22/08/2017
La oración, como el luchar en un campo de batalla, suele tener más que ver con la adaptación que con la solidez del plan que teníamos al entrar en ella. Se trata más de cooperar y menos de coaccionar. ¿Vamos a dejar que Dios nos cambie una vez que estemos en medio de la lucha? Eso puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Cuando oras, frecuentemente tienes el enemigo de la duda, la frustración, el antagonismo y la incredulidad escondido en el corazón de otros. No pueden ver lo que estás viendo: las cosas que Dios te muestra por revelación o coloca en tu corazón como un deseo. En el fragor de la batalla el general sabio leerá el campo y adaptará su plan de batalla original para que coincida con lo que está viendo.