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Instituto Secular Misioneros de la Realeza de Cristo Ecuador Se trata de aceptar hasta el final, como laicos, la condición secular común a todos los hombres...

01/10/2026

🙌🏽❤️ Dejemos que el corazón que Dios nos dió, hable, resuene, ilumine, palpite, acompañe y siga creciendo en amorosidad, entrega, libertad y esperanza.

Jesús ayúdanos a vivir en plenitud solidaria.

Amén

01/10/2026

José Antonio Pagola - EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS
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Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.
Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.
Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?
El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.
Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

27 Tiempo ordinario – A
(Mateo 21,33-43)
4 de octubre

José Antonio Pagola
[email protected]

Fuentes: http://www.gruposdejesus.com
http://sanvicentemartirdeabando.org/
http://eclesalia.wordpress.com/
http://feadulta.com/

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Dios nunca rechaza a nadie
Fray Marcos
Mt 21, 33-43
DOMINGO 27 (A) (Mt 21,33-43)
Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía lo que había sucedido ya.
El relato es a la vez parábola y alegoría. A cada elemento del relato, corresponde un elemento espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo judío. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados son los profetas. El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo es la comunidad cristiana.
El relato del evangelio es copia del texto de Isaías. Pero si nos fijamos, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de uvas, dio agrazones.
En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se les podía ocurrir.
No es probable que Jesús la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesta la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios los rechazara para elegir a otro pueblo. Refleja una reflexión de la comunidad cristiana.
Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. El relato no solo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazadas.
Recordemos que entre la Torá y el mensaje del Jesús existe un peldaño, los profetas que dieron chispazos en la dirección correcta: “esto sucedió para que se cumpliesen las Escrituras”. Muchas de las enseñanzas de Jesús ya las encontramos en ellos.
La piedra desechada es ahora la piedra angular. Es la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús nunca pensó en una nueva religión ni un nuevo Dios. Jesús fue judío y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros sobrepasa el pensamiento bíblico.
Aquellos jefes religiosos no eran malvados. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que los perdió fue confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños del pueblo.
La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo con la voluntad de Dios. No se puede separar el interés de Dios del interés del hombre. Nunca se puede machacar al ser humano en nombre de Dios.
¿De qué frutos nos habla el evangelio? Isaías dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos”. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.
Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros mismos. Siendo y dándose a los demás, Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.
De canción de amor a parábola de muerte y vida
José Luis Sicre

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Mt 21, 33-43
Domingo 27. Ciclo A
Canción de amor (Isaías)
Hacia el año 735 a.C., un muchacho joven, Isaías, se presenta a los habitantes de Jerusalén y los invita a escuchar una canción de amor. Un amigo suyo, que tenía una viña, realizó toda clase de trabajos para mejorarla. Al final, ilusionado, espera que dé buenas uvas… pero da uvas amargas, agrazones. Indignado, le pregunta al auditorio qué más podía haber hecho por su viña. Y le dice lo que hará: destrozar todo lo hecho anteriormente para que no quede rastro de ella.
La gente está divertida y desconcertada. ¿Quién es el amigo de Isaías? ¿A qué se refiere la viña? Porque está claro que no se trata de una viña, sino de una mujer, que le ha puesto los cuernos. Y la van a tratar como manda la ley, que no es nada suave en estos casos.
Isaías resuelve el enigma. Su amigo es Dios, y la viña son los hombres de Judá y de Jerusalén. Dios les había hecho toda clase de favores y esperaba de ellos bondad y justicia, y lo que encuentra es maldad e injusticia.
Parábola de muerte y vida (Mateo)
Ocho siglos más tarde, Jesús utilizará la canción de Isaías para ofrecer un mensaje muy distinto. «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda…» Pero la continuación es muy distinta. La viña es buena, da buenos frutos. El problema radica en los campesinos a los que el propietario ha arrendado la viña. Se niegan a pagar lo debido y maltratan y despiden con las manos vacías a quienes les envían. El propietario, después de varios intentos, decide mandar a su hijo, y a este lo matan para quedarse con la viña.
¿Qué decidirá el propietario? Es el auditorio quien responde: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Pero esto no resuelve el mayor problema: ¿Qué pasa con el hijo, lo más valioso que tiene el propietario? La parábola no desarrolla el tema pero sugiere su muerte y resurrección, su triunfo: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.»
¿Quiénes son los malvados? A diferencia de la canción de Isaías no se trata de todo el pueblo, porque la vida es buena, da sus frutos. Los malvados son los que están al fondo del auditorio escuchando a Jesús: ««Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iban por ellos» (v.45, palabra que la liturgia ha suprimido de forma incomprensible, aunque ya nos tiene acostumbrados a operaciones de este tipo).
Tres grandes enseñanzas
1. La canción de la viña de Isaías insiste en una idea que a muchos cristianos todavía les resulta extraña: el amor de Dios se paga con amor al prójimo. Dios ha hecho mucho por los israelitas, pero lo que pide de ellos no es actos de culto sino la práctica de la justicia y el derecho. Jesús dirá que el segundo mandamiento (amar al prójimo) es tan importante como el primero (amar a Dios). Y la 1ª carta de Juan afirma: «Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amar… a nuestros hermanos».
2. Para Jesús, a diferencia de Isaías, el pueblo no es una viña mala e improductiva. Al contrario, da frutos a su tiempo. El mal radica en las autoridades religiosas, que consideran la viña propiedad privada y no reconocen a su auténtico propietario. Sería completamente equivocado utilizar la homilía de este domingo para atacar al público presente, que bastante hace con soportarnos. Quienes debemos sentirnos especialmente interpelados somos los que tenemos una responsabilidad dentro de la comunidad cristiana.
3. La parábola subraya la importancia y triunfo de Jesús. Después de todos los profetas (los criados), él es “el hijo”, lo más valioso que Dios puede mandar. Y aunque las autoridades religiosas lo infravaloren y desprecien, él termina convertido en la piedra angular del nuevo edificio de la Iglesia.
La paz de Dios y la forma de conseguirla (Filipenses 4,6-9)
La lectura de Pablo comienza con las palabras: «Nada os preocupe», y repite más adelante dos promesas muy parecidas: «La paz de Dios custodiará vuestros corazones» y «el Dios de la paz estará con vosotros». La paz, siempre necesaria, lo es quizá más en este tiempo. Pablo indica a los cristianos de Filipos tres recursos para conseguirla: 1) la oración, la súplica y la acción de gracias; 2) tener en cuenta todo lo que es virtud o mérito; 3) poner por obra lo que recibieron, oyeron y vieron en él.
Si reflexionamos sobre estos recursos y los ponemos en práctica, conseguiremos la paz de Dios.

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La piedra desechada es ahora la piedra angular
Domingo veintisiete del tiempo ordinario (Mt 21,33-43)
Ya no es sólo conflicto con sumos sacerdotes y senadores, sino que se ve venir el rechazo, la destrucción y la muerte. Jesús sigue narrando parábolas porque ve que las “autoridades” no recapacitan. Sigue intentando que perciban que tan sólo desea “reunir a los hijos como una clueca reúne bajo las alas a los pollitos” (Mt 23,37) … pero no quieren ¡más ternura imposible!
Jesús los confronta con toda la historia profética de Israel, aquellos que han recordado que lo que Dios quiere es “misericordia y no sacrificios” y porque lo han recordado han sido eliminados. Lo mismo que van a hacer con el mismo Hijo que ha sido enviado. Esta parábola, a estas horas, ya no necesita explicación. Sumos sacerdotes y senadores saben que la parábola “iba por ellos”.
¿Cómo es posible que una estructura religiosa se endurezca tanto? ¿Cómo es posible que en hombres y mujeres religiosos el corazón se necrose de tal manera que aparezca el insulto, el rencor, el rechazo, la mala fe…? ¿Cómo es posible que de Jesús se llegue a decir, por parte de las autoridades religiosas, que actúa por el poder de Belcebú, el príncipe de los demonios? ¿Cómo será posible que el núcleo del sistema religioso triture al Hijo enviado a la viña para proclamar la Buena Noticia de Dios? Es posible por el miedo a nuestra pequeñez que enmascaramos con una pretendida divinización esplendorosa.
Si queremos de corazón, y de los deseos sinceros no podemos dudar porque nos dañamos, entrar en el ámbito del Señor Jesús; si deseamos que su Santo Espíritu nos configure para tener entre nosotros sus mismos sentimientos, nos tenemos que decir de una vez por todas, con paz y hondura, que el que digamos “yo creo en Dios” no significa absolutamente nada. El tema no es creer en Dios sino en qué Dios creemos. Esto nos es un asunto teórico sino decisivo para ubicarnos en la vida. Todo lo que estamos escuchando estos domingos es una colisión entre dos percepciones de Dios.
El dios de los sumos sacerdotes y senadores encubre unas tremendas ansias de poder y dominio, de reconocimiento social, de prestigio, de tesoros de todo tipo… porque les da pavor aceptar su vulnerabilidad y pequeñez como criaturas. Todo lo han convertido en una mascarada de cartón piedra como los “gigantes y cabezudos”, cuando lo que el Dios de la Vida quiere es el ganapán que va dentro soportando todo el matalotaje agotador. Jesús nos muestra que lo que el Dios de la Vida abraza, fortalece, bendice y perdona compasivamente es nuestro ser hombres y mujeres débiles y vulnerables.
“La piedra desechada es ahora la piedra angular”, el despojo y desecho de la cruz es el lugar de la divina presencia y no el “sancta sanctórum” del Templo. La desnudez del crucificado, y de los crucificados y desechados del mundo, frente al boato, trajes estrambóticos y parafernalias rituales, muestra la nitidez de nuestra vulnerable condición humana abrazada por el Compasivo. La victimas no son los culpables, sino que son los Santos Inocentes, ese Jesús victima con las victimas es ahora la piedra angular.
La piedra angular, la que sostiene y fortalece la casa, es ahora lo que expresa la fidelidad incondicional de Jesús el Hijo del Dios Vivo. Ese Hijo que en su amor crucificado nos lleva a poder decir en el Himno de Laudes del Viernes de la Primera Semana “dulce locura de misericordia: los dos de carne y hueso”.
Toni Catalá SJ

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Viñador
Yo doy tan poco fruto,
y tú no desesperas.
Parezco viña estéril,
incapaz de producir
una buena cosecha
de verdades y justicia,
de humildad y amores,
de compasión y reposo.
Pero tú no abandonas,
y sigues cuidando esta parcela
con el sol de tu palabra
y tu lluvia de agua viva.
Con sabiduría riegas
este campo sediento.
Remueves la tierra,
podas los sarmientos,
adivinas los brotes donde, un día,
habrá fruto.
No desistas, viñador.
Llegará un día
en que todo estará
como soñaste.
José María R. Olaizola, SJ

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Andrés, un campeón de salud mental
Un discípulo poseedor del hábito de buscar el lado bueno de las cosas
Dolores Aleixandre
Protocletos: por ese nombre, sonoro y solemne, conocen en la Iglesia ortodoxa al apóstol Andrés, al andreios, el valeroso. Fue uno de la doble pareja de hermanos pescadores elegidos por Jesús en el lago de Galilea pero ya desde ese primer momento, es Simón quien chupa cámara acaparando la atención y Andrés pasa a segundo plano: “Vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el lago… (Mc 1, 16)). Simón es el protagonista y Andrés, “su hermano”.
En la lista de los doce elegidos, retrocede varios puestos: “Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe…” (Mc 3, 16-18) Ni sobrenombre, ni procedencia paterna, ni mote cariñoso y además nombrado en cuarto lugar junto a la tropa de los demás.
Tampoco va en el grupito de discípulos a los que Jesús se lleva con él en tres momentos intensos: a casa de Jairo donde va a resucitar a su hija (Mc 5, 37), en la transfiguración (Mc 9, 2) y en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 32) Los tres elegidos son siempre los mismos: Pedro, Santiago y Juan. ¿Dóndeha quedado Andrés? ¿Por qué se rompe la lógica simetría de elección de los cuatro primeros ? ¿Qué ha hecho Andrés para quedar excluido?
Recuerdo un capítulo general de mi congregación en el que el proceso para elegir a la superiora general estaba confuso y en el primer sondeo que hicimos dando nombres, en el resultado finalhabía 90 nominadas de las 95 participantes. Una francesa mayor con muy buen humor, colgó en el tablón de anuncios una foto suya con el letrero: “Et moi, pourquoi pas?”
Eso mismo podía haber reclamado Andrés a Jesús: “Y yo ¿por qué no?”¿ Por qué no me llevas, ni me eliges? ¿Por qué pasas de mí, me relegas, me ninguneas, me cancelas…?” Si los descartados hubieran sido los Zebedeos, probablemente habrían montado un numerito: buenos eran ellos y buena era su madre. Y no digamos Pedro, tan …yo-para-merecer-esto. Es verdad que el evangelio de Juan lo trata mejor: es uno de los dos primeros discípulos del Bautista que siguen a Jesús y actúa de intermediario en varias ocasiones: lleva a Pedro a Jesús, le presenta al muchacho que tenia panes y peces y es a él a quien buscan unos griegos que querían conocer a Jesús.
También en la serie Los elegidos Andrés es un personaje amable, simpático, bromista, algo patoso. Inolvidable verle bailando en las bodas de Caná…
Todo esto me lo sugiere la lectura veraniega del libro de Pascal Bruckner, Sufro, luego existo. La víctima como héroe (Siruela, Madrid 2026) en la que cuestiona las posturas lastimeras y autocomplacientes de los aquejados por una obsesión patológica por el reconocimiento y viven el más mínimo rechazo como un agravio. Hipersensibles a la menor contrariedad y alérgicos a cualquier inconveniente, padecen el “síndrome del guisante” y se adueñan del estatuto de víctima,impermeables a la empatía y a la piedad. Compararse con otros alimenta su envidia y buscan “certificados de sufrimiento” que los eleven por encima de sus semejantes en detrimento de los que de verdad sufren la desgracia.
La figura de Andrés, libre de esa cansina susceptibilidad, es una invitación a cultivar esa sanidad mental que permite vivir con un talante abierto, sin compararnos con nadie ni sentirnos frustrados porque han preferido a otros para algo. Y buscando siempre el lado bueno de las situaciones.
Imaginemos este breve sketch que transcurre en 24 horas:
Por la tarde, Andrés ve a Jesús hablando aparte con Pedro, Santiago y Juan y piensa: “Seguro que les cae algún encarguito de los típicos del Maestro. Qué suerte tengo, por esta vezme libro...”
Por la mañana sale Jesús acompañado de los tres con los que había hablado la víspera y se despiden del grupo diciendo que van a subir al monte a rezar y que no los esperen para comer. Y Andrés piensa: “Qué detalle ha tenido el Maestro al no pedirme a mí que lo acompañe… Seguro que se ha acordado de aquella vez que le hablé de mis vértigos en la altura…”
Al atardecer, vuelven los del monte. Andrés los está esperando con agua fresca, pan, aceitunas y dátiles: “Venga, a comer, que debéis estar cansadísimos y hambrientos. Y luego me contáis qué tal os ha ido por allá arriba…”
No me extrañaría nada que, allá en el fondo fondo, el que le caía mejor a Jesús fuera precisamente Andrés.
(Alandar, Septiembre 2026)

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¿Y quién piensa en los jóvenes?
por Álvaro Lobo, sj
El caso de Maricarmen, con sus muchos matices, parece haber sacado al debate público, al fin, un problema latente en nuestro país: el de la vivienda. Un derecho convertido en mercancía, que los políticos de turno no han sabido afrontar por incapacidad, irresponsabilidad o conveniencia, y que se convertirá en arma arrojadiza en tiempo preelectoral. Mientras una población obtiene beneficio legítimo por sus alquileres, otros, los que empiezan, comprueban que es más barato tener una hipoteca que alquilar, sabiendo que para la mayoría es impensable comprar ese ansiado primer hogar. Otros, aún trabajando mucho, reconocen que con su sueldo no les da.
En el fondo, refleja una paradoja de un sistema un tanto pe******do, en el que muchos jóvenes se ven escorados por un sistema que los convierte en colectivo vulnerable. Por mucho que se saque rédito electoral, conviene decir que, hoy por hoy, la tendencia ha cambiado. En términos generales, a nivel económico la población vulnerable ya no son tanto los jubilados -sabiendo que algunos malviven con una pensión baja-, sino los jóvenes que no tienen ni casa ni pensión ni ahorros ni patrimonio alguno. Que independizarse o tener casa en propiedad -e incluso hijos- se convierte en un auténtico lujo.
Asumir que la sociedad cambia implica aceptar ciertos logros, y uno de ellos es el merecido bienestar económico de parte de la tercera edad. Sin que esto no implique descuido, quizás conviene reconocer que ahora el foco hay que empezar a ponerlo en los jóvenes, no solo por lo que son y por la dignidad que merecen, también para que el sistema no vuelva reventar.

01/10/2026

Señor, hazme un instrumento de tu paz… El evangelio de hoy nos recuerda que somos enviados por Jesús precisamente a eso. Cuando Jesús envía a los 72 discípulos (que pueden ser cualquiera de nosotros), les dice: «Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’». Esa es la intención fundamental, aunque no funciona como un decreto mágico, porque la paz se construye cuando ambas partes la desean de corazón. «Si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá». Con todo y ese realismo, Jesús invita a permanecer y acoger: «Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan».
Habrá ocasiones en las que verdaderamente ya no es posible hacer más, y vale más tomar distancia y seguir adelante. Aún así, se mantiene la confianza en que «el Reino de Dios está cerca».
¿A dónde quisieras llevar hoy una palabra de paz?

1º. de octubre - Lc 10, 1-12

01/10/2026
14/06/2026

"Los ídolos del mercado son totalitarios: exigen que la vida humana se adapte a sus leyes, y si la vida humana no cabe en el mercado, es la vida la que debe ser sacrificada, nunca el mercado."

-Franz Hinkelammert

[Economista y teólogo alemán-costarricense, fue uno de los que más rigurosamente analizó cómo el mercado se "diviniza". Una de sus reflexiones más profundas apunta a la lógica de estos falsos dioses].

14/06/2026

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Calle E2 S/N Y Avda El Beaterio
Quito
170123

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