13/09/2026
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*RB | 13 septiembre 2026 | Perdón*
_*“Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?” (Mt 18,21)*_
¿Qué es más fácil, pedir perdón o perdonar? No es sencillo vivir con la carga del mal sufrido -por una acción de otro- o infringido -por los errores u omisiones de uno mismo hacia los demás-. Es la carga del resentimiento y de la culpa, que pueden aplastar la esperanza, la alegría y la fraternidad.
No podemos ni debemos vivir con el peso de las deudas por cobrar -con odio o venganza- y por pagar -con amargura y miedo-. Más bien, estamos llamados a caminar hacia el horizonte del amor con los pasos de la bondad y el corazón del perdón. Es la expresión del amor, que no depende de las acciones de uno u otro, sino de la gratuita entrega mutua, donde quedan en segundo plano los sucesos, las palabras y los gestos, frente a la empatía basada en la fraternidad y la utopía que orienta los horizontes de plenitud.
La experiencia de haber sido perdonado por alguien, tiene que ver con la prioridad de la persona sobre sus acciones y la defensa de la dignidad sobre el ataque a sus incoherencias. El amor gesta -en el corazón- la compasión, construye libertad con el perdón, se manifiesta en la misericordia y se comparte con la reconciliación. Dicho de otro modo, no es posible el perdón sin la compasión, ni la misericordia sin haber sido misericordiado, ni la fraternidad sin reconciliación.
Seguir a Jesucristo nos libera de la apatía inconsciente frente al dolor de los demás y nos incita a dejar la ecpatía que nos hace indiferentes y desentendidos voluntarios de los pensamientos, sentimientos y actitudes de los demás. Si esto ocurre una, dos, siete y setenta veces, quiere decir que hay un trastorno emocional, poca experiencia de ser amados y cuestionable capacidad para seguir a Jesucristo. En cambio, el contacto con quien perdona a sus enemigos, carga con el odio de los verdugos y libera a todos de las ataduras del resentimiento… nos da ejemplo y fortaleza para aprender -una, dos, siete o setenta veces- a perdonar definitivamente.
Para no autodestruirnos como personas, familia, sociedad, iglesia, planeta y universo necesitamos “aprender a perdonar” con y como Jesucristo, descargando el peso del dolor sufrido con la bondad del amor entregado, … con gratuidad, fraternidad y alegría… pero -para ello- necesitamos contemplar las heridas con compasión, a los otros con misericordia y a sí mismo con humildad, mucha humildad…