar con ellos la persona de Jesús» (Theodor Bovet, destacado psicoanalista y consejero matrimonial).

Incluso Albert Einstein, quien no era cristiano, llegó a afirmar: «Soy judío, cierto, pero la figura radiante de Jesús ha producido en mí una impresión fascinadora... en realidad solo hay un lugar en el mundo donde no vemos ninguna oscuridad: es la persona de Cristo».

- Por su dimensión comunitaria: Relaciones nuevas
La esperanza cristiana no es una experiencia individual, una bendición para disfrutar a solas. También aquí el cristianismo se diferencia de otras religiones, en especial de las llamadas «nuevas espiritualidades». Éstas, bajo la influencia de la Nueva Era y de las religiones orientales, se centran en el ego y promueven experiencias religiosas básicamente individuales, «que me haga sentir bien a mi».

No es así con la esperanza de Cristo; Pablo lo deja bien claro: «...para que abundéis en esperanza...» (Ro. 15:13). Es como un tesoro a compartir y está íntimamente relacionada con el otro gran pilar del mensaje cristiano: el amor. La esperanza, el amor y la fe –las llamadas virtudes teologales– forman un racimo inseparable entre sí e inseparable de la vida comunitaria. El creyente que nace de nuevo, nace también a un mundo de relaciones nuevas, las relaciones de la familia de la fe. Por esta razón, el Evangelio tiene poder para transformar no sólo vidas, sino también comunidades y familias.

Dos ejemplos destacados nos ilustran esta realidad: en Argentina las cárceles que están «gestionadas» por cristianos evangélicos –muchas veces por los mismos internos cuyas vidas han sido transformadas por el Evangelio– tienen un índice de conflictividad muy bajo y han llegado a ser un modelo muy positivamente elogiado por las autoridades y los medios de comunicación de este país. Algo muy similar ocurre en una prisión de Sudáfrica considerada como muy «peligrosa» antes del impacto del poder transformador de Cristo.

El otro ejemplo es la conversión de guerrilleros de movimientos terroristas en Perú, con cambios tan espectaculares en la vida y conducta de hombres antes muy violentos que sólo se puede explicar por un poder sobrenatural. Sustituir la metralleta por la Biblia de un día para otro no es algo fácil.

La vida cristiana nunca puede limitarse al ámbito de lo privado; ciertamente tiene una dimensión personal e íntima, pero por su misma esencia –el Evangelio es una «buena nueva»– lo natural es compartirla. Ésta es la explicación al llamado «proselitismo», tan mal visto por nuestra sociedad que intenta encerrar y limitar el testimonio cristiano al ámbito de lo privado. Al evangelizar el cristiano no busca hacer adeptos a su religión para ganar algún mérito personal, sino «abundar en esperanza», es decir compartir la «perla de gran precio» que un día encontró y que ha transformado su vida. El quedárselo para uno mismo sería la negación misma del Evangelio. Ésta es la razón por la que proclamamos –«proclamar = gritar delante de»– esperanza en Cristo.

Pablo Martínez Vila
https://pensamientocristiano.com/

Dirección

Plaza Doctor Calero, 5
Águilas
30880

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Lunes 17:00 - 18:00
19:00 - 20:00
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