03/06/2025
Me parece adecuado comparar el baloncesto con la obra misional. El baloncesto engloba no sólo el rato que se compite con otro equipo en la cancha, sino también las horas de entrenamiento y práctica. Por su parte, la gran obra de salvar almas no se limita a los dos años de servicio misional, sino que requiere años de vida recta y de preparación para estar a la par de las normas que permiten prestar servicio misional de tiempo completo.
Nos conviene tener en cuenta dos aspectos relacionados con elevar los niveles de quienes prestarán servicio misional. El primero es la preparación de los jóvenes y de las señoritas desde una edad temprana. Dice una carta que mandó la Primera Presidencia referente a unas modificaciones en los programas de Hombres Jóvenes y Mujeres Jóvenes: “Al esforzarse los jóvenes por alcanzar esas metas, desarrollarán aptitudes y atributos que los guiarán al templo y los prepararán para una vida de servicio a sus familias y al Señor” (carta de la Primera Presidencia, 28 de septiembre de 2001). Presten minuciosa atención a las palabras: “desarrollarán aptitudes y atributos”. Como padres y líderes de los jóvenes, debemos ayudar a nuestra gente joven a distinguir tales aptitudes y atributos.
El segundo aspecto va vinculado a la dignidad personal, que es el resultado de guardar los mandamientos de Dios. Algunos hombres jóvenes han tenido la idea de que pueden violar los mandamientos, confesar sus pecados al obispo un año antes del momento en que piensan salir a la misión y luego ser dignos de prestar servicio. El proceso del arrepentimiento es mucho más que una proyectada confesión seguida de un periodo de espera. A menudo oímos al transgresor preguntar: “¿Cuánto tengo que esperar antes de ir a la misión?”. Recuerden que el arrepentimiento no consiste en esperar y nada más, ya que el Salvador dijo: “Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo…” (3 Nefi 9:20).
Daryl H. Garn Of the Second Quorum of the Seventy