08/08/2026
Jóvenes adultos solteros brindan apoyo, esperanza y consuelo a familias de pacientes en hospitales públicos.
Con el propósito de ofrecer un gesto de amor, solidaridad y esperanza a quienes atraviesan momentos de incertidumbre y dolor, los Jóvenes Adultos Solteros (JAS) de la Estaca Samborondón de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días realizaron una jornada de servicio comunitario durante la segunda semana de julio, beneficiando a familiares de pacientes en dos hospitales públicos de Guayaquil.
La actividad consistió en la preparación y entrega de 600 sándwiches acompañados de jugos, distribuidos en el Hospital General Ceibos y el Hospital del Niño Dr. Francisco de Icaza Bustamante. La preparación de los alimentos se llevó a cabo en la capilla de la Estaca Samborondón, ubicada frente a Plaza El Dorado.
Más allá de cualquier diferencia de creencias, los jóvenes coincidieron en un mismo deseo profundo: estar presentes para otros seres humanos en un momento difícil. La iniciativa surgió durante una reunión de coordinación entre los líderes JAS, quienes, inspirados por experiencias previas de servicio, sintieron el impulso de organizar una jornada solidaria a nivel de estaca. En total, aproximadamente 40 jóvenes participaron en la preparación de los alimentos y 37 en la entrega, demostrando un notable compromiso con el bienestar de la comunidad.
Más allá de la entrega de alimentos, la experiencia estuvo marcada por un profundo espíritu de unidad, empatía y amor al prójimo. Los participantes expresaron que trabajar juntos y acercarse a personas que esperaban noticias de sus seres queridos fue una vivencia profundamente humana y transformadora. Las sonrisas, palabras de agradecimiento y gestos de emoción de quienes recibieron la ayuda recordaron a todos que incluso los actos más sencillos pueden convertirse en una fuente real de consuelo y esperanza.
Uno de los aspectos que más impactó a los organizadores fue el entusiasmo genuino de los jóvenes por servir. Durante la jornada, muchos de ellos buscaron activamente a más personas para compartir los alimentos y ampliar el alcance de la ayuda, movidos por un deseo sincero de aliviar, aunque sea por un momento, la carga emocional de quienes esperaban en los hospitales.
Los participantes coincidieron en que esta experiencia fortaleció su sensibilidad hacia las necesidades de los demás y les recordó la importancia de acompañar, escuchar y tender la mano a quienes atraviesan situaciones difíciles, sin importar su origen, creencias o circunstancias.
Los organizadores manifestaron su deseo de repetir este tipo de actividades, convencidos de que el servicio desinteresado es una de las formas más puras de construir comunidad, sanar corazones y reflejar el amor de Dios a través de acciones concretas de bondad, respeto y solidaridad humana.
La jornada dejó una enseñanza que trasciende cualquier frontera religiosa o cultural y que resume el espíritu de la actividad: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). Un principio que, más allá de su contexto de fe, invita a reconocer que cada acto de amor hacia el prójimo es también un acto de humanidad que puede iluminar la vida de otros en sus momentos más difíciles.