23/09/2015
EL PRIMER MISIONERO
Inicio este mensaje preguntando: ¿Quién fue el primer misionero enviado a predicar el mensaje de salvación por medio de Jesús? Esta es una pregunta que cualquier cristiano evangélico puede contestar sin mayor dificultad.
¡Qué bueno! Veo que las respuestas empiezan a fluir con facilidad en la mente de los presentes:
Alguien dice que seguro el primer misionero fue una persona bien instruida.
Otro piensa que debió ser alguien que tenía una buena relación con Jesús.
Allá creen que fue uno que tenía un gran conocimiento de las Escrituras.
Para no andar adivinando, ya que eso no es muy cristiano, quiero darles una pista:
Para encontrarlo no busquen en la Gran Comisión.
Tampoco busquen entre los apóstoles pues su nombre no está por ahí.
Me dicen que quizá fue uno de los setenta enviados por Jesús.
Lamento decirles que nuevamente se equivocan.
Están quizás pensando en que su nombre está entre las cartas que forman parte del Nuevo Testamento. Que pena tener que informarles que antes de que el apóstol Pablo las escribiera, el primer misionero ya estaba trabajando a full en la obra del Señor.
Escucho que alguien dijo: ¡Pastor, ya por favor, líbrenos de esta intriga!, ¿En dónde fue que Jesús encontró a su primer misionero? Bueno, para no alargarles más el misterio, les digo que Jesús lo encontró en un cementerio.
¡Hable serio Pastor! Díganos de una vez ¿quién fue el primer misionero enviado? Es que si les digo, tampoco me lo van a creer, pues fue un lunático. ¡Eso es imposible! dice la mayoría. Pero ahora les confirmo que el primer hombre enviado por Jesús como misionero, era un loco.
Y si no me creen, empecemos entonces a conocerlo, leyendo el evangelio de Marcos en el capítulo 5: 2-5 “Y cuando Jesús salió de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aún con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, más las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.”
Este desquiciado vivía en Palestina y ya no sabían qué hacer con él, pues le encadenaban y fácilmente se desataba; se despedazaba la ropa, dormía en las cuevas, se lastimaba el cuerpo con piedras filudas. Era un lobo rabioso que andaba suelto, realmente era una amenaza para la sociedad, no servía para nada, nadie quería saber nada de él, excepto Jesús.
Yo diría que el encuentro entre Jesús y el lunático es de película, pero de terror: la barca de los discípulos llega a la orilla que está cerca de un cementerio y de un hato de cerdos que son dos cosas que para los judíos son impuras y que por lo tanto tratan de mantenerse siempre lo más lejos posible de ellas.
Cuando Jesús baja de la barca hasta la orilla, un loco sale de una caverna a toda carrera y velozmente se dirige hacia los recién llegados. Su aspecto es intimidador, tiene el cabello despeinado, los brazos ensangrentados, de su boca salen gritos incomprensibles, se ve que está muy enojado, es una verdadera furia, sus brazos se agitan, está prácticamente desnudo y se acerca amenazador.
Los apóstoles se quedan boquiabiertos y al ver que el loco venía, deciden subirse nuevamente a la barca, están horrorizados, pero Jesús no, Él se ve más bien tranquilo y en sus ojos se puede distinguir misericordia por ese hombre convertido en bestia.
Pero no solo es misericordia, sino que también el Señor y Dador de Vida se dispone a sostener una guerra que es invisible para los demás, pero que es real y verdadera en el mundo espiritual y se inicia inmediatamente:
Marcos 5: 7-8 “Sal de este hombre, espíritu inmundo” dice Jesús “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo” responde nerviosamente el espíritu demoníaco.
Jesús lo que quiere es rescatar a ese hombre de la opresión del diablo; los demonios no se resisten, no amenazan; claro, ya han escuchado esa voz antes y ellos saben que cuando Dios habla, que cuando Dios ordena, los demonios tienen solo una salida: suplicar.
Marcos 5: 10 Los espíritus inmundos “Le rogaban mucho a Jesús que no les enviase fuera de aquella región”
Y es que la sola presencia de Jesús humilla a los demonios, y a pesar de que habían dominado a ese hombre por largo tiempo, Dios hace que se dobleguen ante El. A pesar de que habían llenado de miedo esa región, ahora le piden clemencia a Jesús con llantos y lamentos.
Los demonios le suplican a Jesús que los envíe hasta un hato de cerdos que se encontraba cerca, Jesús se los permite y así, alrededor de dos mil cerdos que son poseídos caen por el barranco hasta el mar y mueren.
Los discípulos están paralizados, han estado mirando esta batalla espiritual atónitos, con los ojos desorbitados, sin poder hacer nada. Más o menos lo que sucede con nosotros hoy, cuando anonadados miramos como los países con sus leyes llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno y permiten que satanás y sus demonios llenen de miedo y temor a las naciones.
En definitiva, te encuentras mirando un mundo descontrolado sin saber qué hacer y seguramente te estás preguntado, pero Pastor ¿y qué podemos hacer nosotros? ¿Qué? Pues lo mismo que hicieron los apóstoles: cuando la guerra se incrementa, cuando la lucha es cada vez más intensa, da un paso al costado, pon tu mirada en Jesús y permite que sea Jehová de los Ejércitos el que pelee la batalla por nosotros.
Es decir, no pongas tu atención en el problema, no te enfoques en la circunstancia, no pongas tus sentidos en la dificultad; más bien fija tu vista en Jesús. Claro, para nada te beneficia fijar tu atención en la tormenta, que sacas estudiando al enemigo, no serás tú el que lo derrote, solo Dios puede hacerlo.
Y precisamente eso es lo que hizo Jesús, mientras los discípulos estaban paralizados, El entró en acción, Dios tomó la iniciativa y el lunático fue liberado, los cerdos poseídos por los demonios se despeñaron y de un cementerio surgió un nuevo discípulo de Jesús.
Que experiencia, verdad? Pero espera, esto aún no ha terminado. Porque si lo sucedido con los demonios te estremeció, espera a ver cuál fue la reacción de la gente que habitaba en ese lugar en donde el loco fue liberado por el poder de Jesús.
La biblia dice que los que apacentaban los cerdos, asombrados y espantados corrieron hasta la ciudad de Decápolis y avisaron a la gente, todo lo que habían visto.
Los habitantes de la ciudad salieron inmediatamente hacia el lugar en donde se habían sucedido los hechos, para comprobar si era verdad lo que les habían dicho.
Marcos 5: 15-17 “Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle a Jesús que se fuera de sus contornos”
¿Qué hicieron qué? ¡No puede ser! ¡Es increíble! Debe existir alguna equivocación, pero no, el relato dice de manera categórica e inexplicable, que la gente del lugar le rogaba a Jesús que se vaya de su tierra y de sus vidas, que no querían su presencia, que no querían verlo por ahí, que desaparezca con todo y discípulos. wow
Es decir que esa gente, en lugar de agradecerle, de alabarle, de adorarle, de reconocerle; le echaron de esa tierra, prefiriendo tener junto a ellos a los lunáticos y a los cerdos, antes que a Jesús, antes que la presencia de Dios. Una pregunta surge de inmediato ante estos acontecimientos: ¿Cuál sería la razón de este comportamiento?
O lo que da lo mismo: ¿Qué hace que un alcohólico prefiera vivir la miseria de la ebriedad en lugar de la sobriedad?
¿Qué lleva a un país a preferir la esclavitud antes que la libertad?
¿Qué hace que la gente prefiera vivir las tradiciones de antes, en lugar de vivir la vida que nos ofrece el Dios Viviente de hoy?
¿Qué lleva a una iglesia a preferir el estancamiento en lugar del avivamiento?
Es impresionante, pero solo hay una respuesta: la gente prefiere cualquier cosa en lugar de la presencia de Dios, por temor al cambio, con tal de no sacrificar las satisfacciones que el mundo da, están dispuestos a no crecer espiritualmente; con tal de no tener que realizar trabajo extra, prefieren el estancamiento.
Claro, es más fácil hacer lo que vienes haciendo rutinariamente hasta hoy, antes que meterte en un terreno desconocido en donde tal vez hay restricciones; en donde no puedes hacer todo lo que quieres y te gusta, porque no todo te conviene; en donde es preferible dar que recibir; en donde te piden que des todo de ti, sin esperar nada a cambio; en donde Jesús es la estrella principal y no tú; en donde te exigen total dependencia de Dios.
Por eso es que la gente de Decápolis echó a Jesús de su tierra y de sus vidas. Y como Jesús nunca va a donde no se le invita, El entró a la barca en donde le esperaban los discípulos.
Marcos 5: 18-19 “Al entrar Jesús en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejase estar con Él. Más Jesús no se lo permitió”
¡Qué cosa! ¿Cómo se puede entender esta actitud de Jesús con un nuevo creyente? Era de esperarse que el antiguo loco que había sido liberado de satanás, quisiera estar con Jesús, estar a su lado, seguirle, atenderle, servirle, como muestra de gratitud por salvarle la vida. Pero Jesús no quiso llevarlo con El. ¿Por qué? ¡Por favor, que algún entendido en teología nos ayude!
Bueno, la respuesta es simple: Jesús no quiso llevarlo con El, porque tenía mejores planes para el nuevo creyente.
Marcos 5: 19 “Jesús le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”
Pues ahí está el envío del primer misionero a realizar la obra del Señor, enviado a dar testimonio de lo que Jesús hace en la vida de las personas. El que hasta hace pocos minutos antes era un desquiciado, ahora en Cristo Jesús era un misionero con el propósito claro y específico de hablar del Señor, de su amor, de su poder.
Como vemos, no fue necesario que el primer misionero reciba entrenamiento, que sea enseñado en las Escrituras, que tenga algún título, que haya sido el más aplicado de la clase, NO, lo único que el sabía es que a Jesús le tienen terror los demonios y que solo Jesús puede dar una vida nueva, y con eso le bastaba.
Y algo más, yo no sé ustedes, pero si a mí me hubiesen echado del lugar, tal y como lo hicieron con Jesús; lo último que se me hubiera ocurrido es enviarles un misionero a esa gente malagradecida. Tal vez les hubiese enviado una plaga, pero no un misionero que les hable de la salvación del alma por medio de Jesús.
Menos mal que no fue a mí a quién echaron sino a Jesucristo, porque en cambio El si les envió un misionero, al primero de ellos. ¿Y saben qué? Cristo hasta hoy lo sigue haciendo igual, aún hace llegar su mensaje de amor y de salvación a los que no lo merecen.
Y algo más, Jesús sigue utilizando a indignos como mensajeros; y si no, miren a quien les ha predicado en este día.
Lo cierto es que, tú mismo puedes haberte estado considerando indigno de llevar el mensaje de salvación a otras personas, pero ahora sabes que para Jesús eres el mensajero idóneo, el indicado para trabajar por la expansión del Reino de Dios.
AMEN
Pr. Nelson Calderón Andrade
Prédica del domingo 06 de septiembre de 2015