19/05/2026
Enseñanza: El verdadero don de lenguas en Shavuot según la Escritura
Estamos cerca de Shavuot, y esta fiesta nos lleva directamente a uno de los momentos más profundos del Brit Hadashá: Hechos 2. Pero para entender correctamente el “don de lenguas”, no debemos comenzar desde experiencias modernas, tradiciones religiosas o emociones congregacionales, sino desde el texto bíblico mismo. Shavuot era una fiesta de peregrinación, por eso había en Jerusalén judíos piadosos de muchas naciones. En ese contexto descendió el Ruaj HaKodesh, y los discípulos comenzaron a hablar en otras lenguas.
Ahora bien, la Escritura aclara algo fundamental: en Hechos 2, el don de lenguas no fue una lengua misteriosa que nadie entendía. El texto dice que cada uno los oía hablar en su propio idioma, en la lengua en la cual había nacido. Por eso la gente se maravillaba y decía: “¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” Esto significa que el milagro fue que los discípulos, siendo galileos, hablaron sobrenaturalmente idiomas reales de los pueblos presentes: partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, Libia, Roma, cretenses y árabes.
Por lo tanto, el verdadero don de lenguas manifestado en Shavuot fue la capacidad sobrenatural dada por el Ruaj HaKodesh para comunicar las maravillas de Elohim en idiomas entendibles para otros pueblos. No fue desorden, no fue confusión, no fue hablar sonidos incomprensibles para impresionar a los demás. Fue una señal profética: el mensaje del Reino ya no quedaría encerrado en un solo territorio, sino que comenzaría a alcanzar a las naciones.
Aquí vemos una conexión poderosa con Babel. En Génesis 11, las lenguas fueron confundidas porque la humanidad quiso construir una unidad sin obediencia, una ciudad sin sometimiento al Creador y una torre para hacerse un nombre propio. Allí las lenguas dividieron. Pero en Shavuot, las lenguas fueron usadas por Elohim para reunir, para anunciar, para restaurar y para testificar. En Babel, el hombre usó su boca para exaltarse; en Shavuot, Elohim tomó la boca de Sus siervos para proclamar Sus maravillas.
Esto corrige muchas ideas modernas. Hoy se pretende muchas veces llamar “don de lenguas” a expresiones que nadie entiende, sin interpretación, sin claridad y sin edificación. Pero el modelo de Hechos 2 fue totalmente entendible. Las personas presentes no dijeron: “No entendemos nada”; al contrario, dijeron: “Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Elohim”. Ese es el punto central: el Ruaj no vino para producir ruido espiritual, sino para que la Palabra fuera entendida.
Por eso Pablo, en 1 Corintios 14, no prohíbe el hablar en lenguas, pero sí lo ordena. Él enseña que si alguien habla en lengua dentro de la congregación, debe haber interpretación; y si no hay interpretación, debe guardar silencio en la asamblea. También dice que prefiere hablar cinco palabras entendibles para instruir a otros que diez mil palabras en lengua sin entendimiento. Esto confirma que el Ruaj HaKodesh no anula la mente, no apaga el entendimiento y no produce caos. El Ruaj edifica, ordena, revela y lleva a la verdad.
Entonces, el verdadero don de lenguas no debe medirse por cuánto ruido produce, sino por cuánto edifica. No debe usarse para aparentar espiritualidad, sino para servir al propósito de Elohim. En Hechos 2, las lenguas fueron una herramienta de testimonio para que los pueblos escucharan la verdad. En 1 Corintios 14, Pablo enseña que en la congregación todo debe hacerse decentemente y con orden.
La enseñanza para nosotros en este Shavuot es clara: no busquemos lenguas para impresionar; busquemos que nuestra lengua sea santificada. Porque una boca llena del Ruaj no solo puede hablar conforme Elohim le conceda, sino que también deja de murmurar, deja de dividir, deja de maldecir, deja de manipular y comienza a anunciar la verdad con claridad. El mayor milagro no es solo hablar otro idioma; el mayor milagro es que una lengua humana, antes marcada por Babel, ahora sea gobernada por el Ruaj HaKodesh.
En resumen: en Hechos 2, el don de lenguas fue hablar idiomas reales y entendibles de otros pueblos presentes en Jerusalén, para que ellos escucharan las maravillas de Elohim. No fue una lengua incomprensible que nadie entendía, como muchas veces se pretende hoy. Shavuot nos enseña que cuando el Ruaj desciende, la voz humana deja de servir al orgullo de Babel y comienza a servir al Reino de Elohim.