25/05/2026
De Temerosos a Valientes
Piensa en un momento en el que temiste a otras personas. Para algunas personas, esto se parece a temer el daño o la violencia de otros, pero muchos de nosotros a menudo vivimos con miedo de otras formas…
… Tal vez siempre estás tratando de ganar la aceptación de las personas, pero detrás de ese deseo de ser aceptado hay un temor al rechazo.
… Tal vez estás viviendo para complacer a otras personas, descuidando tu propia vida y llamado en el proceso, porque temes decepcionar a otros.
… O tal vez siempre dices "sí" a oportunidades y eventos porque tienes miedo de quedarte fuera, solo u olvidado.
Hay muchas maneras en las que podríamos vivir con temor a otras personas, pero el resultado siempre es el mismo: nos volvemos ansiosos, deprimidos, inseguros y desconfiados. Cuando vivimos así, no confiamos en Dios.
No podemos confiar en Dios si vivimos con temor, porque el temor es lo contrario del amor que nace de la fe.
La aprobación de Dios es la única aprobación que importa. Agradar a Dios importa más que agradar a los demás. Ser aceptado por Dios importa más que ser aceptado por otras personas. Y la gran noticia es: ¡no tenemos que ganar Su aceptación! No tenemos que probar que somos dignos de Su tiempo, atención o amor. La muerte y resurrección de Jesús hicieron esto por nosotros. Y cuando pertenecemos a Jesús, Dios está obrando en nosotros, moldeándonos para ser más como Cristo.
La aceptación e inclusión de otros nunca nos dará la verdadera seguridad y protección que deseamos. Pero la aceptación de Dios es incondicional y nos transforma de dentro hacia afuera. Solo necesitamos recibirlo y dejar que Su amor cambie nuestra manera de pensar y actuar. A medida que el conocimiento de Su amor aumenta en nuestras vidas, el temor a las personas disminuye.
Cuando confiamos en Dios, podemos descansar en la seguridad de que estamos seguros para la eternidad. Somos amados por nuestro Salvador misericordioso. Solo Él tiene el poder de cambiar el curso de la vida y dirigir nuestros caminos hacia la bondad.
Toma un tiempo y examina tu propio corazón. ¿Son tus pensamientos, palabras y acciones resultado de temer al hombre o de confiar en Dios? Considera algunas pequeñas formas en las que puedes comenzar a poner tu confianza en Dios en lugar de vivir con temor de lo que otros puedan pensar de ti.