27/09/2026
*LA IGLESIA Y SU CONDICIÓN*
Un día nos presentaremos a Él.
Cuando yo tenga que pararme allí solo, que mi hermano no esté, mi pastor no esté, mi madre no esté, mi papá no esté, mi esposa no esté, mis niños no estén... ¡Oh, Dios! ¿Qué voy a hacer entonces? Eso puede ser antes de que el sol se ponga esta noche.
¡Oh, Cristo! Me pararé por ti ahora. Yo escogeré hoy: renunciaré a hablar mal de los demás, renunciaré a todo mi mal genio, renunciaré a todas mis indiferencias, renunciaré a todo.
Trasquílame, Señor; toma todo lo que tengo. Tú simplemente tómame, Señor. Yo quiero pararme en tu lugar, quiero ser trasquilado, quiero que todo egoísmo, todo orgullo, toda indiferencia... que todo sea quitado de mí. Además, quiero pararme por ti como un cordero trasquilado, dispuesto a rendir todos los placeres de lo que llaman «placeres de la vida»: todos los bailes, todas las fiestas, todas las ropas vulgares, el maquillaje, el lápiz labial, el esmalte para las uñas y toda esta indiferencia que se parece al mundo.
Tú dijiste:
«Ni siquiera actuéis como el mundo».
«Ni siquiera os asociéis con el mundo».
«Salid de en medio de ella». ¡Oh, Dios! Ayúdame, Señor.
Trasquílame hoy, tómame como un cordero y déjame permanecer mudo, sin abrir mi boca, sin decir nada al respecto; solo estar parado y ser trasquilado.
Eso lo hacen los 7 Truenos: los truenos nos santifican y nos trasquilan en este tiempo final.