23/07/2025
Al cumplirse 38 años de la Muerte de los Venerables Monseñor Alejandro Labaka y la Hermana Inés Arango, nuestra memoria se llena de gratitud, admiración y compromiso. Su entrega radical por él Evangelio y su profundo amor por los pueblos no contactados de la Amazonía ecuatoriana nos siguen interpelando con fuerza y ternura.
Ellos no buscaron la muerte, sino la vida: la vida en abundancia para sus hermanos waoranis. Se internaron en la selva no con armas, sino con la paz de Cristo, con el Evangelio en las manos y la esperanza en el corazón. Sabían que podían perder la vida, pero también sabían que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).
Su sangre derramada en la selva es semilla de una Iglesia misionera, encarnada, respetuosa de las culturas y defensora de la vida en todas sus formas. Nos recuerdan que el anuncio del Evangelio no es ajeno a la justicia, a la dignidad de los pueblos, ni al cuidado de la creación.
Hoy, su testimonio nos impulsa a salir de nuestras comodidades, a cruzar fronteras, a tender puentes con los más olvidados, a escuchar el grito de la Tierra y el clamor de los pueblos indígenas. Nos llaman a renovar nuestra vocación misionera con valentía, alegría y profunda fe.
Que su ejemplo nos inspire a seguir caminando como Iglesia sinodal, profética y samaritana, al servicio del Reino de Dios en la Amazonía y en todos los rincones donde la vida esté amenazada.
Mons. Alejandro e Hna. Inés: ¡Gracias por su testimonio de amor hasta el extremo! ¡Rueguen por nosotros!