19/06/2026
MIENTRAS EL MUNDO CORRE DETRÁS DEL DINERO, EL PAPA HIZO UNA ADVERTENCIA QUE POCOS QUIEREN ESCUCHAR
En una época marcada por la inteligencia artificial, las crisis sociales, el individualismo y la obsesión por el éxito, el papa León XIV lanzó un mensaje que interpela directamente al mundo moderno.
Lo hizo este viernes 19 de junio durante un encuentro en Castel Gandolfo con los participantes de los “Diálogos Borgo Laudato Si’”, una iniciativa que reunió a expertos, líderes, académicos y profesionales de distintos países para reflexionar sobre algunos de los desafíos más importantes que enfrenta actualmente la humanidad.
Sin embargo, detrás de los debates sobre tecnología, sostenibilidad, envejecimiento, economía y diplomacia, el Pontífice puso el foco en un problema mucho más profundo.
Según León XIV, vivimos en una época que corre el riesgo de perder su alma.
El Papa advirtió que existe una creciente “ceguera espiritual y cultural” que lleva a muchas personas a creer que el progreso técnico por sí solo puede resolver todos los problemas humanos.
Pero la realidad demuestra otra cosa.
Tenemos más tecnología que nunca.
Más información que nunca.
Más herramientas que nunca.
Y, sin embargo, también aumentan la soledad, la violencia, la desconfianza y el vacío existencial.
Por eso León XIV alertó sobre la tentación de construir una nueva “Torre de Babel”, una sociedad donde el lucro, el poder y los intereses económicos terminan ocupando el lugar que debería tener la dignidad humana.
Según explicó, cuando el dinero se convierte en el único criterio y los más vulnerables quedan relegados, aparece un proceso silencioso pero peligroso: la deshumanización.
El Pontífice recordó que las tragedias del pasado no pertenecen únicamente a los libros de historia. Cuando una sociedad pierde la memoria, deja de valorar a la persona y se convence de que el bien común es secundario, los errores pueden repetirse.
Por eso propuso un camino completamente distinto.
No construir una civilización basada en la competencia permanente.
No levantar muros entre personas, culturas o generaciones.
No dejar que la tecnología reemplace la compasión.
El Papa llamó a construir lo que definió como la “civilización del amor”.
Una sociedad donde la economía, la política, la cultura y el desarrollo tecnológico estén al servicio de la persona humana y no al revés.
Y dejó una reflexión que trasciende cualquier religión o ideología.
La transformación del mundo no comienza necesariamente con grandes discursos ni con decisiones espectaculares.
Comienza en los pequeños actos cotidianos.
En la fidelidad silenciosa.
En la capacidad de escuchar.
En la solidaridad.
En la ternura.
En la decisión de no volverse indiferentes frente al sufrimiento ajeno.
Para León XIV, el futuro no dependerá solamente de los avances tecnológicos ni de los acuerdos internacionales.
Dependerá de algo mucho más simple y mucho más difícil.
Que los seres humanos vuelvan a poner el amor en el centro de sus decisiones.
Porque cuando una sociedad deja de cuidar a las personas, termina perdiéndose a sí misma.
Y cuando vuelve a descubrir el valor de cada vida humana, comienza a encontrar nuevamente el camino de la esperanza.