07/11/2022
Dios no te creo para pequeñeces, Él diseñó tu alama para luchar por cosas más grandes de las que tu carne podría imaginar.
Formó tu corazón para cosas santas, es por eso que el pecado trae incomodidad a nuestro espíritu, porque la gracia con la que hemos sido creados se ha convertido en un hogar para nuestro corazón.
No sueñes a través de tus pasiones porque esos sueños te llevarán a perder el cielo, sueña con el alma, aunque eso signifique perder el suelo porque sabrás que todo lo que quieres no está en la tierra, sino en lo alto; dónde se elevan tus oraciones y Dios siempre puede más.
No desees aquello que desde un principio estás conciente que pondrá en riesgo todo lo que Dios ha formado en tí, porque tenerlo significará permitir voluntariamente una herida en nuestro corazón, y aún cuándo Dios desee salvarnos nos dará la libertad de elegir, porque el verdadero amor jamás te obliga.
No vivas a medias y déjate arder en el amor de Dios, desafía tus propias expectativas y sobrepasa inclusive aquellos límites que tú mismo le has puesto a tu alma para agradarlo a Él.
Ser muy santo no significa corromper tu libertad, alegría y juicios, sino adaptarlos a lo que Dios desea de tí, con ese mismo ímpetu que te caracteriza.
Ser santo es encontrar tu lugar y llenarlo de Dios, hacerlo todo por él y para él.
Aléjate de aquello que apaga la luz de tu interior, por mucho que te cueste aceptar que hay momentos en los que personas o situaciones te alejarán de la voluntad de Dios, sé valiente para comprender que en ocasiones será necesario abandonar mucho de nosotros mismos para dejar existir el plan del cielo en nuestra vida.
Porque cada situación en la que somos procesados, el Espíritu Santo es la voz de nuestra conciencia y da presagios de alerta a nuestro corazón cuando algo está apunto de destruir nuestros sueños.