24/05/2026
HABÍA UNA SOBRENATURAL SEPARACIÓN COMO UN GRAN ABISMO.
Domingo, 24 de mayo de 2026
En Isaías 55:8-9, Dios nos revela por medio del profeta, la Inmensidad de Su Sabiduría y Su Naturaleza Trascendente. Nos enseña también de Su Perspectiva, Propósitos y formas de obrar que, superan infinitamente nuestra comprensión humana. Debemos creer para comprender que, solo al estar revestidos de la Justificación de Cristo, podemos presentarnos delante de un Dios Vivo y Santo, Santo, Santo. Al pensar en Cristo como si fuera nuestro puente hacia Dios, es natural preguntarse qué creó la perfecta brecha entre nosotros y nuestro Padre celestial. La Biblia nos muestra que, la santidad de Dios debemos vivirla, usados por Él. Porque Él es, el “Altísimo”, descrito como “alto y sublime” (Salmos 9:2; Isaías 6:1), y nos enseña que sin Él nada podemos hacer perfecto: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos” (Isaías 55:9). Esto no habla solo de distancia física, sino de la infinita diferencia entre Su perfecta Santidad y nuestra naturaleza pecaminosa, antes de recibirlo como, nuestro Señor y Salvador.
Moisés lo vivió en la zarza ardiente, cuando Dios le advirtió que no se acercara demasiado (Éxodo 3:5). Más tarde, al construirse el tabernáculo, solo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo una vez al año, en el Día de la Expiación (Hebreos 9:7). El mensaje era y es claro: la humanidad pecadora no puede acercarse a un Dios santo y sobrevivir. La Biblia incluso lo describe como “fuego consumidor” y Aquel que habita en “luz inaccesible” (Deuteronomio 4:24; 1 Timoteo 6:16) ¿Por qué vino el Señor? Solo el Hijo de Dios, perfecto y sin pecado, podía acercarse al Padre y permanecer en Su presencia. Hoy en Cristo, nosotros también podemos experimentar esa intimidad sin miedo, por nuestra propia santidad en Él, porque Jesucristo nos revistió con Su Justicia y nos condujo de manera segura al otro lado, porque los cielos se abrieron para todos los que estamos en Cristo Jesús y hoy somos Su iglesia y pensamos con Jesucristo usándonos, porque Él es nuestra Cabeza.