26/09/2026
Vivimos en una época que habla constantemente de libertad. Libertad para pensar, decidir y vivir como queramos. Sin embargo, podemos sentirnos libres y, al mismo tiempo, continuar siendo esclavos de nuestros impulsos, del enojo, la envidia, el orgullo, las adicciones, el resentimiento o aquello que el mundo espera de nosotros.
La Palabra nos muestra una libertad diferente:
“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” — Gálatas 5:16
Cristo no nos hizo libres para que nuestros deseos nos gobiernen, sino para que podamos vivir de una manera nueva, guiados por el Espíritu Santo.
Y esa transformación debe hacerse visible. En medio de una sociedad marcada muchas veces por la confrontación, la impaciencia y el egoísmo, el creyente está llamado a producir un fruto diferente: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.
Ser libres en Cristo no significa que ya no tendremos luchas. Significa que aquello que antes nos dominaba ya no tiene que decidir quiénes somos ni cómo vivimos.
Cada día pidamos al Espíritu Santo que guíe nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestra manera de tratar a los demás.
La verdadera libertad no es hacer todo lo que queremos; es que nuestros deseos ya no nos gobiernen. Somos libres en Cristo para vivir una vida transformada por Él.