26/05/2026
Pastoral Penitenciaria Cuenca: una Iglesia que acompaña, escucha y devuelve esperanza
Inspirados por el Evangelio de Jesucristo y por el llamado permanente de la Iglesia a reconocer la dignidad inviolable de toda persona humana, el servicio desarrollado se ha constituido en un verdadero espacio de acompañamiento integral, misericordia y promoción humana para las personas privadas de la libertad, sus familias y las comunidades vinculadas al sistema penitenciario.
En comunión con la misión de la Pastoral Social Cuenca , cuya identidad se fundamenta en “animar y coordinar la caridad organizada de la Iglesia” y promover el Desarrollo Humano Integral y Solidario , este proyecto ha buscado hacer visible una Iglesia cercana, samaritana y sinodal, capaz de escuchar los clamores de quienes viven situaciones de exclusión, violencia, abandono y sufrimiento.
El servicio pastoral desarrollado ha integrado procesos de:
* Santa Eucaristía todos los viernes en 6 pabellones de los 10 disponibles, los mismos que vamos alternando cada fin de semana
* Acompañamiento espiritual y humano;
* Celebraciones de la Palabra y momentos de adoración al Santísimo;
* Formación catequética y preparación sacramental;
* Orientación en dignidad humana y proyecto de vida;
* Escucha activa y contención emocional;
* Reflexión sobre reconciliación, esperanza y reinserción social;
* Formación en Doctrina Social de la Iglesia;
* Fortalecimiento de vínculos familiares y comunitarios;
* Generación de mensajes diarios de motivación espiritual y emocional;
* Discernimiento pastoral prudente frente a situaciones de vulnerabilidad y sufrimiento humano.
Todo este caminar pastoral se ha desarrollado desde una visión profundamente humanizadora, evitando toda forma de discriminación o estigmatización, reconociendo que las personas privadas de libertad no son descartables, sino hijas e hijos de Dios llamados también a reconstruir su vida y su esperanza.
En este sentido, el proyecto recoge el espíritu de las recientes Reglas “Papa Francisco” para el trato humano de personas excluidas, las cuales recuerdan que “ninguna persona es descartable” y que una justicia verdaderamente humana debe construirse desde la escucha, la empatía, el cuidado de la vida y la restitución de la dignidad . Estas reglas insisten en que el sistema no puede reproducir exclusiones ni reducir a la persona a un expediente, sino reconocer “la realidad concreta de las personas” y su profunda necesidad de acompañamiento humano y espiritual.
Asimismo, se ha procurado responder al llamado del magisterio del Papa Francisco en documentos como:
* Evangelii Gaudium, que invita a una Iglesia “en salida”, cercana a las periferias humanas;
* Fratelli Tutti, que propone reconstruir la fraternidad social y reconocer la dignidad de quienes son invisibilizados;
* Laudato Si', que recuerda la conexión entre exclusión social, dignidad humana y cuidado integral;
* Y también la integración de la reciente Magnifica Humanitas, que orienta el discernimiento ético y pastoral sobre tecnología, humanización y acompañamiento de las personas más vulnerables.
Del mismo modo, este servicio pastoral se encuentra en armonía con el sentido constitucional y humanitario del sistema de rehabilitación social del Ecuador, que establece como finalidad “la rehabilitación integral de las personas sentenciadas penalmente, su reinserción social, la protección de las personas privadas de libertad y la garantía de sus derechos” .
La experiencia desarrollada demuestra que la evangelización en contextos penitenciarios no puede limitarse únicamente al ámbito religioso, sino que debe convertirse en un verdadero proceso de humanización, escucha, restauración interior y promoción de la esperanza. En medio de contextos marcados muchas veces por la violencia, el miedo, la desesperanza y la exclusión, este proyecto ha intentado ser signo concreto del amor misericordioso de Dios y expresión viva de una Iglesia que acompaña, no condena; que escucha, no descarta; y que cree firmemente en la posibilidad de transformación humana.
Como recuerda el Papa Francisco:
“La medida de una sociedad es cómo trata a sus miembros más débiles”.
Desde esa convicción, mientras Abba Padre lo permita, continuaremos construyendo espacios de fe, dignidad, reconciliación y fraternidad, caminando junto a quienes muchas veces han sido olvidados por la sociedad, pero jamás olvidados por Dios.