Parroquia San Francisco de Guayllabamba

Parroquia San Francisco de Guayllabamba Por que Dios amo tanto al mundo, que dió a su único hijo, para que aquel que en él crea, no se pierda, si no que tenga vida eterna. Jn 3,16.

Feliz Día del catequista
09/02/2026

Feliz Día del catequista

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08/02/2026

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✨ Seamos sal y luz de este mundo ✨
Hoy, Jesús nos recuerda que estamos llamados a dar sabor a la vida con amor y a iluminar con nuestro testimonio. Ser sal es conservar lo bueno y transformar desde dentro; ser luz es llevar esperanza, paz y guía en medio de la oscuridad.
Que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras, y que en lo cotidiano —en la familia, el trabajo y la sociedad— reflejemos la luz de Cristo. 🙏
📖 “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo” (Mt 5,13-16)
💬 ¿Qué acción concreta harás hoy para dar sabor o llevar luz?

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08/02/2026

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Día del Catequista Ecuatoriano
9 de febrero de 2026

Agradecemos a Dios por la vocación y entrega de quienes anuncian el Evangelio y acompañan el camino de la fe.

Bajo el ejemplo del Santo Hermano Miguel, patrono de los catequistas, renovamos nuestro reconocimiento y oración.

“Catequista: una vocación al servicio de la fe y el encuentro con Jesús”

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08/02/2026

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🧠📖 GREGOR MENDEL
El monje que cambió para siempre la ciencia

Cuando hoy se habla de genética, ADN y herencia, pocos imaginan que todo comenzó en el huerto de un monasterio.

Gregor Mendel fue un monje agustino, nacido en 1822 en lo que hoy es la República Checa. Vivía en un monasterio donde, además de la oración y la vida comunitaria, se dedicaba al estudio y a la enseñanza. Lejos de los grandes laboratorios modernos, Mendel observaba con paciencia algo aparentemente sencillo: las plantas de chícharo.

Durante años realizó experimentos cruzando plantas, anotando resultados con una precisión extraordinaria. Gracias a ese trabajo silencioso descubrió las leyes de la herencia, principios que explican cómo ciertos rasgos —como el color, la forma o el tamaño— pasan de una generación a otra.

En su tiempo, sus descubrimientos no fueron valorados. Sus investigaciones quedaron prácticamente olvidadas durante décadas, hasta que a inicios del siglo XX la ciencia reconoció que Mendel había sentado las bases de la genética moderna. Hoy es considerado, sin discusión, el padre de la genética.

Lo más significativo es que su fe no fue un obstáculo para la ciencia. Al contrario: la vida monástica le ofreció el silencio, la disciplina y el orden necesarios para observar la naturaleza con profundidad. Para Mendel, estudiar la creación era una forma de admirar al Creador.

La historia de Gregor Mendel rompe un mito muy extendido:
👉 la idea de que la Iglesia se opone al conocimiento científico.
Su vida demuestra que la fe puede impulsar la razón y que la ciencia, cuando se busca con honestidad, no aleja de Dios.

“La fe no apaga la inteligencia; la orienta hacia la verdad.”

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28/01/2026

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26 APARICIONES de la Virgen María APROBADAS por la Iglesia.
Durante los últimos dos mil años muchos aseguran haber visto a la Virgen María, o haber recibido un mensaje o una visión.
Lo cierto es que todo lo que Dios quiere decirnos está en su Palabra, la Biblia. Sin embargo, a veces no le hacemos caso, por eso con el amor de madre la Virgen María se ha manifestado con un mensaje claro en muchas partes del mundo: entregarnos a su Hijo y decirnos, “hagan lo que el les diga.
La Iglesia Católica es una madre y maestra, sabia y cautelosa. Ante cualquier tipo de manifestación no tiene prisa. La Iglesia investiga con ciencia y oración. Ella espera a ver si los frutos son buenos.
De los miles de eventos reportados, la Iglesia ha reconocido oficialmente sólo 26 apariciones marianas en la historia y aquí te decimos cuales. A ver si las conoces.
1. Nuestra Señora del Pilar (España, 40 d.C.)
2. Nuestra Señora de las Nieves (Italia, 352)
3. Nuestra Señora de Walsingham (Inglaterra, 1061)
4. Nuestra Señora de Le Puy (Francia, 1100s)
5. Nuestra Señora de la Guardia (Italia, 1490)
6. Nuestra Señora de Guadalupe (México, 1531)
7. Nuestra Señora de Lezajsk (Polonia, 1578)
8. Nuestra Señora del Buen Suceso (Ecuador, 1594)
9. Nuestra Señora de Siluva (Lituania, 1608)
10. Nuestra Señora de Coromoto (Venezuela, 1652)
11. Nuestra Señora de Querrien o del eterno socorro (Francia, 1652)
12. Nuestra Señora de Laus (Francia, 1664)
13. La Medalla Milagrosa (Francia, 1830)
14. Nuestra Señora de Sion (Italia, 1842)
15. Nuestra Señora de La Salette (Francia, 1846)
16. Nuestra Señora del Liquen (Polonia, 1850)
17. Nuestra Señora de Lourdes (Francia, 1858)
18. Nuestra Señora del Buen Socorro, ahora del Campeón (USA, 1859)
19. Nuestra Señora de Pontmain (Francia, 1871)
20. Nuestra Señora de Gietrzwald (Polonia, 1877)
21. Nuestra Señora de Knock (Irlanda, 1879)
22. Nuestra Señora de Fátima (Portugal, 1917)
23. Nuestra Señora de Beauraing (Bélgica, 1932)
24. Nuestra Señora de Banneux (Bélgica, 1933)
25. Our Lady of Kibeho (Rwanda, 1981)
26. María del Rosario de San Nicolás (Argentina, 1983)
En todas estas apariciones Marianas no se adora al visionario. No se adora a María. No son nuevos capítulos de la Biblia. Solo es el amor de nuestra madre, la madre de Dios, la esclava del Señor que desea entregarnos a su Hijo Jesucristo.
Aunque cada aparición tenga títulos diferentes lo común es que todos la reconocemos como nuestra Madre.
En estos 26 eventos encontrarás las mismas cuatro peticiones repetidas una y otra vez: "Reza, ayúdame, arrepiéntete, confía en mi Hijo".

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25/01/2026

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José Antonio Pagola - PERDIDOS EN LA CRISIS RELIGIOSA
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Vivimos tiempos de crisis religiosa. Parece que la fe va quedando como ahogada en la conciencia de no pocas personas, reprimida por la cultura moderna y por el estilo de vida del hombre de hoy. Pero, al mismo tiempo, es fácil observar que de nuevo se despierta en no pocos la búsqueda de sentido, el anhelo de una vida diferente, la necesidad de un Dios Amigo.
Es cierto que se ha extendido entre nosotros un escepticismo generalizado ante los grandes proyectos y las grandes palabras. Ya no tienen eco los discursos religiosos que ofrecen «salvación» o «redención». Ha disminuido, hasta casi desaparecer, la esperanza misma de que pueda realmente oírse en alguna parte una Buena Noticia para la humanidad.
Al mismo tiempo crece en no pocos la sensación de que hemos perdido la dirección acertada. Algo se hunde bajo nuestros pies. Nos estamos quedando sin metas ni puntos de referencia. Nos damos cuenta de que podemos solucionar «problemas», pero que somos cada vez menos capaces de resolver «el problema» de la vida. ¿No estamos más necesitados que nunca de salvación?
Vivimos también tiempos de «fragmentación». La vida se ha atomizado. Cada uno vive en su compartimento. Queda muy lejos aquel humanismo que buscaba la verdad y el sentido de totalidad. Hoy no se escucha a quien sabe de la vida, sino al especialista que sabe mucho de una parcela, pero lo ignora todo sobre el sentido de la existencia.
Al mismo tiempo, no pocas personas comienzan a sentirse mal en este mundo vertiginoso de datos, informaciones y cifras. No podemos evitar los interrogantes eternos del ser humano. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿No hay dónde encontrar un sentido último a la vida?
Son también tiempos de pragmatismo científico. El hombre moderno ha decidido (no se sabe por qué) que solo existe lo que puede comprobar la ciencia. No hay más. Lo que a ella se le escapa, sencillamente no existe. Naturalmente, en este planteamiento tan simple como poco científico, Dios no tiene cabida, y la fe religiosa queda relegada al mundo desfasado de los no progresistas.
Sin embargo, son muchos los que van tomando conciencia de que este planteamiento se queda muy corto, pues no responde a la realidad. La vida no es un «gran mecano», ni el hombre solo «una pieza» de un mundo que pueda ser desentrañado por la ciencia. Por todas partes se presiente el misterio: en el interior del ser humano, en la inmensidad del cosmos, en la historia de la humanidad.
Por eso surge de nuevo la sospecha: ¿no serán justamente las «cuestiones» sobre las que la ciencia guarda silencio las que constituyen el sentido de la vida? ¿No será un grave error olvidar la respuesta al misterio de la existencia? ¿No es una tragedia prescindir tan ingenuamente de Dios? Mientras tanto siguen ahí las palabras de Jesús: «Convertíos, porque está cerca el reino de Dios».

3 Tiempo ordinario – A
(Mateo 4,12-23)
25 de enero

José Antonio Pagola
[email protected]

Fuentes: http://www.gruposdejesus.com
http://sanvicentemartirdeabando.org/
http://eclesalia.wordpress.com/
http://feadulta.com/

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SIEMPRE DEBO ESTAR CAMBIANDO DE MENTE
Fray Marcos

DOMINGO 3º (A)
Mt 4,12-23
Mateo deja claro que Jesús comienza su actividad lejos del templo, de las autoridades religiosas, desligado de toda conexión con la institución. Pero también deja claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan: arrepentíos, está cerca el Reino.
Arrepentíos. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás de rumbo. Al traducirlo por arrepentirse, suponemos que la actitud anterior era pecaminosa. Y entonces solo se tiene que convertir el “pecador”.
Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad. Convertirse es rectificar el camino que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en esa dirección. Muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. El mayor peligro es estar convencido de que no tengo nada que rectificar.
Está cerca el Reino. Para ver la dificultad basta recordar algún texto evangélico: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros; mi Reino no es de este mundo. No debemos traducirlo por ‘está’, el Reino no es una realidad estática sino dinámica. La Vulgata lo traduce por “appropinquavit” que significa acercarse. El verbo “hggizw” significa estar cerca y acercarse. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía no.
Reino de los Cielos. Los demás evangelis­tas (también alguna vez Mateo) hablan de "el Reino de Dios". Decían ‘de los cielos’, para evitar el nombre ‘Dios’. En el NT, fuera de los evangelios, se habla del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es el dueño, olvidando que Jesús nunca se predicó a sí mismo.
Es imposible definir lo que es el Reino de Dios porque no es nada concreto. En el evangelio nunca se define, aunque fue el núcleo de la predicación de Jesús. Si no reina el amor no reina Dios. Jesús fue la más fiel manifestación del Reino que es Dios.
La palabra griega “basileia” se puede referir al poder que un rey tiene (reinado). Puede significar el territorio o puede significar el conjunto de los súbditos (reino). Ninguno expresa lo que Dios es. Porque no hay ningún rey, menos todopoderoso. Porque Dios nunca hace o deshace. Porque Dios no tiene súbditos a quienes gobernar.
Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso, que desde su trono en el cielo gobierna el universo. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, reina la oscuridad o reina el amor, no pensamos en entes que dominan alguna parte de la realidad sino en un ámbito en el que se desarrolla algo.
Reinado de Dios quiere decir que el ser humano desarrolla lo que tiene de divino. Significa que ha tomado conciencia de lo divino presente en él. Es la atmósfera en que la relación humana consigo, con los demás y con las cosas se despliegan en total armonía.
Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí y actuar en consecuencia. Hoy está clara esta dinámica. El Reino lo manifiesta el que cura, no en el curado. Es Jesús al curar quien hace presente a Dios, no el ciego cuando es curado.
El Reinado de Dios significa la radical fidelidad de Dios al hombre. La realidad primera de ese Reino la constituye Dios, no nosotros. No es una realidad que hace referencia al hombre, sino a Dios. Esto sí que es una “buena noticia”, la mejor que podrían darnos.
El hombre, para ser fiel a Dios no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo es descubrir lo que Dios es en él. En cuanto pone su fin fuera de Dios, el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo. Solo si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios.

Fray Marcos

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TODO EMPEZÓ EN GALILEA
José Enrique Galarreta
Mt 4, 12-23

Galilea
Mateo hace una lectura de la historia en clave de 'cumplimiento'. Fiel a este planteamiento general de su evangelio, sigue diciendo: "Éste es el que anunciaron los profetas". Aplica a Jesús la "profecía" de Isaías.
Lucas (4,16) pone en boca de Jesús esta misma interpretación cuando, en la sinagoga de Nazaret, lee a Isaías y se lo aplica a sí mismo.
(Marginalmente, es bueno recordar que la insistencia de los evangelistas en que Jesús es galileo es un dato fuerte en favor de su historicidad: Galilea es considerada medio pagana -Galilea de los gentiles-, es zona despreciada -¿de Nazaret puede salir algo bueno? – y no figura en los Profetas como cuna del Mesías... Es decir, nadie inventaría algo tan perjudicial para la figura del Mesías.)
Los cuatro evangelistas constatan el principio de la vida pública de Jesús en Galilea. Los discípulos, después de la Resurrección, se considerarán "testigos" de todo lo que hizo y dijo "desde el principio", desde Galilea.
Galilea viene a ser como la patria espiritual de la primera comunidad. Aunque esté en Jerusalén, Jesús resucitado les citará para Galilea. A pesar de las dificultades y las oposiciones, Galilea, el lago, serán una época dorada, de entrañable recuerdo... en contraposición a Jerusalén y el Templo, donde la oposición de "el mundo" acabará por llevar a Jesús a la cruz.

El Reino
"Convertíos, que ya está aquí el Reino". Así empieza Jesús. Son sus primeras palabras, con dos centros: conversión y el Reino, que se pueden juntar: "cambiaos al Reino".
Primer planteamiento: lo de Jesús es para cambiar. Y para cambiar a mejor. Se sale de la esclavitud al reino, se sale de vivir como esclavos enfermos y ciegos a ser reyes, libres. Por eso hablamos de Buena Noticia, de una noticia (=novedad) y buena (=estupenda).

La llamada
"Venid y seguidme: inmediatamente dejaron sus redes y le siguieron"
Sabemos que los relatos de la elección de los doce están modificados. En el cuarto evangelio tenemos otros detalles muy distintos de esa misma "vocación". Por tanto, esto no sucedió exactamente así. Se trata aquí de mostrar "la elección y la respuesta", tema básico en el Reino. Dios ofrece un camino y el hombre acepta la propuesta de Dios.
"Seguir a Jesús" es consagrar la vida al Reino. "Vende lo que tienes y sígueme". Vender lo que se posee puede tener el significado real de dejarlo todo... Esta será una manera concreta de servir al Reino. Pero todo el que sigue a Jesús "lo vende todo", es decir, ya no tiene nada más que para el Reino. Aunque siga en su misma vida, todo lo que tiene habrá cambiado de significado. Ya no será para sí mismo, sino un medio para el Reino.
"Pescadores de hombres". Es un símil que hoy nos gusta poco, porque parece que entraña "engañar al pez y sacarlo de su medio natural". No es ése el sentido. En realidad no hay que buscar sentido teológico al símbolo de pescar. Simplemente Jesús se dirige a pescadores y les dice que van a ser algo mucho más importante, que su vida es para más que eso.
Una interpretación ingeniosa y verdadera: "dejaron las redes y le siguieron": seguir a Jesús es una liberación. En realidad lo que se deja es sólo redes, lo que nos apresa, lo que no nos deja ser libre, Seguir a Jesús es liberarse de esas redes, en semejanza con la parábola del tesoro, con el episodio del joven rico... Es una interpretación estimable, pero no parece que exista tal intención en el relato del evangelista.

La actividad de Jesús
Es una descripción total de Jesús: cura y enseña: proclama la Buena Noticia y la hace presente con la salud que se devuelve a los necesitados.
El relato es como una síntesis global de la actividad futura de Jesús, incluido aquí como un "resumen programático", escrito por alguien que conoce cómo será su futuro.
Este texto es muy importante, y más aún colocado aquí, en la presentación del trabajo público de Jesús. Jesús está mostrando cómo es la acción de Dios en el mundo: proclamar la buena noticia, curar. Los dos símbolos básicos de Jesús, que revelan quién y cómo es Dios para nosotros: médico y luz.
Por eso adquieren tanta importancia simbólica los relatos de curación de ciegos, hasta el punto de que el cuarto evangelio convierte la curación del ciego de nacimiento en uno de los ejes del mensaje, conectándolo con el tema "la luz y las tinieblas" que es una de sus líneas temáticas fundamentales.
Luz y salud: palabra y curación. Es el oficio constante, exclusivo, de Jesús en Galilea.
Descubriremos que esta imagen de Jesús por Galilea es la revelación del Padre, si aplicamos consecuentemente las expresiones básicas de nuestra fe:
"Dios estaba con Él"
"El hombre lleno del Espíritu"
"El Hijo nos lo ha dado a conocer"
El Padre es luz y salud, palabra y curación. Es el corazón de la Buena Noticia. En ese Dios creemos. Creemos en un solo Dios, el Padre. Somos cristianos si creemos en el Dios de Jesús, en Dios para la salud, en Dios para la vida.
Se nos han presentado, en el principio de la vida pública de Jesús, los parámetros fundamentales de toda la existencia cristiana, las líneas básicas de la Buena Noticia: quién es Dios y quiénes somos nosotros.
La presentación de Jesús como "el Hijo", el "hombre lleno del Espíritu" quiere decir que viéndole podemos conocer a Dios. Esa es la primera piedra de la fe cristiana: acceder a Dios a través de Jesús, ver a Dios en Jesús.
Ver al Espíritu de Dios trasformando a Jesús en el Hijo significa que sabemos también cómo es el ser humano como Dios lo sueña. En Jesús podemos contemplar a Dios y contemplarnos a nosotros mismos.
Y Jesús empieza por invitarnos a cambiar, a convertirnos, a abrirnos al Reino. La predicación de Jesús es: "Ya está aquí el Reino, convertíos". Convertirse es cambiar, cambiar desde el fondo, mirar a otros objetivos, adoptar otros valores. Se ofrecen como valores y objetivos los del Reino, es decir, la Voluntad de Dios, la Salvación.
Y es éste uno de los tests más significativos de nuestra vida cristiana:
¿Cambias o estás siempre igual?
¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre?
¿Te estás convirtiendo constantemente en algo nuevo y mejor?
Una vez más las parábolas "vegetales" nos dan las pistas correctas.
¿Cómo va la semilla, va creciendo?
¿Cómo va la masa, va siendo fermentada por la levadura?
¿Hay frutos de tu árbol?
En resumen, y aplicando literalmente la palabra "conversión":
¿en qué se está convirtiendo tu vida?

El llamamiento a la conversión va unido al llamamiento a la misión, a ser, como Jesús, salvadores. Así queda definida la vocación de la iglesia, de nosotros la iglesia: pasar haciendo el bien, curar, ser luz, ofrecer salud y claridad...
Con la sencillez del que sabe que no da lo suyo, sino lo que ha recibido, con la urgencia del que sabe que no lo ha recibido por privilegio, sino para darlo.
No pocas veces hemos restringido el llamamiento a unos pocos, los sacerdotes, los religiosos: esos deben dejarlo todo, esos tienen una misión. Pero Jesús está llamando a todos.
Somos la Iglesia los que queremos aceptar la llamada de Jesús, los que queremos que toda nuestra vida sea Misión. Unos desde el matrimonio, otro desde el celibato; unos poseyendo, otros renunciando; unos dedicados a la vida contemplativa, otros trabajando en las faenas cotidianas... todos siguiendo a Jesús y trabajando por el Reino: por ser el Reino, por convertirse al Reino y por anunciar el Reino, convertir el sueño de Jesús en una realidad.
Hoy podríamos situarnos en el lago y sentirnos llamados por Jesús, personalmente. Quizá no estoy llamado a cambiar los modos exteriores básicos de mi vida: pero es seguro que Jesús me llama a cambiar de criterios, de valores y de estilo: es seguro que Jesús me ofrece que toda mi vida sea Misión, que todo tenga valor para el Reino.

José Enrique Galarreta

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COMIENZO DE LA ACTIVIDAD DE JESÚS
José Luis Sicre

Domingo 3º Tiempo Ordinario. Ciclo A
En los dos domingos anteriores estuvimos junto al río Jordán, recordando el bautismo de Jesús y el testimonio que ofreció de él Juan Bautista. La liturgia da ahora un salto notable. Omite las tentaciones de Jesús (que se leerán el primer domingo de Cuaresma) y nos sitúa en un momento posterior, cuando Herodes, molesto por la predicación de Juan, decide meterlo en la cárcel. Lo que ocurre a continuación lo cuenta el evangelio de Mateo en tres pasajes breves: actividad inicial de Jesús, vocación de los cuatro primeros discípulos, y resumen de la actividad en Galilea. La liturgia permite limitarse al primero, eligiendo la forma breve del evangelio. Dada su importancia, quizá sea lo más aconsejable. Pero añadiré algo sobre los otros dos pasajes.
1. La actividad inicial de Jesús (Mt 4,12-17)
Un comienzo desconcertante. Lo primero que hace Jesús es huir; lo segundo, actuar en la región más olvidada; lo tercero, repetir al pie de la letra la predicación de Juan Bautista. Pero todo esto encierra un misterio que Mt nos ayuda a desentrañar.
Momento de actividad
Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase a Jesús igual que nos habla a nosotros, a través de los acontecimientos. Y el gran acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.
Pero hay una diferencia muy sutil entre lo que cuentan Marcos y Mateo. Según Marcos, en cuanto encarcelan a Juan comienza Jesús a predicar. Según Mateo, lo primero que hace Jesús es retirarse a Nazaret. Desde un punto de vista histórico y psicológico parece una interpretación más adecuada, que abre paso también a una visión más humana de Jesús, como si se tomase un tiempo de reflexión y decisión.
Lugar de actividad
La elección del lugar de actividad es sorprendente. Jesús se dirige a una región sin importancia en la historia judía, incluso conocida con el despreciativo nombre de «Galilea de los paganos». «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comen­taba un rabino orgulloso. El evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).
Dentro de Galilea no escoge Séforis, la capital, ni Tiberias, recién construida a la orilla del lago, sino Cafarnaúm, ciudad de pescadores, campesinos y comerciantes, lugar de paso, que le permite el contacto con gran variedad de gente y un fácil acceso a los pueblecitos cercanos.
Sin embargo, Mateo ve las cosas de forma distinta que el historiador moderno. La elección de Galilea le recuerda una profecía de Isaías, en la que se habla de las terribles desgracias sufridas por esa región durante la invasión asiria del siglo VIII a.C. y se le anuncia la salvación para el futuro (tema de la 1ª lectura).
Para Mateo, lo esencial es que Jesús no va a dirigirse a la gente importante, a los que pueden cambiar el mundo, sino a «los que habitan en tinieblas», «los que habitaban en tierra y sombra de muerte». La gente más despreciada y olvidada (campesinos y pescadores) será el primer auditorio de Jesús. Para ellos se convierte en una «gran luz».
El mensaje inicial
Mateo lo sintetiza en dos cuestiones: conversión e inminencia del reinado de Dios. «Convertíos, que el reinado de Dios está cerca».
La conversión abarca dos aspectos: vuelta a Dios (como el hijo pródigo vuelve a su padre) y el consiguiente cambio de forma de vida, actuando como Dios quiere.
La inminencia del reinado de Dios puede provocar bastante desconcierto, sobre todo si la relacionamos con el fin del mundo. Para comprender lo que dice Jesús hay que partir de la experiencia histórica. Desde el siglo VI a.C. el pueblo judío estuvo sometido a potencias extranjeras (Babilonia, Persia, Grecia, Egip­to, Siria). La opresión cada vez resultó más dura, y fue despertando el anhelo de que Dios reinase en el mundo para acabar con toda esa serie de arbitrariedades e injusticias que lo dominaban. Surge así la idea del reinado de Dios (o «de los cielos», para evitar pronunciar el nombre divino). Algunos grupos lo entienden de forma simbólica: Dios reina a través de las autoridades religiosas judías. Otros lo interpretan en sentido estricto, como auténtica veni­da de Dios para establecer un mundo nuevo y definitivo. Estos grupos apocalípticos estaban convencidos de que esa venida de Dios, el fin del mundo presente, era inminente.
Es comprensible el éxito que encuentra este mensaje entre los contemporáneos: a gente pobre, sencilla, opri­mida por los romanos y sus colaboradores, anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. ¿Es eso lo que piensa y promete Jesús? Mateo despejará las dudas muy pronto, en el Sermón del Monte, que leeremos los próximos domingos.
Nuestra respuesta
Este breve pasaje nos obliga a interrogarnos sobre nuestra propia vida. ¿Seria la misma si Jesús no hubiera comenzado a actuar y proclamar su mensaje? ¿Somos conscientes de que nosotros, como los habitantes de Galilea, estábamos sumergidos en la tiniebla y hemos visto una gran luz? ¿Nos dejamos interpelar por la llamada de Jesús a volver a Dios y a cambiar nuestra forma de vida?
2. Los primeros discípulos (Mt 4,18-22)
Este breve pasaje, aparentemente tan fácil de entender, está plagado de misterios cuando se piensa en los principales protagonistas.
Empezando por Jesús, ¿quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.
Si misteriosa resulta la conducta de Jesús, también lo es la de los cuatro llamados. ¿Qué los mueve a dejarlo todo, incluso al padre, y seguir a Jesús sin conocerlo previamente? Aquí hay dos cuestiones distintas: el conocimiento previo y el seguimiento radical.
Que ya conocían a Jesús lo dan por seguro algunos aludiendo al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús entró en contacto con ellos cuando el bautismo (Jn 1,35-51). O afirmando que el verdadero orden de los acontecimientos es el que se ha conservado en el evangelio de Lucas (4,31-5,11): después de curar a un hombre con espíritu inmundo, a la suegra de Pedro, después de otras muchas curaciones y expulsiones de demonios, cuando Jesús es ya de sobras conocido, es cuando llama a los cuatro primeros discípulos y estos lo siguen.
Pero este conocimiento previo no resuelve el problema del seguimiento radical, renunciando a todo. ¿Qué les movió a ello? Marcos no lo dice en este momento. Más adelante indicará que Santiago y Juan lo hicieron, al menos en parte, por ambición política: estaban convencidos de que Jesús llegaría a reinar en Jerusalén y ellos pretendían los dos primeros puestos en su corte (Mc 10,35-37). También Simón, al confesar a Jesús como Mesías, rechazando el sufrimiento y la muerte, demuestra una preocupación política. Cosa que deja muy clara Lucas cuando habla de los discípulos de Emaús y en el último diálogo antes de la ascensión: concebían a Jesús como quien había de liberar a Israel (Lc 24,21) e instaurar su soberanía (Hch 1,6). Sin embargo, la explicación anterior, aunque sea válida, supone adelantar datos. En este momento nos quedamos sin saber qué movió a los cuatro a seguir a Jesús.
Lo que no admite duda es que lo siguieron. Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: creen en la buena noticia del Reinado de Dios, lo siguen y cambian radicalmente de vida.
Y esto debía de provocar en los primeros lectores del evangelio un profundo asombro ante el poder de atracción de Jesús y la disponibilidad absoluta de los discípulos. Algo en lo que se verían reflejados, porque también ellos y ellas habían sentido la llamada de Jesús y, a pesar de todas las dificultades y críticas, lo habían seguido.
3. Resumen (Mt 4,23)
La frase final, tan breve, puede pasar desapercibida. Pero supone un complemento esencial a lo dicho en el punto 1. Allí, la actividad de Jesús se centra en la enseñanza. Aquí, la enseñanza va acompañada de la acción: recorre, enseña, proclama, cura. Curar enfermedades y dolencias ocupa gran parte del tiempo de Jesús. Hace dos domingos, Pedro resumía todo con las palabras: «pasó haciendo el bien». Pero hay en este resumen algo que generalmente no valoramos: Recorría toda Galilea. Supone esfuerzo, sacrificio, pasar de 38º en el lago a pueblecillos nevados en invierno.

José Luis Sicre

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Anunciaba la buena noticia y curaba toda enfermedad del pueblo
Domingo tercero del tiempo ordinario (Mt 4,12-23)
Después de todo lo acontecido y vivido junto con Juan el Bautista, Jesús se siente enviado a comunicar, a trasmitir que el Reinado de Dios se está acercando, que es algo inminente, que está ya ahí, y que para percibirlo hay que “convertirse”. Hemos malgastado tanto esta palabra que ya no sabemos lo que significa: se trata de que el “pagano” se haga cristiano, se trata de que el cristiano se examine y se arrepienta de sus pecados, se trata de una mera opción nuestra de ser mejores…
Jesús nos muestra que nos podemos convertir porque está llegando el reino y en la medida que percibimos que el Dios que se acerca es Bondad, fuente de la Vida, Amor incondicional, fuente de salud y de vida nuestro corazón se trastoca y cambiamos de percepción, el corazón se ablanda, deja de estar ensimismado y endurecido y se abre a la compasión.
La conversión es dejar que el corazón de un vuelco y así nuestra mirada también cambia. La persona que se convierte, que con un corazón trastocado cambia de mirada, ya no ve una pecadora sino una mujer necesitada de dignificación, ya no ve un leproso a excluir sino una persona necesitada de inclusión y de sanación, ya no ve a un ciego cargando con la culpa de sus padres sino una criatura necesitada de luz… De ningún modo se da conversión sin compasión.
Lo que no podemos olvidar de ninguna manera del evangelio de este domingo es que Jesús anuncia el reino y practica el Reino. Jesús dice a Dios y vive a Dios: “Jesús anunciaba la Buena Noticia del Reino y curaba todo achaque y enfermedad del pueblo”. Jesús dice y hace, hace y dice. Cuando olvidamos que “anunciaba y curaba” mutilamos el evangelio. Esa conjunción ”y” es un “engorro” porque nos implica en el modo de estar en la vida.
Mientras Jesús solo diga palabras por hermosas que sean podemos estar sentados oyendo tranquilamente, pero si Jesús cura y alivia ya nos tenemos que poner en marcha. Para Jesús es evidente que es más importante hacer que decir. Hasta los demonios saben y confiesan que Jesús es el hijo del Dios Vivo, pero la bondad y la compasión siempre son acogidas por el Dios de la Vida sea uno creyente o no creyente, no olvidemos el “¿cuándo te vimos?” de Mateo 25.
Jesús nos invita a seguirle incondicionalmente, Pedro, Andrés, Juan, Santiago perciben su invitación a seguirle y lo dejan todo, pero lo dejan porque ahora van a ser “pecadores de hombres”. Esta imagen de pescar hombres no se si suena a proselitismo, o a poster de pastoral vocacional a la vida religiosa o al seminario… Pescar hombres, en la simbólica bíblica del tiempo de Jesús, es generar ámbitos en que las criaturas salgan del mar. El pueblo judío participa de unos de los miedos ancestrales de los humanos que es el pavor al mar, lugar de oscuridad en donde habitan los monstruos, para que se puedan vivir como criaturas dignificadas que descubran su vocación de hijos e hijas de Dios (“vi un cielo nuevo y una tierra nueva, el mar no existe ya” dice la profecía apocalíptica cuando se visualiza el futuro de Dios) Dejémonos seducir por Jesús y seguirle en su misión y en continua cercanía con él.
Toni Catalá SJ

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Gracias porque soy como los demás seres humanos
Te doy gracias Señor,
porque soy como los demás hombres.
Intento estar seguro de mí
ante tu ausencia,
cuadro mi contabilidad
para no ser sorprendido
al final de la jornada.
Me comparo con los otros
y miro desde arriba
a los que juzgo pecadores,
y en la comparación, no en ti,
he puesto mi seguridad.
También yo tengo elaboradas
condenas de moda,
publicanos al servicio
de los que imponen su imperio,
pero escondo en la ambigüedad
mis pecados de siempre,
radicales trampas contigo,
abismales cortes con el otro.
También yo tengo mis seguros
de ahorros y diezmos,
pequeñas monedas al contado
con las que pretendo negociar
la falta de entrega a tu misterio.
También yo salgo satisfecho
de oírme a mí mismo
de pie en el centro del templo.
Como los demás hombres,
ya puedo abrirme a tu perdón
dándome golpes de pecho
al lado del publicano.
Benjamín González Buelta, SJ

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Dentro de mí
pelean
un fariseo
y un publicano.
Uno frunce el ceño,
se siente seguro,
camina altanero
sonríe a los suyos,
condena severo,
critica implacable
presume de celo,
se pone medallas,
dando veredictos
y asignando cielos
El otro se sabe muy frágil,
te reza discreto,
comprende en la gente
los mismos anhelos
de ser perdonado,
de entrar en tu reino.
Comparte contigo
dolores secretos,
y sonríe a todos
sabiendo que le amas
sin ley y sin precio
José María Rodríguez Olaizola, SJ.

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Domingo 3º del tiempo ordinario
El reino de los cielos está llegando
Evangelio según Mt 4, 12-23
Dejando Nazaret, Jesús se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande ;a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.
Para meditar:
Reino de los cielos o reino de Dios es un símbolo de la utopía en que soñamos los humanaos: una sociedad de convivencia pacífica donde lobo cordero coman juntos. Donde no haya guerras ni ambiciones imperialistas; los humanos harán “de sus lanzas podaderas”, emplearán sus recursos no en armas para matar sino en medios para que todos puedan vivir con dignidad.
Es la propuesta que hace Jesús de Nazaret. No como utopíailusoria sino como realidad que ya está presente y activa en nuestro mundo. Sucede cuando una persona, viendo a otra expoliada y tirada en la cuneta, baja de la propia y segura cabalgadura , para socorrer a la víctima; cuando el creedor, compadecido ante un deudor sin recursos para pagar,perdona cuantiosa deuda; cuando un señor prepara una comida invitando a todos sin discriminaciones; cuando una mujer pobre se afana en buscar una moneda para dar de comer a sus hijos.
Jesús pide la conversión a ese reino que, como fermento en la masa, acontece ya en nuestro mundo. No se trata de una conversión por miedo al castigo. Jesús la compara con la decisión, que se toma “con alegría”, de vender todo lo que uno tiene para conseguir una perla preciosa o hacerse con un tesoro escondido en el campo. Es la fe o experiencia mística que hoy, cuando la violencia y los imperialismos oscurecen la tierra, debemos avivar y ofrecer en nuestra conducta los cristianos.
Jesús Espeja

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Radcliffe: "Enseñar la fe con la compasión que nutre, como Jesús"
Cardenal Timothy Radcliffe
22 ene 2026 - 18:31
(Cardenal Timothy Radcliffe/Vatican News).- Una buena enseñanza es fruto de este corazón dividido. Este es el espacio en el que se formó el Sínodo, situándose justamente en medio de esa tensión entre las verdades de nuestra fe y las verdades de la vida compleja de las personas. El Papa Francisco ha declarado que el Documento final del Sínodo «participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro (cfr. EC 18 § 1; CCC 892) y, como tal, pido que sea acogido. Representa una forma de ejercicio de la enseñanza auténtica del Obispo de Roma». Su autoridad deriva de esta doble fidelidad: al Evangelio y a las esperanzas y sufrimientos del pueblo de Dios.

Es en este espacio donde ocurre el encuentro con Dios, pues Dios habita en el espacio entre las alas de los querubines sobre el Arca de la Alianza. O bien, en el espacio vacío de una tumba en la mañana de Pascua. El centro de nuestra enseñanza es un hombre suspendido entre el cielo y la tierra en una cruz, cuyas últimas palabras, según los Evangelios de Marcos y Mateo, fueron una pregunta.
Este es el espacio que nosotros, los sacerdotes, ocupamos como maestros. Es una posición difícil, porque algunos exigen una claridad que puede impedirnos reconocer la presencia de Dios en nuestras luchas cotidianas, mientras que otros rechazan la enseñanza de la Iglesia como irrelevante o desfasada. Algunos pretenden saberlo todo con una certeza inquietante, mientras que otros están desgarrados por la duda. Me vienen a la mente las palabras del poeta irlandés W.B. Yeats, escritas después de que la Primera Guerra Mundial devastara Bélgica: «Los mejores carecen de toda convicción, los peores / están llenos de apasionada intensidad».

Entonces, ¿cómo debemos vivir esta tensión y enseñar la fe? Ante todo, con compasión. En los Evangelios, la enseñanza de Jesús era un acto de compasión. Marcos nos cuenta que, antes de la multiplicación de los panes para los cinco mil, Jesús vio a la gran multitud y «tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34). La enseñanza compasiva los nutre. Según la tradición católica, enseñar es un acto de misericordia espiritual. Toda enseñanza y predicación brotan de la compasión por la vida y las vicisitudes de las personas.

Un maestro de novicios dominicos de mi provincia dijo hace un siglo: «Ama a aquellos a quienes predicas. Si no los amas, no les predique, predica a ti mismo». Seremos buenos maestros solo si abrimos nuestro corazón a todo lo que viven los demás. Debemos, en cierto sentido, convertirnos en uno de ellos, conocer desde dentro su desconcierto y sus fracasos, así como Dios se hizo uno de nosotros, «en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado».
Habitar ese lugar entre el yunque y el ma****lo, entre la enseñanza de la Iglesia y la vida de nuestra gente, significa hacer nuestras las preguntas de sus miembros. No debemos pensar que enseñar sea solo dar respuestas a las preguntas de los demás. Ya he citado el episodio del arzobispo que amonestó a un grupo de novicios dominicos a estudiar la Suma de Tomás porque ofrecía 56.000 respuestas a todas las preguntas que podrían encontrar. Y lo repito: ¡San Tomás se habría escandalizado!
La enseñanza comienza cuando nos atrevemos a abrazar las preguntas que arden en el corazón de las personas y hacerlas, de algún modo, nuestras, en la oración y la reflexión. Tomáš Halík sostiene que la difícil vocación de santa Teresa de Lisieux era la de unirse a los ateos. La Francia del siglo XIX estaba impregnada de un anticlericalismo y un ateísmo radicales, pero ese era su mundo. Halík anota: «Teresa declara sentir a los ateos como hermanos, con quienes ahora se sienta a la misma mesa y come el mismo pan, y suplica a Dios que no la aleje de esa mesa». Ella quería solidarizarse con esos incrédulos, beber su cáliz de sufrimiento, compartir sus preguntas mientras rezaba a Dios. Solo entonces puede comenzar una enseñanza verdaderamente compasiva.
La enseñanza requiere, inevitablemente, abrazar preguntas para las que no se tiene una respuesta inmediata.
* De “Entre el yunque y el ma****lo. ¿Cómo enseñar hoy la fe?” en Timothy Radcliffe, La sorpresa de la esperanza. Meditaciones sobre una Iglesia en camino, Librería Editrice Vaticana, 2026. El capítulo reproduce una conferencia pronunciada con ocasión del encuentro con los operadores pastorales en la diócesis de Lieja, en Bélgica, el 11 de marzo de 2025.

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Podrías haber sido tú
por Alvaro Lobo Sj
Podrías haber sido tú, o yo, o quizás alguien conocido. Y estar ahora mu**to, o en el hospital, o buscando desesperadamente a un familiar, sintiendo que el dolor gana el pulso a la esperanza. Porque esos trenes los hemos cogido todos, por trabajo, por turismo o para visitar a un familiar. Por eso todos nos sentimos reflejados. Es el dramatismo y la esencia de la tragedia, en la que el infortunio hace que la vida dé un vuelco en un mísero instante, donde el cálculo de posibilidades de que ocurra un suceso así es casi imposible, y menos ser tú el triste protagonista. Pero la realidad es que ocurren cosas, y vaya si ocurren.
Y es así cuando nos damos cuenta de que en la vida toca ir a lo importante, y no perder el tiempo en memeces que nos quitan la energía. En obsesiones que nos paralizan o en cálculos que nos apartan de la vida verdadera, preocupaciones que terminan en el yo o en angustias innecesarias que nos vacían por dentro. Aquellas pamplinas que nos impiden decir un “lo siento” o dar un abrazo merecido, que enmudecen una bella conversación o nos cierran los ojos ante la belleza que lo trasciende todo. En aquello que nos entretiene, pero que no nos hace crecer. En sucedáneos que nos apartan de la fuente de todo o que reducen nuestra agenda a un ahora que no nos llena, porque aquello que no sacia, termina dando más sed.
En España, más allá de nuestras neuras, cegueras ideológicas y pedradas particulares, siempre nos acaba uniendo la emoción por los éxitos deportivos, la alegría de nuestras innumerables fiestas y la solidaridad ante la tragedia y el dolor compartido. Hoy es también ese momento. Ojalá estos días sean tiempo de ir a lo importante, de rezar los unos por los otros -especialmente por las víctimas y por sus familiares-, y de saber que la vida duele pero merece realmente la pena, aunque haya veces que solo Dios es capaz de sostenerlo todo entre tanto dolor.

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