16/07/2025
Sesshin, un término que resuena en el budismo japonés, evoca un retiro del mundo, un espacio donde los participantes se apartan geográfica y mentalmente de los lugares habituales, las responsabilidades y las distracciones de la vida cotidiana, para sumergirse en una práctica más profunda de meditación y atención plena.
La palabra "sesshin" significa literalmente "reunir el corazón" o "tocar el espíritu", un llamado a la contención. Esto se manifiesta en prácticas como el silencio total, la limitación de lecturas, el uso restringido de teléfonos, juegos e internet. Estas restricciones invitan a los participantes a enfrentarse a sí mismos. Este encuentro, combinado con una rutina estricta que puede incluir hasta siete a ocho horas diarias de zazen, puede resultar, para los principiantes, un desafío intenso.
Recuerdo la inquietud que sentí antes de mi primer sesshin, pero también recuerdo las palabras de Soko Morinaga Roshi sobre esa ansiedad: "¿Puedes quedarte quieto el tiempo de un incienso?". Un incienso dura media hora. Respondí "sí". Él dijo que eso era todo lo necesario, pues después de ese tiempo podría moverme. Dividir la dificultad en momentos manejables resultó ser un bálsamo efectivo.
Lo mismo aplica al sesshin en su totalidad, que puede durar uno, dos, cinco días o incluso una semana. No hay que preguntarse si "yo" podré soportarlo; basta con saber que, en este instante, hay dos horas hasta la próxima comida, y solo debo sentarme durante ese lapso.
Descubrí que lo difícil no es el sesshin en sí, sino el temor que proyectamos sobre él. Este enfoque de fragmentar el tiempo me ayudó a calmarlo. Las primeras veces fueron físicamente dolorosas y mentalmente exigentes, pero no imposibles. Encontré que poseo la fuerza interior para afrontarlo, y esa fuerza emerge cuando la situación lo requiere.
Antes de decidir participar, es sabio observar la práctica actual. Al menos, uno debería sentarse bien durante una hora (con un breve descanso de dos minutos a mitad de camino para relajar la postura), cinco o seis días por semana. Si la práctica diaria y la capacidad de contener las emociones mediante los preceptos y las formas están asentadas, entonces se está listo.
El propósito del sesshin es desafiar al estudiante y crear las condiciones para que esa fuerza interior despierte. Esto profundiza la práctica al regresar a la vida cotidiana, acumulándose con los años, razón por la cual muchos regresan una y otra vez.
Ningún sesshin es igual para un participante. Además de las demandas físicas, puede ser calmante y alegre, o también turbulento mentalmente. Las defensas internas y las reacciones a la contención pueden traer a la superficie cuestiones psicológicas, como recuerdos de autoridad o celos menores. Incluso algo tan simple como el sonido de la respiración de quien está a tu lado puede volverse una molestia. También emerge el niño interior, buscando aprobación y, al no encontrarla, reaccionando con enojo o retraimiento.
El silencio, una práctica milenaria, permite que estas "obsesiones" afloren a la conciencia para ser observadas con claridad, investigando su origen y el camino hacia su disolución. Soltar estas ansiedades, nacidas de apegos a creencias sobre uno mismo, permite que el corazón encuentre una paz verdadera, como enseñó el Buda: la salida del sufrimiento no está en evitarlo, sino en enfrentarlo y descubrir la fuerza interior que lo trasciende.
Traducido de The Zen Gateway