El centro de la espiritualidad de la Unidad y el Amor está expresado, enteramente, en el capítulo 17 del Evangelio de San Juan: "Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros, de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como lo
somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta." Sin embargo, esta espiritualidad, también entraña varios misterios fundamentales del cristianismo: la unión de las tres Divinas Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en una única naturaleza divina, la unión de la naturaleza divina y humana en la Encarnación del Verbo Divino, y la unión perfecta del alma con Dios a través de la Gracia. La Espiritualidad de la Obra de la Unidad lleva a un compromiso personal con Dios, en un verdadero camino de santidad. Por el contrario, sed santos en todo vuestro proceder como es santo el que os ha llamado, pues está escrito: "Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pe 1, 15-16). La didáctica divina ha querido que esta búsqueda de santidad empiece, primeramente, con la reestructuración del propio interior. En la unificación de las potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad; para de allí proyectar los frutos de la santidad a esferas sociales cada vez mayores como: la familia, la comunidad local, la Iglesia Católica y todas las otras legítimas iglesias y, finalmente, el mundo entero.