05/10/2026
Juan el Bautista estaba llamando a las personas a volver sus corazones a Dios. Y cuando le preguntaron qué debían hacer para demostrar ese arrepentimiento, su respuesta fue muy práctica:
Compartan con quien tiene necesidad.
Esto nos enseña algo importante: cuando nuestra relación con Dios es verdadera, inevitablemente comienza a afectar la manera en que tratamos a los demás.
No basta con decir que amamos a Dios mientras ignoramos las necesidades que tenemos delante.
Si tenemos más de lo que necesitamos y encontramos a alguien que carece de lo básico, el amor nos invita a preguntarnos qué podemos hacer.
Quizá no podamos solucionar todos los problemas del mundo. Pero sí podemos hacer algo por la persona que Dios puso delante de nosotros.
Un alimento.
Una prenda.
Una ayuda económica.
Una palabra de ánimo.
Una visita.
Un tiempo para escuchar.
A veces pensamos que para ayudar necesitamos tener mucho. Pero este versículo comienza diciendo: “El que tenga dos mantos…”
Es decir, comparte de aquello que tienes.
No esperes a tener abundancia para comenzar a ser generoso. La generosidad comienza cuando aprendemos a mirar nuestras bendiciones no solamente como algo para nosotros, sino también como una oportunidad para bendecir a otros.
Y aquí hay algo que no debemos olvidar: ayudar no significa hacerlo para sentirnos superiores ni para que otros nos admiren. Ayudamos porque hemos recibido misericordia y queremos reflejar esa misericordia.
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