02/09/2026
“Pastoral de la Misericordia” permite construir una pastoral que vaya antes, durante y después de las situaciones de exclusión, trabajando la prevención y, cuando la vida ya ha sido golpeada, la reconstrucción del proyecto personal.
Además, el enfoque coincide con elementos del Reglamento del Sistema Nacional de Rehabilitación Social: desarrollo integral, educación, capacidades, inserción social y laboral, reducción de factores de riesgo y preparación para la reinserción.
Un país donde la pobreza y la falta de oportunidades es la norma, es propenso a caer en las garras de la delincuencia organizada y sus grandes intereses económicos. En este contexto, niños y adolescentes se vuelven especialmente vulnerables, por lo que son las víctimas más frecuentes de las mafias que se sirven de las necesidades insatisfechas, la falta de educación, el abandono, para obtener mano de obra barata para hacer el trabajo sucio.
Un trabajo periodístico realizado por EV habla del problema y hace algunas reflexiones válidas sobre ello:
“Menores en riesgo, rescatarlos es posible”
“¿Llegaremos primero?”
Por recordarle a este medio que ellos fueron y son, los detractores más fervientes a quienes plantearon algunas alternativas: Cientos de escuelas, guarderías, universidades, acceso igualitario a cupos, becas nacionales e internacionales. Quizás la propuesta más vilipendiada y deslegitimada por la gran prensa, fue el proyecto emblemático sobre el trabajo con las pandillas juveniles que buscaba plantearles alternativas de oficio, educación y reinserción en la legalidad y con ello arrancar de las manos sucias del narco a nuestro niños y adolescentes.
Cuidado, las alternativas y conclusiones planteadas en su reportaje, luego sean entendidas como una suerte de “pacto con la delincuencia”.
La Pastoral de la Misericordia no pregunta primero: “¿Qué hizo esta persona?”, sino “¿Qué le pasó, qué heridas carga y qué podemos hacer para que su historia no termine aquí?”
La mirada misericordiosa no significa justificar el delito, la violencia, las adicciones o cualquier conducta que cause daño. Significa mirar a la persona sin reducirla a su error, reconocer su responsabilidad y, al mismo tiempo, creer que puede reconstruir su vida.
Por eso, esta pastoral puede dirigirse a niños y adolescentes en riesgo, personas en situación de prostitución, personas con adicciones, habitantes de calle, víctimas de violencia, personas vinculadas a pandillas o estructuras delictivas, privados de libertad, personas liberadas y familias rotas por estas situaciones.
El punto de encuentro entre realidades tan diferentes es uno: la exclusión puede destruir progresivamente el proyecto de vida de una persona cuando no encuentra alguien que llegue a tiempo para escucharla, acompañarla y ofrecerle una alternativa.
Y aquí aparece una pregunta que puede convertirse en el eje de toda la Pastoral de la Misericordia:
> ¿Llegaremos primero nosotros, con la dignidad, la escucha, la educación, el trabajo, la comunidad y la esperanza; o llegará primero quien ofrece dinero, droga, poder, pertenencia o una falsa identidad?
De la misericordia a la acción
Esta pastoral en seis momentos:
1. Prevenir ¿Qué situaciones están poniendo en riesgo a la persona? Detectar vulnerabilidades y llegar antes
2. Acoger ¿Quién está dispuesto a escuchar sin condenar? Escucha, acompañamiento y acogida
3. Sanar ¿Qué heridas necesitan ser atendidas? Recuperación emocional, espiritual, familiar y social
4. Reconstruir ¿Qué proyecto de vida todavía es posible? Educación, oficio, trabajo, familia y espiritualidad
5. Reinserir ¿Quién acompañará el nuevo comienzo? Comunidad, redes de apoyo y oportunidades
6. Sostener ¿Cómo evitamos volver atrás? Acompañamiento permanente y prevención de recaídas/reincidencia
La Iglesia podría preguntarse:
¿Dónde están las personas que todavía no han llegado a la cárcel, pero están caminando hacia ella?
Ahí están los adolescentes sin oportunidades, quienes viven en ambientes de violencia, quienes buscan refugio en las dr**as, quienes son explotados sexualmente, quienes sobreviven en la calle, quienes pertenecen a grupos violentos, quienes salen de prisión y nadie quiere contratar, y también sus familias.
La misericordia consiste en salir al encuentro de esas personas antes de que la exclusión se convierta en destino.
Y cuando alguien ya cayó, la misericordia no dice: “Ya es demasiado tarde”. Dice:
“Tu historia no termina en tu caída; todavía podemos reconstruir juntos un proyecto de vida.”.
Una formulación que podría convertirse en el concepto del proyecto
PASTORAL DE LA MISERICORDIA
“Llegar antes. Acoger siempre. Reconstruir vidas.”
Prevención → Acogida → Sanación → Reconstrucción del proyecto de vida → Reinserción → Acompañamiento.
Y creo que hay una idea todavía más potente para desarrollar todo el proyecto:
> “La misericordia es llegar antes de que la exclusión se convierta en destino y permanecer después de que la persona haya decidido cambiar.”
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