Juan XXIII Ntra Madre de Monserrate

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Juan XXIII Ntra Madre de Monserrate ♥️ CON CRISTO TODO 🇮🇷
📿 SIN CRISTO NADA 🙏🏼

08/10/2026

📗 Lectio Divina: Lucas 11, 5-13
📆 Jueves 8 de octubre de 2026
🟢 XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

🕊️ 1. Prepararnos a la Palabra

Después de enseñarnos a orar con el Padre nuestro, Jesús nos habla hoy de una actitud indispensable para la vida de oración: la perseverancia.

Con la parábola del amigo que acude a medianoche, Jesús nos enseña a no abandonar la oración cuando la respuesta tarda. Dios no es indiferente a nuestras súplicas. Él conoce nuestras necesidades y, como Padre bueno, sabe qué necesitamos verdaderamente.

🌹En este mes del Santo Rosario y de las Misiones, pidamos la gracia de ser hombres y mujeres de oración perseverante, capaces de seguir llamando a la puerta de Dios incluso cuando todavía no vemos la respuesta.

🪔 Oración inicial:

Padre bueno,
enséñame a confiar en Ti cuando oro.
Cuando la respuesta tarde,
dame perseverancia.
Cuando no comprenda tus caminos,
dame paciencia.
Y cuando mi corazón se canse,
recuérdame que nunca dejo de ser tu hijo.
Por María, Madre del Rosario,
hazme perseverante en la oración.

Amén.

📖 2. Lectura creyente

Del santo Evangelio según san Lucas (11, 5-13)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«Supongan que uno de ustedes tiene un amigo y va a medianoche a su casa para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo nada que ofrecerle”.

Y si el otro responde desde dentro: “No me molestes; la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte los panes”.

Les digo que, aunque no se levante para dárselos por ser su amigo, al menos por su insistencia se levantará y le dará cuanto necesite.

Por eso yo les digo:

Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.

Porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

¿Quién de ustedes, si su hijo le pide un pescado, le dará una serpiente? Y si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión?

Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!»

Palabra del Señor.

💭 3. Meditar la Palabra

Jesús nos presenta a un hombre que llega a medianoche a pedir ayuda. No es un momento cómodo. La puerta está cerrada, todos están descansando y aparentemente no es el momento adecuado.

Pero aquel hombre insiste.

Y Jesús utiliza esta imagen para enseñarnos algo sobre la oración: no debemos confundir la demora con el silencio de Dios ni el silencio con la ausencia de Dios.

A veces oramos y queremos una respuesta inmediata.

Pedimos por nuestra familia.
Por una enfermedad.
Por una necesidad económica.
Por un hijo.
Por una conversión.
Por una situación que nos preocupa.

Y cuando nada cambia, podemos sentir la tentación de pensar que Dios no nos escucha.

Pero Jesús nos dice:

«Pidan… busquen… llamen».

Los tres verbos expresan perseverancia.

Seguir pidiendo.
Seguir buscando.
Seguir llamando.

No porque Dios necesite ser convencido, sino porque la perseverancia transforma también el corazón de quien ora.

Cuando insistimos delante de Dios, aprendemos a confiar más profundamente. Nuestra oración deja de ser solamente una lista de cosas que queremos y se convierte en una relación con el Padre.

Y Jesús nos revela algo todavía más hermoso.

El Padre sabe dar cosas buenas.

Quizá nosotros pedimos algo concreto y Dios responde de una manera diferente. No siempre concede exactamente lo que imaginamos, pero nunca deja de ser Padre.

Por eso el Evangelio termina llevándonos al don más grande:

el Espíritu Santo.

Jesús no nos invita simplemente a pedir cosas.

Nos invita a pedir al mismo Dios.

El Espíritu Santo es quien fortalece nuestra fe, ilumina nuestras decisiones, consuela nuestras heridas y nos ayuda a vivir como hijos del Padre.

Hoy podemos mirar también nuestro Rosario.

Cada Ave María repetida con fe es una forma sencilla de perseverar. Decenas que quizá hemos rezado cientos de veces, pero que siguen llevando nuestro corazón hacia Cristo.

No subestimemos una oración perseverante.

Quizá hoy no vemos el fruto.

Pero Dios está obrando.

La oración perseverante no es una pérdida de tiempo: es un acto de confianza.

💬 Preguntas para la meditación:

▪️¿Abandono fácilmente la oración cuando no recibo una respuesta inmediata?

▪️ ¿Qué petición necesito volver a poner hoy en las manos del Padre?

▪️¿Confío en que Dios sabe qué es verdaderamente bueno para mí?

▪️¿Le pido al Señor el don del Espíritu Santo con frecuencia?

🙏🏼 4. Orar con la Palabra

Padre bueno,
hoy vuelvo a llamar a tu puerta.

Tú conoces mis necesidades
antes incluso de que las pronuncie.

Conoces mis lágrimas,
mis preocupaciones
y aquello que guardo en silencio.

Enséñame a perseverar.

Cuando no vea respuesta,
que no abandone.

Cuando no comprenda,
que confíe.

Cuando tenga miedo,
que recuerde que soy tu hijo.

No quiero pedirte solamente cosas.

Quiero pedirte tu Espíritu Santo,
para que transforme mi corazón
y me enseñe a vivir según tu voluntad.

Amén.

✨ 5. Contemplar al que es la Palabra

Imagina que estás delante de la puerta de Dios.

Llevas contigo aquello que más pesa en tu corazón.

No necesitas esconder nada.

Llama.

Una vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Ahora escucha a Jesús:

««Pide.
Busca.
Llama.
No tengas miedo de volver a mí.
Mi Padre te escucha.
Confía.»»

Permanece unos momentos en silencio.

Entrega a Dios aquello por lo que llevas tiempo rezando.

No intentes controlar la respuesta.

Simplemente confía.

Y repite:

🙏🏼 Padre, confío en Ti

💡 6. Vivir la Palabra

Hoy elige una intención por la que llevas tiempo orando y vuelve a presentarla al Señor con confianza.

Reza un misterio del Santo Rosario por esa intención, pero al finalizar añade:

«Padre, que no se haga solamente lo que yo quiero, sino lo que Tú sabes que es bueno para mí. Dame tu Espíritu Santo».

Durante el día, cada vez que aparezca la preocupación, repite:

🙏🏼 Pido, busco, llamo y confío

🙏🏼 Oración final

Padre celestial,
gracias porque puedo acudir a Ti
en todo momento.

Gracias porque escuchas
incluso las oraciones que hacemos
con lágrimas y cansancio.

Dame perseverancia
para no abandonar el camino de la oración.

Cuando las puertas parezcan cerradas,
enséñame a seguir confiando.

Cuando no encuentre respuestas,
enséñame a esperar.

Cuando mi voluntad quiera imponerse,
enséñame a abandonarme en la tuya.

Te entrego hoy mis necesidades,
las de mi familia
y las de todas las personas
por las que estoy rezando.

Y sobre todo, Padre,
dame tu Espíritu Santo.

Que Él ilumine mi camino,
fortalezca mi fe,
sane mi corazón
y me conduzca siempre hacia Cristo.

María, Madre del Santo Rosario,
enséñame a perseverar en la oración
con la misma confianza
con la que tú guardabas todo en tu corazón.

Amén.

❤️ Padre, hoy vuelvo a llamar a tu puerta: dame tu Espíritu Santo y enséñame a confiar.

Amén.

07/10/2026
07/10/2026

📖 Lectio Divina: Lucas 1, 26-38
📆 Miércoles 7 de octubre de 2026
⚪ XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

🌹 Memoria de Nuestra Señora del Rosario

🕊️ 1. Prepararnos a la Palabra

Hoy contemplamos uno de los momentos más grandes de la historia de la salvación: la Anunciación del Señor.

🪽 Dios envía al ángel Gabriel a una joven de Nazaret y le anuncia un misterio que supera toda comprensión humana. María escucha, pregunta, confía y finalmente pronuncia una palabra que cambiará la historia: «Hágase en mí según tu palabra».

💙 En este día dedicado a Nuestra Señora del Rosario, aprendemos de María que rezar el Rosario no consiste solamente en repetir oraciones, sino en entrar con ella en la contemplación de los misterios de Cristo y aprender a responder a Dios con un corazón disponible.

🪔 Oración inicial:

💙 María, Madre del Rosario,
enséñame a escuchar a Dios como tú escuchaste.
Ayúdame a no tener miedo ante sus planes
y a confiar incluso cuando no comprenda todo.

Haz de mi corazón un lugar donde Jesús pueda habitar.
Que al contemplar los misterios del Rosario,
aprenda también a decir cada día:

🙏🏼 Hágase en mí según tu palabra

Amén.

📖 2. Lectura creyente

Del santo Evangelio según san Lucas (1, 26-38)

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven virgen llamada María, desposada con José, de la familia de David.

El ángel entró donde ella estaba y le dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

María quedó desconcertada ante estas palabras y se preguntaba qué significaba aquel saludo.

El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo».

María preguntó:

«¿Cómo será esto, pues no conozco varón?»

El ángel le respondió:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios».

Entonces María dijo:

«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor.

💭 3. Meditar la Palabra

La Anunciación comienza con una iniciativa de Dios. María no estaba buscando protagonismo ni imaginando que sería escogida para una misión extraordinaria.

Dios entra en su vida y la llama.

El primer mensaje del ángel es también una palabra que necesitamos escuchar muchas veces:

«No temas».

María tiene preguntas. No comprende completamente cómo sucederá aquello que Dios le anuncia. Pero su pregunta no nace de la desconfianza; nace del deseo de comprender.

Y después de escuchar, María responde.

No exige tener todas las respuestas. No pide conocer cada detalle del futuro. No pregunta qué dificultades tendrá que enfrentar.

Simplemente se abandona a Dios:

«Hágase en mí según tu palabra».

Aquí encontramos el corazón de la fe.

Confiar no significa comprenderlo todo. Significa creer que Dios sabe el camino incluso cuando nosotros todavía no podemos verlo.

Hoy, al celebrar a Nuestra Señora del Rosario, contemplamos precisamente a María como aquella que guarda y medita los misterios de Dios.

Cada misterio del Rosario nos lleva a Jesús.

Por eso, cuando rezamos el Rosario con María, aprendemos también su escuela interior: mirar a Cristo, escuchar su Palabra, guardar sus misterios en el corazón y dejarnos transformar por ellos.

Quizá hay algo en nuestra vida que todavía no comprendemos.

Una situación familiar.
Una espera.
Una enfermedad o sufrimiento.
Una decisión.
Una puerta que se ha cerrado.
Un futuro que nos preocupa.

María nos enseña a colocarlo todo delante de Dios.

No nos promete que comprenderemos inmediatamente.

Nos enseña algo más profundo:

podemos confiar.

Y su «sí» nos recuerda que Dios también puede realizar grandes cosas a través de una vida sencilla que se entrega completamente a Él.

💬 Preguntas para la meditación:

🌷 ¿Qué miedo necesito poner hoy en las manos de Dios.

🌺 ¿Soy capaz de confiar aunque todavía no comprenda sus planes?

🌷 ¿Qué significa para mí decir verdaderamente: «Hágase en mí según tu palabra»?

🥀 ¿Estoy rezando el Santo Rosario como una verdadera contemplación de Cristo junto a María?

🙏🏼 4. Orar con la Palabra

Señor Jesús,
por medio de María
enséñame a confiar en Ti.

Cuando tenga miedo,
recuérdame: «No temas».

Cuando no comprenda tus caminos,
dame una fe sencilla.

Cuando tus planes sean diferentes de los míos,
dame un corazón disponible.

María, Madre del Rosario,
enséñame a guardar la Palabra
y meditarla en mi corazón.

Que cada Ave María
me acerque más a Jesús.

Y que mi vida pueda responder cada día:

🙏🏼 Aquí estoy, Señor.*
*Hágase en mí según tu palabra

Amén.

✨ 5. Contemplar al que es la Palabra

Imagina la humilde casa de Nazaret.

María está allí cuando el ángel llega.

Contempla su silencio.

Mira su rostro: quizá sorprendido, quizá lleno de preguntas, pero abierto a Dios.

Ahora escucha las palabras del ángel:

«No temas».

Permanece unos instantes en silencio.

Después contempla a María pronunciando su «sí»:

««Aquí está la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra».»

Haz silencio.

Y presenta a Jesús aquello que hoy te cuesta aceptar.

Tu preocupación.
Tu miedo.
Tu espera.
Tu incertidumbre.

Dile:

❣️ Jesús, con María quiero confiar en Ti

💡 6. Vivir la Palabra

Hoy, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, reza el Santo Rosario —o al menos un misterio si no puedes rezarlo completo— ofreciendo cada decena por una intención misionera concreta.

Al terminar, toma unos minutos de silencio y dile al Señor:

«Aquí estoy. Hágase en mí según tu palabra».

Después busca una oportunidad concreta para decir “sí” a Dios mediante un acto de servicio, perdón, paciencia o caridad.

Hoy quiero vivir mi “sí” a Dios como María.

🙏🏼 Oración final

María, Madre del Rosario,
hoy acudimos a ti
para aprender de tu corazón.

Enséñanos a escuchar
cuando Dios nos habla.

Enséñanos a confiar
cuando no comprendemos.

Enséñanos a esperar
cuando el camino se hace difícil.

Enséñanos a decir sí
cuando Dios nos pide algo que nos cuesta.

Madre, acompáñanos en nuestras familias,
en nuestras preocupaciones
y en nuestras luchas de cada día.

Pon a Jesús en el centro de nuestra vida.

Que cada Rosario que recemos
sea una escuela de fe,
un camino hacia Cristo
y una oración por la salvación del mundo.

Ruega por los misioneros,
por quienes anuncian el Evangelio
y por quienes todavía no conocen
el amor de tu Hijo.

Y cuando llegue nuestra hora de responder,
ayúdanos a decir con confianza:

🛐 Aquí está la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra

Amén.

🌹 María, Madre del Rosario, enséñame a decir cada día a Jesús: «Hágase en mí según tu palabra».

Amén.

06/10/2026

📗 Lectio Divina: Lucas 10, 38-42
📆 Martes 6 de octubre de 2026
🟢 XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

🕊️ 1. Prepararnos a la Palabra

Hoy entramos en una casa donde Jesús es recibido con amor. Allí encontramos a dos hermanas: Marta, ocupada en el servicio, y María, sentada a los pies del Señor escuchando su Palabra.

Jesús no desprecia el servicio de Marta. Pero le muestra algo que puede sucedernos también a nosotros: podemos estar haciendo muchas cosas para Dios y, sin embargo, olvidar estar con Dios.

🌹 En este mes dedicado al Santo Rosario y a las Misiones, pidamos la gracia de aprender a unir contemplación y acción: un corazón que primero escucha a Jesús y luego sirve desde Él.

🪔 Oración inicial:

Señor Jesús,
entra también hoy en mi casa y en mi corazón.
Enséñame a detenerme delante de Ti,
a escuchar tu Palabra
y a descubrir qué es verdaderamente necesario.

Líbrame de una vida llena de actividad
pero vacía de tu presencia.
Que María me enseñe a contemplarte+
y que mi servicio nazca siempre de estar contigo.

Amén.

📖 2. Lectura creyente

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Marta tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor escuchaba su palabra.

Marta, en cambio, estaba ocupada con muchos quehaceres. Entonces se acercó a Jesús y le dijo:

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con todo el servicio? Dile que me ayude».

Pero el Señor le respondió:

«Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas; pero solo una es necesaria. María ha elegido la mejor parte, y no se la quitarán».

Palabra del Señor.

💭 3. Meditar la Palabra

Marta recibe a Jesús en su casa. Su servicio nace de un gesto hermoso: quiere atender al Señor.

El problema no es que Marta sirva. El problema aparece cuando el servicio comienza a llenarla de preocupación, inquietud y comparación.

Podemos hacer cosas buenas y, sin embargo, hacerlas con un corazón cansado, ansioso o resentido.

Marta termina mirando a María y preguntándose por qué ella no está haciendo lo mismo. Ya no contempla a Jesús; comienza a mirar lo que hace la otra persona.

Esto puede ocurrir también en nuestra vida.

Servimos, trabajamos, cuidamos, evangelizamos, rezamos, ayudamos a otros… pero en algún momento podemos sentir que todo depende de nosotros.

Entonces aparece la inquietud.

Jesús no le dice a Marta que servir no sea importante. Le dice:

«Solo una es necesaria».

La primera necesidad del discípulo es estar con Él.

María se sienta a los pies de Jesús. Esa postura expresa humildad, escucha y disponibilidad. Antes de hablar, escucha. Antes de hacer, recibe. Antes de servir, permanece con el Maestro.

También nuestra misión necesita este orden.

Si queremos llevar a Cristo a los demás, primero necesitamos dejarnos llenar de Cristo.

Un Rosario rezado con el corazón, unos minutos ante el Sagrario, la lectura pausada del Evangelio, una oración en silencio… pueden parecer tiempos en los que “no estamos haciendo nada”.

Pero precisamente allí Dios puede transformar nuestro corazón.

La contemplación no nos aleja del servicio. Purifica nuestro servicio.

Cuando aprendemos a estar con Jesús, dejamos de servir para ser reconocidos y comenzamos a servir por amor.

Hoy Jesús también pronuncia nuestro nombre con ternura:

«Marta, Marta…»

Es como si nos dijera:

“Detente un momento. No todo depende de ti. Ven, siéntate conmigo. Escucha. Yo también quiero cuidar de ti”.

❓Preguntas para la meditación:

🔅¿Estoy tan ocupado haciendo cosas que he dejado de escuchar a Jesús?

🔅¿Mi servicio nace del amor o de la necesidad de sentirme necesario?

🔅¿Me comparo con lo que hacen los demás?

🔅¿Qué espacio concreto estoy dando cada día a la oración silenciosa?

🙏🏼 4. Orar con la Palabra

Señor Jesús,
tantas veces vivo preocupado por muchas cosas.

Corro, hago, organizo y resuelvo,
pero mi corazón termina lejos de Ti.

Perdóname cuando olvido
que lo primero es permanecer contigo.

Enséñame a sentarme a tus pies,
a guardar silencio
y a escuchar tu voz.

Purifica mi servicio
para que no busque reconocimiento.

Dame un corazón como el de María:
atento, humilde y disponible.

Y cuando tenga que servir,
que lo haga desde tu presencia
y no desde mi propia ansiedad.

Amén.

✨ 5. Contemplar al que es la Palabra

Imagina la casa de Marta.

Observa a María sentada a los pies de Jesús.

Mira ahora al Señor.

Jesús te mira también a ti.

Tal vez conoce tus cansancios, tus preocupaciones y todo aquello que intentas resolver.

Escucha cómo pronuncia tu nombre con ternura:

««Hijo mío, hija mía,
te preocupas por muchas cosas.
Ven. Quédate conmigo.
No todo depende de ti.
Yo soy lo único necesario.»»

Quédate unos momentos en silencio.

No le pidas nada.

Simplemente permanece con Él.

Deja que tu corazón descanse en la presencia de Jesús.

Y repite lentamente:

🙏🏼 Señor, aquí estoy. Quiero escucharte

💡 6. Vivir la Palabra

Hoy reserva al menos diez minutos de silencio delante de Dios, sin teléfono, sin distracciones y sin intentar resolver nada.

Lee lentamente el Evangelio de hoy y quédate con una frase:

«Solo una cosa es necesaria».

Después reza un misterio del Santo Rosario, pidiendo a María que te enseñe a contemplar a Jesús antes de salir a servir.

Durante el día, cuando aparezca la preocupación, repite:

🙏🏼 Jesús, Tú eres lo único necesario

🙏🏼 Oración final

Señor Jesús,
entra en mi casa
y quédate conmigo.

Cuando mi corazón se llene de preocupaciones,
enséñame a detenerme.

Cuando quiera hacerlo todo,
recuérdame que necesito de Ti.

Cuando me compare con los demás,
devuélveme la paz.

Cuando sirva,
que no busque aplausos.

Cuando rece,
que no lo haga solamente con los labios.

Hazme discípulo que escucha,
corazón que contempla
y manos que sirven.

Que nunca permita que mi actividad
me robe tu presencia.

María, Madre de la escucha,
enséñame a sentarme a los pies de Jesús
y a guardar su Palabra en el corazón.

Que de mi oración nazca mi servicio
y que mi servicio conduzca siempre hacia Ti.

Amén.

❣️ Jesús, enséñame a elegirte cada día: Tú eres la única cosa necesaria.

Amén.

05/10/2026

📖 Lectio Divina: Lucas 10, 25-37
📆 Lunes 5 de octubre de 2026
⚪ XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

🕊️ 1. Prepararnos a la Palabra

Hoy Jesús nos presenta una de las parábolas que más profundamente revela el corazón de Dios: el Buen Samaritano.

Un hombre queda herido al borde del camino. Muchos pueden verlo, pero solamente uno se detiene, se acerca, cura sus heridas y se hace cargo de él. Jesús nos enseña así que el amor al prójimo no consiste solamente en sentir compasión, sino en hacernos cercanos al que sufre.

🌹En este mes dedicado al Santo Rosario y a las Misiones, pidamos la gracia de no pasar indiferentes ante el dolor de quienes Dios pone en nuestro camino.

🕯️Oración inicial:

Señor Jesús,
abre mis ojos para reconocer al que sufre,
abre mi corazón para compadecerme
y abre mis manos para servir.

Líbrame de una fe que solamente habla
y enséñame a amar con obras concretas.
Que María, Madre del amor,
me enseñe a llevar tu misericordia
a cada persona que encuentre hoy.

Amén.

📖 2. Lectura creyente

Del santo Evangelio según san Lucas (10, 25-37)

En aquel tiempo, un maestro de la Ley se levantó para poner a prueba a Jesús y le preguntó:

«Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?»

Jesús le preguntó qué está escrito en la Ley. Él respondió:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo».

Jesús le dijo:

«Has respondido bien. Haz esto y vivirás».

Pero el hombre, queriendo justificarse, preguntó:

«¿Y quién es mi prójimo?»

Entonces Jesús contó que un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron, lo golpearon y lo dejaron medio mu**to.

Pasaron por allí un sacerdote y después un levita, pero ambos siguieron de largo.

En cambio, un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, se compadeció. Se acercó, curó sus heridas, las vendó y lo llevó a una posada. Allí cuidó de él y encargó al posadero que continuara atendiéndolo.

Entonces Jesús preguntó:

«¿Cuál de estos tres te parece que se hizo prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones?»

El maestro de la Ley respondió:

«El que tuvo compasión de él».

Jesús le dijo:

«Ve y haz tú lo mismo».

Palabra del Señor.

💭 3. Meditar la Palabra

El maestro de la Ley pregunta: «¿Quién es mi prójimo?». Jesús cambia la pregunta.

No se trata solamente de identificar quién merece nuestro amor. Se trata de preguntarnos:

¿De quién puedo hacerme prójimo?

El hombre herido no podía devolverle nada al samaritano. No podía agradecerle, recompensarlo ni ofrecerle ninguna ventaja. Simplemente estaba allí, necesitado.

Y el samaritano se detuvo.

Ahí comienza la misericordia: en dejar que el sufrimiento del otro interrumpa nuestro camino.

Los otros hombres también vieron al herido. El problema no era que no lo hubieran visto. Lo vieron, pero siguieron adelante.

También nosotros podemos acostumbrarnos a ver el dolor sin dejarnos tocar por él.

Vemos a alguien triste y seguimos.
Sabemos que alguien necesita ayuda y esperamos que otro lo haga.
Escuchamos un problema y cambiamos de tema.

El Buen Samaritano nos enseña que el amor cristiano tiene ojos para ver, corazón para compadecerse y manos para actuar.

Además, Jesús no presenta la misericordia como una emoción pasajera. El samaritano se acerca, cura, carga, lleva, cuida y paga.

El amor verdadero se compromete.

Quizá hoy el prójimo que Dios nos pide amar no está lejos. Puede estar dentro de nuestra propia casa, en nuestra familia, en el trabajo, en nuestra comunidad o incluso en alguien con quien hemos tenido dificultades.

A veces queremos grandes misiones, pero no vemos la pequeña misión que Dios ya puso delante de nosotros.

Este Evangelio también toca nuestra vida espiritual: nosotros mismos hemos sido muchas veces como aquel hombre herido, incapaces de salvarnos por nuestras propias fuerzas. Cristo se ha acercado a nuestras heridas con su misericordia.

Por eso, quien ha experimentado la misericordia de Jesús está llamado a convertirse también en instrumento de misericordia.

Y en este mes misionero, recordemos que evangelizar no es solamente hablar de Cristo.

También es hacer visible su amor.

❔ Preguntas para la meditación:

◻️¿Estoy dispuesto a detenerme ante el dolor de los demás?

◻️ ¿Quién es hoy ese “herido del camino” que Dios está poniendo delante de mí?

◻️ ¿Hay alguna persona a la que me cuesta considerar como prójimo?

◻️¿Mi fe se está convirtiendo en obras concretas de misericordia?

🙏🏼 4. Orar con la Palabra

Señor Jesús,
muchas veces paso de largo
sin detenerme ante el dolor de los demás.

Perdóname por las veces
que he visto y no he querido mirar,
que he escuchado y no he querido acercarme.

Dame un corazón misericordioso,
capaz de detenerse,
de escuchar,
de servir
y de acompañar.

Sana también mis propias heridas
con tu misericordia.

Hazme instrumento de tu amor
para quienes encuentre en mi camino.

Que nunca pregunte solamente
quién merece mi amor,
sino cómo puedo hacerme prójimo
de quien necesita de mí.

Amén.

✨ 5. Contemplar al que es la Palabra

Quédate unos momentos en silencio.

Imagina al hombre herido junto al camino.

Mira cómo el samaritano se acerca.

Ahora contempla a Jesús.

Recuerda cuántas veces Él se ha acercado a tus propias heridas cuando tú no tenías fuerzas para levantarte.

Escucha su voz:

««Yo me acerqué a ti cuando estabas herido.
Ahora ve tú y haz lo mismo.
No tengas miedo de detenerte.
Ama. Ten compasión. Sirve.»»

Permanece en silencio.

Deja que Jesús te muestre el rostro de una persona a la que hoy necesitas acercarte.

Y repite lentamente:

🙏🏼 Señor, enséñame a amar como Tú

💡 6. Vivir la Palabra

Hoy busca deliberadamente a una persona que necesite un gesto concreto de amor.

No te limites a pensar en ella: acércate, escucha, ayuda, llama, perdona o acompaña.

Hazlo sin esperar reconocimiento.

Después, reza un misterio del Santo Rosario ofreciéndolo por esa persona y por todos aquellos que sufren y necesitan experimentar la misericordia de Dios.

Hoy no quiero pasar de largo. Quiero hacerme prójimo.

🙏🏼 Oración final

Señor Jesús,
Tú eres el verdadero Buen Samaritano.

Tú has visto nuestras heridas,
te has acercado a nosotros
y has derramado sobre nuestras vidas
el aceite de tu misericordia.

Gracias porque no pasas de largo
ante nuestra pobreza.

Enséñame a mirar como Tú miras,
a sentir como Tú sientes
y a amar como Tú amas.

Dame valentía para detenerme
cuando otros necesiten de mí.

Que mi familia encuentre en mí
un corazón misericordioso.

Que quienes sufren encuentren en mí
una presencia cercana.

Que mi comunidad encuentre en mí
un servidor dispuesto.

Y que mi vida anuncie el Evangelio
no solamente con palabras,
sino también con obras de amor.

María, Madre de misericordia,
enséñame a reconocer a Jesús
en cada hermano que sufre
y a acercarme con ternura.

Señor, hoy quiero escuchar nuevamente tu mandato:

💥 Ve y haz tú lo mismo

Amén.

❤️ Jesús, haz mi corazón misericordioso como el tuyo, para que nunca pase de largo ante quien necesita amor.

Amén.

03/10/2026

📖 Lectio Divina: Lucas 10, 17-24
📅 Sábado 3 de octubre de 2026
🟢 XXVI Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

🕊️ 1. Prepararnos a la Palabra

Después de haber enviado a sus discípulos a anunciar el Reino, Jesús los recibe nuevamente. Ellos regresan llenos de alegría porque han experimentado el poder de Dios actuando a través de su misión.

Pero Jesús los conduce hacia una alegría más profunda. No deben alegrarse solamente porque han visto frutos o porque han realizado grandes obras, sino porque sus nombres están escritos en el cielo.

🌹 En este comienzo del mes del Santo Rosario y de las Misiones, pidamos la gracia de servir a Dios sin buscar protagonismo, reconociendo que todo fruto de nuestra misión procede de Él.

🪔 Oración inicial:

Señor Jesús,
enséñame a alegrarme en Ti
más que en mis propios logros.
Que nunca busque tu obra para mi gloria,
sino que todo lo que haga
sea para que tu Nombre sea conocido y amado.

💐 María, Madre de la misión,
enséñame a guardar en el corazón
las maravillas que Dios realiza.

Amén.

📖 2. Lectura creyente

Del santo Evangelio según san Lucas (10, 17-24)

Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y dijeron a Jesús:

«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Jesús les respondió:

«Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren: les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo; y nada podrá hacerles daño. Sin embargo, no se alegren de que los espíritus se les sometan; alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo».

En aquel momento, Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido».

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo:

«¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Palabra del Señor.

💭 3. Meditar la Palabra

Los discípulos regresan felices. Han visto que el nombre de Jesús tiene poder y quieren contarle lo sucedido. Su alegría es comprensible, pero Jesús aprovecha ese momento para enseñarles algo fundamental.

La misión puede producir frutos visibles, pero el fruto más grande no siempre es el que podemos ver.

Podemos servir, evangelizar, rezar por otros, compartir la Palabra y ayudar a muchas personas. Sin embargo, existe un peligro: comenzar a buscar nuestra propia importancia
dentro de aquello que hacemos para Dios.

Jesús corrige con ternura la mirada de sus discípulos: «Alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo».

La verdadera alegría cristiana no depende de cuántas personas nos escuchen, de cuánto reconocimiento recibamos ni de cuántos resultados podamos medir.

Nuestra alegría nace de una certeza mucho más profunda: somos de Cristo.

También nosotros necesitamos recordar esto cuando nuestro apostolado parece dar fruto y cuando parece no dar ninguno.

Hay días en que vemos resultados y otros en que solamente podemos sembrar.

Pero el Señor nos pide fidelidad, no protagonismo.

Después Jesús alaba al Padre porque ha revelado sus misterios a los pequeños. El Reino de Dios no se recibe desde la autosuficiencia, sino desde un corazón capaz de reconocer que necesita recibir.

La humildad abre los ojos.

El corazón sencillo descubre lo que el corazón orgulloso puede pasar por alto.

Hoy podemos preguntarnos si todavía sabemos maravillarnos ante la acción de Dios. ¿Seguimos teniendo un corazón capaz de agradecer? ¿O nos hemos acostumbrado tanto a las cosas de Dios que ya no nos conmueven?

Jesús nos invita a recuperar la capacidad de contemplar.

Hay una gracia inmensa en poder conocerlo, escucharlo y caminar con Él.

No dejemos que la rutina nos robe esa alegría.

💭 Preguntas para la meditación:

🔸 ¿De dónde nace realmente mi alegría: de Dios o de mis logros?

🔸 ¿Busco reconocimiento cuando sirvo en la Iglesia o en mi familia?

🔸 ¿Tengo un corazón sencillo y dispuesto a dejarme enseñar por Dios?

🔸 ¿Qué gracia recibida de Dios necesito agradecer hoy?

🙏🏼 4. Orar con la Palabra

Señor Jesús,
gracias porque me has llamado a caminar contigo.

Perdóname cuando busco mi gloria
en aquello que debería hacer por Ti.

Cuando vea frutos,
dame humildad.

Cuando no vea resultados,
dame perseverancia.

Cuando sea reconocido,
que no me aparte de Ti.

Cuando nadie vea mi esfuerzo,
recuérdame que Tú sí lo ves.

Hazme pequeño de corazón,
capaz de maravillarme ante tus obras
y agradecido por el don de conocerte.

Que mi mayor alegría no sea lo que hago por Ti,
sino saber que soy tuyo.

Amén.

✨ 5. Contemplar al que es la Palabra

Quédate en silencio delante de Jesús.

Imagina a los discípulos regresando alegres y contando todo lo que habían vivido.

Mira ahora a Jesús.

Él escucha sus palabras, pero quiere llevarlos a una alegría más profunda.

Y también te dice a ti:

««No pongas tu alegría solamente en lo que haces.
Alégrate porque eres mío.
Tu nombre está en el corazón del Padre.
Permanece en mí.»»

Respira lentamente.

Deja caer delante de Jesús tus éxitos, tus fracasos, tus preocupaciones y tus deseos de reconocimiento.

Y repite en silencio:

❣️Jesús, Tú eres mi alegría

💡 6. Vivir la Palabra

Hoy realiza una obra buena sin que nadie tenga que saber que la hiciste.

Puede ser una oración por alguien, una ayuda silenciosa, un servicio en casa, una palabra de ánimo o un sacrificio ofrecido a Dios.

Después reza un misterio del Santo Rosario, ofreciendo esa oración por las Misiones y por quienes anuncian el Evangelio.

Al terminar, dile al Señor:

🙏🏼 Gracias, Jesús, porque me permites servirte. Que toda la gloria sea para Ti

🙏🏼 Oración final

Señor Jesús,
hoy quiero agradecerte el don de conocerte.

Gracias por haber salido a mi encuentro,
por tu Palabra
y por haberme llamado a caminar contigo.

Cuando experimente frutos en mi vida,
guárdame de la vanidad.

Cuando atraviese momentos de esterilidad,
guárdame del desánimo.

Que nunca mida tu amor
por lo que puedo ver.

Enséñame a vivir como un pequeño
que recibe todo de las manos del Padre.

Hazme testigo humilde de tu Evangelio,
servidor fiel de tu Iglesia
y misionero de tu amor.

María, Madre del Santo Rosario,
enséñame a contemplar a Jesús
con un corazón sencillo
y a llevarlo con alegría a los demás.

Que mi mayor alegría sea siempre esta:

pertenecer a Cristo.

Amén.

❣️ Jesús, Tú eres mi alegría; que todo lo que haga sea para tu gloria.

Amén.

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Calle Sucre Y 23 De Octubre
Montecristi
EC130902

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