27/09/2026
Hay una verdad que necesitamos volver a entender: Dios no es un Padre que quiere vernos vivir en escasez, sino un Padre que desea que aprendamos a vivir desde Su provisión, Su sabiduría y Su propósito.
La prosperidad bíblica no se trata solamente de cuánto tenemos, sino de lo que hacemos con lo que Dios pone en nuestras manos. Es aprender a administrar, crecer, compartir y avanzar sin que el dinero se convierta en nuestro señor.
Porque cuando entendemos quién es nuestro Padre, también cambia nuestra manera de relacionarnos con lo que tenemos.
Mi Padre me quiere próspero, pero primero quiere enseñarme a vivir como hijo.