Comunidad JUDIA EEI

Historia de amor y respeto*El anillo perdido*       Contó Rab Itzjak Dayán una historia fascinante: En cierta ocasión, u...
04/01/2026

Historia de amor y respeto
*El anillo perdido*

Contó Rab Itzjak Dayán una historia fascinante:

En cierta ocasión, una pareja iba a casarse. Como es normal, la emoción y el júbilo llenaban sus corazones. La familia del novio hizo llegar a la prometida un sinnúmero de regalos (bate), entre ellos un anillo de compromiso muy valioso. Se trataba de una sortija con un diamante solitario de más de tres quilates. El color de la piedra embellecía la calidad del brillante. Ante todo esto, la novia quedó fascinada y muy emocionada por tantos halagos.

El día de la boda, después del enlace matrimonial, ocurrió algo que empañó la festiva atmósfera familiar: la novia había perdido la sortija.

Se cerraron las puertas del lugar, se pidió a la gente que si alguien veía la joya la devolviera a la Novia (kalá); los meseros fueron revisados y todo indicaba que aquella piedra se había esfumado de la faz de la tierra.

Durante las semanas subsecuentes, la familia comenzó a comentar lo distraída que era la ahora esposa del novio y se preguntaban cómo pudo perder un regalo tan importante. Y todos estos comentarios crearon alrededor de la novia la imagen de una mujer poco responsable y descuidada.

Al correr de los años, esta etiqueta definió la personalidad de la muchacha. Desde luego, esto siempre la incomodó y le hizo sentirse mal.

Cuando cumplieron diez años de casados, la pareja decidió volver a representar su unión matrimonial a pequeña escala. Él se vistió con aquel traje que usó en la ceremonia nupcial y ella hizo lo mismo con su vestido de novia. Invitaron sólo a la familia más cercana y a algunos amigos muy queridos.

Y de repente, el novio introdujo su mano al bolsillo… ¡y se percató de que allí estaba el anillo aquel que se había extraviado!

Lo sacó y lo entregó a su esposa delante de todos. Tan grande fue la sorpresa pública que todos dijeron:

—¡Ella se lo dio a guardar aquella noche y a él se le olvidó!

Después de aquel evento, se cambiaron los papeles. Todos comentaban lo buena mujer que ella había sido siempre y cómo había podido callar la vergüenza de todos aquellos comentarios durante tantos años. Y a él no lo bajaban de irresponsable.

Una década después, ambos esposos se vieron a los ojos y se dijeron:

—Ahora no vamos a poder celebrar nuestros veinte años de casados —dijo él a ella—. Nuestra situación económica se ha deteriorado mucho (que nadie sepa) y con trabajos sacamos los gastos diarios. Esta ocasión celebraremos tú y yo solos, aquí en nuestro hogar, con una cena modesta.

Al escuchar ella estas palabras, tomó aquella sortija y recordó esos comentarios de la noche de bodas, que decían dónde la había adquirido el novio y lo cara que era. Fue hasta la joyería y pidió hablar con el propietario. Salió aquel hombre elegante y fino, y le dijo:

—¿Sí? ¿En qué puedo ayudarle?

—Mire usted —dijo ella—. Este anillo me lo regalaron en mi boda y lo compraron aquí. Ahora nuestra situación aprieta y quiero venderlo.

El hombre observó aquel solitario y le dijo:

—Perdóneme, señora, pero este no es el anillo que yo les vendí en esa ocasión. Por el tipo de montadura, presumo que éste fue comprado en una joyería de la competencia que está a unas calles de aquí.

Ella se despidió amablemente y se dirigió hasta el negocio que le habían referido. Se presentó ante el dueño, le comentó que le gustaría vender el anillo y éste le comentó:

—Sí, en efecto. Este es un trabajo nuestro y recuerdo perfectamente a su esposo. Él estuvo viniendo aquí por diez años y cada semana nos abonaba una cantidad para pagar la sortija. Cuando la liquidó, recuerdo la felicidad con que se la llevó. Incluso comentó que en esa fecha cumplía diez años de casado.

—Gracias –dijo ella—. Si es así, no voy a vender el anillo.

Salió caminando rumbo a su casa y entendió que el verdadero brillante del hogar era aquel esposo que Dios le había mandado, y que el brillo que él poseía opacaba a cualquier piedra preciosa.

Salo Michán M.

01/01/2026

La mezuzá de los criptojudíos es la misma mezuzá judía tradicional, pero para ellos, su colocación y visibilidad eran un acto de fe secreto y resistencia, ocultándola o colocándola de manera discreta para no revelar su identidad judía durante la Inquisición y persecuciones, manteniendo viva la tradición en privado como un "amuleto" de protección y recuerdo de su pacto con Dios en sus puertas, a pesar de la amenaza de ser descubiertos como conversos forzados.

La mezuzá es un pergamino sagrado. Contiene versículos de la Torá (el Shemá Israel) escritos a mano en hebreo, colocados en un estuche. Es un símbolo de fe. Se adhiere a la jamba derecha de las puertas (excepto baños) como un recordatorio constante de la unicidad de Dios y la identidad judía. Representa protección y pacto. Su nombre en el pergamino, "Shaddai" (Guardián de las puertas de Israel), simboliza la vigilancia divina sobre el hogar.

Había una tradición de ocultamiento. Durante siglos, especialmente en España y Portugal, los criptojudíos (judíos que practicaban el judaísmo en secreto) tenían que esconder sus mezuzot o colocarlas dentro de sus casas para evitar ser descubiertos por la Inquisición. Podían adornar sus puertas con objetos similares a mezuzot, pero falsos, o colocar la verdadera mezuzá en lugares ocultos, como dentro de armarios o en puertas interiores. Era una forma de resistencia. Para ellos, era un acto de rebeldía silenciosa y una manera de mantener viva su conexión con sus raíces, incluso cuando la revelación pública significaba peligro. Era un ritual privado. Tocarla o besarla (al entrar y salir) se convertía en un momento íntimo de reafirmación de su fe, un "centinela silencioso" que los conectaba con su tradición.

En esencia, la mezuzá para un criptojudío no era solo un objeto religioso, sino un poderoso símbolo de identidad secreta, fe inquebrantable y resistencia contra la opresión.

Foto: Casa jueva al c. Arc de Sant Ramon del Call, mezuzà

Hablando ladino ..escuchen..
26/12/2025

Hablando ladino ..escuchen..

Historia real del Valle de las Batuecas, Salamanca, el valle más aislado de España donde el tiempo se detuvo. En 2022 lingüistas de Universidad de Salamanca ...

Para los que estén Ambato y Baños
11/12/2025

Para los que estén Ambato y Baños

28/11/2025

El segador de mi hermano

28/11/2025
28/11/2025
28/11/2025
28/11/2025

¿Por qué nos llamamos judíos?

Vaietzé (Génesis 28:10-32:3 )

¿Qué significa ser judío? A lo largo de mi vida, encontré la palabra “judío” utilizada como una ligera ofensa casual, aunque fuera en tono de broma, pero nunca como un elogio. A nivel personal, mi condición de judío era un hecho, pero no una fuente de orgullo. Mi relación con el judaísmo no era mucho mejor. No me conectaba con las prácticas religiosas que parecían arbitrarias y aleatorias, y detestaba los servicios de plegaria largos y aburridos. Sentado en la sinagoga, recuerdo calcular cuándo fingir que necesitaba ir al baño para dividir la monotonía en intervalos óptimos.

Una Ferrari en el garaje
Para valorar algo, uno debe entender su propósito y cómo funciona. Si tienes una Ferrari pero no sabes cómo operarlo, arrancarás los asientos y los usarás como sillas de jardín.

Esta desconexión entre posesión y entendimiento describe perfectamente mi propio camino judío. En mi caso, después de mi Bar Mitzvá, simplemente dejé la Ferrari en el garaje y me fui hacia lo que creía eran cosas más grandes y mejores.

Si tan solo hubiera aprendido el principio más esencial del judaísmo; un principio tan fundamental que podemos encontrarlo en la etimología de las palabras judío y judaísmo (en hebreo Iehudí). ¿Por qué nos llamamos judíos? Nuestra exploración comienza en la porción de la Torá de esta semana.

La etimología de la gratitud
Después de recibir las bendiciones de Esav de su padre Itzjak, Iaakov huye a Padán Aram para escapar de la ira de su hermano. Allí trabaja siete años para su tío, el mentiroso y estafador Labán, con el fin de casarse con su hija Rajel.

Home > Parashá > Basico > La Torá como guía para el crecimiento personal
¿Por qué nos llamamos judíos?
MÁS ARTÍCULOS DE Vaietzé
BásicoAvanzadoPadres e Hijos
La Torá como guía para el crecimiento personal ¿Por qué nos llamamos judíos?
Crecer a través de la Torá Alzar la cabeza y los pies
Reflexiones del Rav Avraham Twerski Cuando los años parecen unos pocos días
Sabiduría milenaria y psicología moderna Hacer que el tiempo vuele
Tora Selfie [Video] ¿Llorar es una señal de debilidad?
El nuevo 'viejo camino' Probablemente debería haberlo hecho
Hollybook: Parashá semanal En busca de la Felicidad
Sabiduria para la vida Gracias, pero no, gracias
Torá para tu mesa Reconocer la verdad
Viaje mistico Cómo entender a los ángeles
La Parasha de Appel La relación empleador-empleado
La Personalidad Humana La capacidad de dar
Un Poco de la Luz [Video] Un obstáculo o un medio
Hablando Claro Salir al Mundo
Bytes de Tora Malos modales
Una leccion de vida Elige Hacer
La parashá de Shraga El Mayor Logro
23/11/2025
5 min de lectura

FacebookWhatsAppPrintFriendlyCompartir
La Torá como guía para el crecimiento personal
por Rav Abraham Kovel

Vaietzé (Génesis 28:10-32:3 )
¿Qué significa ser judío? A lo largo de mi vida, encontré la palabra “judío” utilizada como una ligera ofensa casual, aunque fuera en tono de broma, pero nunca como un elogio. A nivel personal, mi condición de judío era un hecho, pero no una fuente de orgullo. Mi relación con el judaísmo no era mucho mejor. No me conectaba con las prácticas religiosas que parecían arbitrarias y aleatorias, y detestaba los servicios de plegaria largos y aburridos. Sentado en la sinagoga, recuerdo calcular cuándo fingir que necesitaba ir al baño para dividir la monotonía en intervalos óptimos.

Una Ferrari en el garaje
Para valorar algo, uno debe entender su propósito y cómo funciona. Si tienes una Ferrari pero no sabes cómo operarlo, arrancarás los asientos y los usarás como sillas de jardín.

Esta desconexión entre posesión y entendimiento describe perfectamente mi propio camino judío. En mi caso, después de mi Bar Mitzvá, simplemente dejé la Ferrari en el garaje y me fui hacia lo que creía eran cosas más grandes y mejores.

Si tan solo hubiera aprendido el principio más esencial del judaísmo; un principio tan fundamental que podemos encontrarlo en la etimología de las palabras judío y judaísmo (en hebreo iehudí). ¿Por qué nos llamamos judíos? Nuestra exploración comienza en la porción de la Torá de esta semana.

La etimología de la gratitud
Después de recibir las bendiciones de Esav de su padre Itzjak, Iaakov huye a Padán Aram para escapar de la ira de su hermano. Allí trabaja siete años para su tío, el mentiroso y estafador Labán, con el fin de casarse con su hija Rajel.

SUSCRíBETE
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.

Ingresa tu dirección de email
¡Únete hoy!
La noche de la boda, Labán cambia a las hermanas, engañando a Iaakov para que se case con su hija mayor, Leá. Una semana después, Labán entrega a Rajel a Iaakov como segunda esposa a cambio de siete años más de trabajo. Poco después, ambas hermanas dan a sus siervas, Bilhá y Zilpá, como esposas para ayudar a construir la nación judía. Su acto desinteresado eleva a cuatro el número total de esposas de Iaakov.

Las cuatro matriarcas sabían proféticamente que Iaakov tendría 12 hijos, quienes se convertirían en las 12 tribus del pueblo judío. Leá, quien podemos asumir era una estudiante de matemáticas competente, comprendió que con cuatro madres, una división natural asignaría tres hijos a cada una (12 / 4 = 3). Pero Hashem la bendijo más allá de su porción asignada.

Al dar a luz a su cuarto hijo, Leá exclamó: “¡Esta vez alabaré agradecidamente (אודה) a Hashem!”. Por eso llamó su nombre Iehudá (יהודה)” (Génesis 29:35). Rashi explica el pensamiento de Leá: “Como [Dios] me dio más que mi porción, ahora me corresponde dar gracias (להודות)”.

De estos versículos aprendemos que el nombre Iehudá significa “daré gracias”. Iehudá, la tribu de liderazgo de la nación judía, se convirtió en el nombre de todo el pueblo judío: los iehudim (judíos). Juntando las piezas: gratitud → Iehudá → iehudim → judíos. Nuestro nombre describe nuestra esencia. Somos el pueblo que da gracias; la nación agradecida; la nación que da gracias por haber recibido más que nuestra parte justa.

Vayamos un paso más allá. Si un judío es alguien que da gracias, entonces el judaísmo es la religión de dar gracias. Rav Dessler, uno de los grandes maestros de Musar del siglo pasado, en su Ensayo sobre la bondad, resume:

“El verdadero servicio a Dios está construido sobre un fundamento de gratitud. Está declarado con la máxima claridad en todos los libros del Tanaj (Torá, Profetas, Escritos) que tenemos el deber de agradecer a Hashem por todo el bien que nos concede. La gratitud es la motivación de nuestra observancia de todos los preceptos y estatutos de la Torá”.

La ecuación es la siguiente: Dios nos da (vida, Torá, abundancia, significado, oportunidad, etc.), sentimos aprecio, buscamos formas de corresponder (las mitzvot) y las cumplimos con alegría, y terminamos en una relación amorosa con Dios. ¡Eso es el judaísmo en pocas palabras!.

Una epifanía de aprecio
Recuerdo el momento en que esta verdad se volvió clara para mí. Después de mi viaje de Birthright a Israel, visité a un buen amigo de la universidad, quien estaba estudiando en Aish HaTorá, una Ieshivá en Jerusalem. Sentados juntos en el Muro Occidental, él me desafió a pensar en mi relación con mi Creador. Antes de esto, había construido una relación con Dios por aproximadamente dos años a través de escribir un diario, meditar y rezar, pero no por un medio religioso.

Reflexionando sobre su pregunta, entré en un profundo estado de contemplación. Mi rostro apoyado contra las antiguas piedras, y el murmullo de plegarias llenaba el aire como una marea suave. Pasaron minutos. De repente, me golpeó la idea: “Aquí estaba toda esta bendición: familia, amigos, comida, refugio, viajes, experiencias, significado... ¡la vida misma! ¿Y qué había hecho yo para merecer algo de eso? ¡Nada!”

Desde lo más profundo de mi corazón, sentí la necesidad de decir “Gracias” a Dios por todo lo que me había dado. Pero… ¿cómo? Abrí los ojos y miré a mi alrededor a los judíos que me rodeaban. Los vi moviéndose de un lado a otro con devoción, recitando palabras de sus libros y estudiando textos antiguos. Pensé: Si Dios me hizo judío, entonces quizá la mejor manera de mostrarle mi agradecimiento es a través del judaísmo.

Entender esto lo cambió todo. Al día siguiente, compré una copia de la Torá, una kipá (que al principio solo usaba en Shabat) y comencé mi camino judío.

Llevarlo a la práctica – Un agradecimiento semanal.

Me gustaría terminar compartiendo una forma muy práctica y agradable de traer más gratitud a tu vida. Durante el encierro por el Covid, cada viernes por la noche durante la comida de Shabat, mi mamá y yo comenzamos una práctica de compartir aquello por lo que estábamos agradecidos esa semana. Esta práctica que continúo con mi esposa hasta el día de hoy.

Te animo a hacer lo mismo. Haz una pausa mientras comes, solo o con tus seres queridos, y reflexiona sobre aquello por lo que estás agradecido. Puedes intentar incluir tres cosas: algo pequeño, algo presente y algo grande. Esta simple práctica encarna lo que realmente significa ser judío: reconocer y agradecer las bendiciones en nuestra vida.

A través de una práctica constante de gratitud, nos inspiraremos a cumplir nuestra misión divina de traer el amor y la bondad de Dios a nuestro mundo a través de Su Torá y Sus mandamientos.

Este principio básico está insinuado en el primero de los Diez Mandamientos revelados por Dios en aquella deslumbrante revelación ante todo nuestro pueblo en el Monte Sinaí: “Yo soy Hashem tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud”. Es claro que la mención de la salida de Egipto, reforzada por la referencia a la “casa de esclavitud”, tiene la intención de despertar en nosotros sentimientos de gratitud como preludio a nuestra aceptación de la Torá de Dios. [A diferencia del servicio a Dios que deriva del temor], el servicio que participa de la integridad y la perfección solo puede ser aquel que proviene de sentimientos desinteresados de gratitud.

Nota al pie: Hay una idea hermosa más que me gustaría agregar. En la famosa enseñanza de Pirkei Avot – Mishna 4:1, uno de nuestros grandes sabios, Ben Zoma, pregunta: “¿Quién es rico?”. Tu primera inclinación podría ser pensar en los Jeff Bezos del mundo, pero vamos… sabes que no puede ser tan fácil. Ben Zoma, el autor de la Mishná, nos informa sabiamente que la respuesta correcta es: “Aquel que está contento con su porción”. Si no podemos apreciar lo que tenemos, en realidad no lo poseemos. Entonces, ¿qué tiene que ver la riqueza con lo que dijimos antes, que la gratitud es la puerta de entrada hacia la Torá y una relación con Dios? Creo que la respuesta es simple: cuando sentimos que hemos recibido más que nuestra parte justa, cuando nos sentimos ricos, naturalmente queremos retribuir. Cuando una persona se siente como un recipiente vacío, necesita que lo llenen constantemente. Pero cuando una persona, a través de la gratitud, se da cuenta de que se le ha dado todo (más que suficiente) se convierte en un manantial que brota con abundancia, derramando su generosidad sobre toda la creación y, a través del servicio divino, devolviendo a Dios, quien le dio todo lo que tiene.
SHABAT SHALOM LEKULAM

28/11/2025
21/11/2025

La sociedad que nunca fue entre Iaakov y Esav

Toldot (Génesis 25:19-28:9 )

Cada familia tiene sus historias de rivalidad y reconciliación, pero ninguna ha generado tanta discusión y debate teológico como la historia de Iaakov y Esav. En este relato bíblico somos testigos de una rivalidad fraterna que comienza en el vientre, la fe inquebrantable de un padre en su hijo descarriado, la intervención de una madre, una primogenitura vendida y una bendición robada. Pero debajo de estos puntos conocidos se encuentra una revelación que transformará para siempre nuestra comprensión de su historia.

El relato bíblico
La historia comienza incluso antes del nacimiento, durante el difícil embarazo de Rivká: “Y los niños luchaban dentro de ella” (Génesis 25:22). Rashi explica que cuando Rivká pasaba cerca de una casa de estudio de Torá, Iaakov empujaba para salir, mientras que cerca de casas de idolatría, Esav luchaba por escapar.

Cuando los mellizos nacieron, Esav salió primero, con Iaakov sujetando su talón. A medida que crecieron, sus caminos fueron divergiendo dramáticamente: Esav se convirtió en un hábil cazador, un hombre del campo, ganándose el favor de su padre Itzjak; mientras que Iaakov se convirtió en “un hombre íntegro, que habita en tiendas”, dedicándose al estudio y a la búsqueda espiritual, y ganando el favor de su madre Rivká.

La narrativa llega a su primer punto de inflexión cuando Esav regresa de cazar, hambriento y exhausto. Encuentra a Iaakov preparando un guiso de lentejas y Esav cambia su primogenitura (su herencia de liderazgo espiritual para la eternidad) a cambio de saciar de inmediato su hambre. Esta decisión impulsiva establece el escenario para el momento culminante de la historia.

Cuando Itzjak se acerca al final de su vida, envía a Esav con la misión de cazar un animal y prepararlo para poder darle una bendición. Mientras Esav está cazando, Rivká organiza un elaborado engaño: disfraza a Iaakov como su hermano velludo, con pieles de animales y la ropa de Esav. Iaakov se acerca a su padre ciego y, mediante esta estratagema, recibe la bendición destinada a su hermano. Cuando Esav regresa y descubre el robo, su angustia e ira obligan a Iaakov a huir para salvar su vida.

Preguntas desconcertantes
Este relato plantea varias preguntas inquietantes que han desafiado a los lectores durante generaciones:

¿Cómo pudieron Itzjak y Rivká, gigantes espirituales, dar a luz a un hijo tan perverso como Esav?
¿Cuándo comienza el destino? Durante el embarazo de Rivká, los mellizos luchabann de una manera que parece predecir sus caminos futuros. Sin embargo, el Talmud enseña que la tendencia de una persona hacia el bien o el mal no se desarrolla antes del nacimiento. Entonces, ¿qué ocurría realmente en el vientre de Rivká?
¿Por qué Dios permitió que Esav naciera primero? ¡Todo este conflicto podría haberse evitado si Iaakov hubiese salido primero!
¿Por qué Iaakov, cuyo nombre significa “talón”, fue nombrado por un detalle aparentemente insignificante: aferrarse al talón de Esav al nacer?
¿Qué podría llevar a Esav a cambiar algo tan valioso como su primogenitura a cambio de un simple plato de sopa?
¿Cómo pudo Itzjak, descrito como un hombre de profunda visión espiritual, mantener una fe tan inquebrantable en Esav a pesar de su mala conducta?
Y lo más crucial: ¿cómo reconciliamos el engaño de Iaakov con su carácter de “hombre íntegro”? ¿Por qué fue necesaria tal estratagema para cumplir los propósitos divinos?
Una comprensión más profunda
El Rebe de Lubavitch ofrece una idea revolucionaria que resuelve todas estas preguntas desconcertantes y transforma nuestra comprensión no solo de este relato bíblico, sino de nuestra propia misión en la vida.

Volvamos al vientre. ¿Recuerdas cómo Esav trataba de dirigirse hacia las casas de idolatría? Aparentemente, buscaba adorar ídolos, incluso como feto. Pero de acuerdo con la novedosa interpretación del Rebe, Esav no quería inclinarse ante los ídolos. ¡Quería destruirlos!

No sólo eso, sino que destruir el mal era la misión entera de su vida. El rol de Esav era allanar el camino para Iaakov eliminando los obstáculos físicos y espirituales, permitiendo así que Iaakov llenara el mundo con la sabiduría y la moralidad de la Torá. Por eso Iaakov nació literalmente a los talones de Esav. Su asociación habría sido el cumplimiento ideal de la profecía divina revelada a Rivká: “El mayor servirá al menor”. Iaakov y Esav no estaban destinados a ser enemigos mortales; ¡estaban destinados a ser el equipo perfecto!

Desafortunadamente, Esav, en su misión de purificar el mundo, se vio consumido por él. Este descenso hacia lo físico alcanzó su punto más bajo cuando cambió su primogenitura (su destino de servicio divino) a cambio del placer físico inmediato de un guiso rojo. La negligencia de Esav obligó a Iaakov a tomar tanto la primogenitura como la bendición y asumir el papel que Esav debía cumplir.

Este entendimiento ilumina la fe inquebrantable de Itzjak en Esav. Como hombre de profunda percepción espiritual, él veía el enorme potencial de su hijo y creía que la bendición podría darle la motivación y la ayuda divina necesarias para cumplir su papel de erradicar el mal. Pero Rivká vió el verdadero carácter de Esav y reconoció que sus caminos pecaminosos habían ido demasiado lejos. Por eso ella vistió a Iaakov como Esav, representando la unión de ambas fuerzas complementarias dentro de un mismo hombre, y lo envió a recibir la bendición de Itzjak.

Hay una dimensión todavía más fascinante de esta historia. El Midrash explica que, si Esav hubiera alcanzado su potencial, se habría convertido en uno de los patriarcas del pueblo judío. Y Leá estaba destinada a ser su esposa.

Donde Esav era audaz y externo, Leá era suave e interna. Su unión habría creado una armonía perfecta. No es de extrañar que Iaakov se sintiera naturalmente más atraído por Rajel, hermosa y mundana, la fuerza terrenal necesaria para complementar el elevado potencial espiritual de Iaakov. Cuando Esav cayó, Iaakov tuvo que ocupar su lugar. Ya no podía limitarse a su rol único de líder espiritual. Ahora Iaakov debía ser a la vez líder político y líder espiritual, un hombre del campo que habita en tiendas. Iaakov tomó como esposas a ambas hermanas para dar al pueblo judío el ADN necesario para cumplir su misión divina de perfeccionar el mundo.

De la comprensión a la acción
La historia de Iaakov y Esav nos ofrece una profunda visión de la lucha eterna entre las fuerzas físicas y espirituales dentro de cada uno de nosotros. Así como Esav debía servir a Iaakov, nuestros impulsos físicos deben servir a nuestro propósito espiritual. Donde Esav falló, nosotros debemos triunfar.

Cada día nos presenta la elección de Esav: ¿se convertirán nuestras actividades físicas en fines en sí mismos, o servirán a un propósito más elevado? El judaísmo enseña que incluso nuestras acciones más mundanas pueden convertirse en vehículos de servicio divino, pero solo si las acompañamos de la intención adecuada.

Prueba esto: antes de tu próxima comida, detente y pregúntate: “¿Para qué propósito estoy comiendo este alimento?” Tal vez estás comiendo para mantener tu salud y así poder servir a Dios con vigor, o quizá estás disfrutando delicias de Shabat para incrementar la alegría del día. Al aportar intención consciente a estos momentos cotidianos, podemos transformar nuestras experiencias físicas en oportunidades espirituales.

Sea que trabajemos para mantener a nuestras familias, que hagamos ejercicio para cuidar nuestra salud o que disfrutemos los placeres de la vida, cada actividad tiene el potencial de elevarse espiritualmente. La clave está en recordar, como enseña la historia de Iaakov y Esav, que el mundo físico siempre estuvo destinado a servir a algo superior.

¡Que todos podamos aprender las lecciones de Iaakov y Esav y usar lo físico en nuestras vidas al servicio de nuestras aspiraciones espirituales más elevadas!

Con respecto a su lucha prenatal, Rashi explica que la inusual palabra וַיִּתְרֹֽצֲצ֤וּ, cuya raízרצ significa “correr”, indica que ellos estaban “corriendo en direcciones opuestas” (la doble letra צ sugiere dos movimientos distintos).

(Nidá 16B)
Likutéi Sijot 20 – Parashat Toldot. Esto también explica por qué la bendición que él destinaba para Esav se enfocaba en abundancia material y poder político: las herramientas necesarias para la misión de Esav. Veamos más de cerca el contenido de la bendición de Esav:
“Y que el Señor te dé del rocío de los cielos y de la grosura de la tierra, y abundancia de grano y vino”.
“Que naciones te sirvan y que reinos se postren ante ti; sé señor de tus hermanos, y que los hijos de tu madre se postren ante ti”.
“Los que te maldigan serán malditos, y los que te bendigan serán bendecidos”.
¿Cuáles son las tres partes de la bendición? 1: Riqueza; 2: Poder; 3: Llamémosle Fama. Todas ellas son las bendiciones necesarias para que un rey tenga éxito. ¿Qué falta de manera evidente? Las futuras generaciones del pueblo judío y la tierra de Israel: la herencia espiritual de Abraham. ¿Quién recibe esa bendición? Más adelante en la parashá, después de que todo se ha asentado, en 28:3-4, Itzjak le da precisamente esas bendiciones a Iaakov.
A lo largo de la historia judía, esta dualidad de liderazgo espiritual y físico se ha manifestado repetidamente. Iosef, hijo de Iaakov, fue el primero en cumplir adecuadamente el potencial de Esav como líder mundial, llegando a ser virrey de Egipto y utilizando su poder político para salvar innumerables vidas durante una hambruna devastadora. En ese momento, Iehudá asumió el papel complementario de líder espiritual, estableciendo casas de estudio para los judíos cuando descendieron a Egipto. (También es interesante notar que Iaakov esperó hasta el nacimiento de Iosef para pedir permiso a Labán de regresar a su tierra natal. ¿Por qué? Porque sabía que tendría que enfrentarse a Esav cuando regresara. Cuando nació Iosef, Iaakov vio (proféticamente) que Iosef estaba destinado a ser un gran líder político. Esta profecía le dio a Iaakov plena confianza de que la bendición se había transferido por completo de la línea de Esav a su propia descendencia. Entonces estuvo listo para enfrentarse a Esav). Las generaciones posteriores vieron esta asociación ejemplificada en parejas como Moshé el líder, y Aharón, el sacerdote; así como David, el rey, y Shmuel, el profeta. Hoy vemos esta dinámica a nivel nacional en la relación entre filántropos que se involucran en el mundo material para apoyar a los eruditos de la Torá que se dedican a descargar y difundir la sabiduría divina.
Es difícil atribuir el contenido de este ensayo a una sola fuente. Originalmente escuché esta idea de uno de mis rabinos cuando recién comenzaba a reencontrarme con el judaísmo. Luego, Rav Gershenfeld nos la enseñó durante mi primer año en Majón Yaakov. Sin embargo, en mi investigación para este ensayo encontré un excelente video de Rav Moshé New que resume la idea del Rebe de Lubavitch en una presentación maravillosamente clara y accesible.

Dirección

Alborada III Etapa Mz Calle E. Solar 6 Avenida José María Roura
Guayaquil
090112

Horario de Apertura

Lunes 15:00 - 20:00
Martes 15:00 - 20:00
Miércoles 15:00 - 20:00
Jueves 15:00 - 18:00
Sábado 19:30 - 21:00
Domingo 07:00 - 12:00

Teléfono

+593995689784

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Comunidad JUDIA EEI publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir