22/09/2026
Hebreos 2:5–18 nos presenta una verdad profundamente consoladora: Jesucristo se hizo verdaderamente hombre, experimentó el sufrimiento y enfrentó la tentación para convertirse en nuestro Salvador y en un Sumo Sacerdote misericordioso.
Cuando luchas con la tentación, el temor, el dolor o la debilidad, no estás delante de un Dios distante. Cristo conoce nuestra condición y puede socorrer a quienes son tentados.
Su muerte también tuvo un propósito glorioso: destruir el poder de la muerte y liberar a quienes vivían esclavizados por el temor.
Por eso, nuestras pruebas no tienen la última palabra. En Cristo encontramos ayuda, consuelo y esperanza.
Y el consuelo que recibimos de Dios también puede convertirse en consuelo para otros.
No estás solo en tu sufrimiento. Aférrate a Cristo.