Amigos Por El Evangelio C.P.

Amigos Por El Evangelio C.P. Amigos Por El Evangelio es un espacio para compartir la Fe, Reflexionar el Evangelio y Acompañamiento

“Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”En el evangelio de Juan Jesús utiliza la imagen del grano de trigo para expl...
10/08/2026

“Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”

En el evangelio de Juan Jesús utiliza la imagen del grano de trigo para explicar el misterio de su propia entrega: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.» El grano necesita ser enterrado para comenzar una nueva vida y producir fruto. De la misma manera, Jesús anuncia que su muerte en la cruz no será una derrota, sino el camino hacia la Resurrección y la salvación de toda la humanidad.

Esta imagen también ilumina nuestra propia vida cristiana. Para dar fruto es necesario aprender a morir al egoísmo, al orgullo, al pecado, a los rencores y a todo aquello que nos impide amar verdaderamente. No se trata de destruir nuestra vida, sino de entregarla. Cuando dejamos de vivir únicamente para nosotros mismos y comenzamos a vivir para Dios y para los demás, nuestra existencia adquiere un sentido nuevo y comienza a producir frutos de amor, servicio y santidad.

Jesús continúa diciendo: «El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna.» Con estas palabras nos enseña que la verdadera vida no consiste en buscar únicamente nuestra comodidad o nuestros propios intereses. Quien se aferra egoístamente a lo material termina perdiendo lo esencial. En cambio, quien entrega su vida por amor encuentra una riqueza mucho más grande: la amistad con Dios y la esperanza de la vida eterna.

Luego Jesús hace una invitación directa: «El que quiera servirme, que me siga.» Servir a Cristo significa caminar detrás de Él, aceptar su Evangelio y asumir su estilo de vida. No podemos decir que amamos a Jesús si no estamos dispuestos a servir a nuestros hermanos. El verdadero discípulo no busca los primeros puestos ni el reconocimiento, sino que se convierte en instrumento de amor, especialmente para quienes sufren, para los pobres, los enfermos y los que necesitan esperanza.

Finalmente, Jesús promete: «Donde esté yo, allí estará también mi servidor.» Esta es una hermosa garantía para quien entrega su vida al Señor: nunca estará solo. Cristo acompaña al discípulo en el sacrificio, en el servicio y también en la gloria. Este evangelio nos invita a preguntarnos: ¿qué necesito dejar morir en mí para que Cristo pueda producir nuevos frutos? Si tenemos el valor de entregar nuestra vida al Señor, como el grano de trigo, nuestra existencia podrá convertirse en una fuente abundante de amor, esperanza y vida para los demás.

Dios sea bendito y nos bendiga

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

Palabra del Señor.

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«En ve...
10/08/2026

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

Palabra del Señor.

“¡Ánimo, soy yo; no tengan miedo!”En el evangelio de Mateo Jesús manda a sus discípulos subir a la barca mientras Él se ...
09/08/2026

“¡Ánimo, soy yo; no tengan miedo!”

En el evangelio de Mateo Jesús manda a sus discípulos subir a la barca mientras Él se retira al monte para orar. Durante la noche, la barca es sacudida por las olas porque el viento era contrario. Esta escena representa muchas de las tormentas que encontramos en nuestra vida: dificultades, preocupaciones, enfermedades, pérdidas y momentos en los que sentimos que Dios está lejos. Sin embargo, aunque los discípulos no podían verlo, Jesús estaba atento a ellos y salió a su encuentro.

Cuando los discípulos lo ven caminando sobre el agua, se llenan de miedo y piensan que es un fantasma. Entonces Jesús les dice: «¡Ánimo, soy yo; no tengan miedo!». Estas palabras son una invitación a confiar. Jesús no siempre evita que atravesemos las tormentas, pero sí promete estar presente en medio de ellas. Cuando el miedo quiera apoderarse de nuestro corazón, debemos recordar que Cristo está cerca y que su presencia es más fuerte que cualquier dificultad.

Pedro, lleno de confianza, le dice: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas.» Jesús le responde: «Ven.» Pedro comienza a caminar sobre el agua, pero cuando mira la fuerza del viento, siente miedo y empieza a hundirse. Esto nos muestra que mientras nuestros ojos permanecen puestos en Cristo podemos avanzar, pero cuando fijamos toda nuestra atención en los problemas, las dificultades y nuestros propios temores, nuestra fe comienza a debilitarse. El problema no estaba en el agua, sino en que Pedro dejó de mirar al Señor.

Cuando Pedro comienza a hundirse, grita: «¡Señor, sálvame!». Jesús inmediatamente extiende la mano, lo sostiene y le dice: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?». Qué hermoso es descubrir que, incluso cuando nuestra fe es débil, Cristo no nos abandona. Pedro tuvo miedo y cayó, pero tuvo la humildad de pedir ayuda. También nosotros podemos caer, equivocarnos o sentirnos débiles, pero siempre podemos levantar nuestra mirada hacia Jesús y decirle: «Señor, sálvame.»

Finalmente, cuando Jesús sube a la barca, el viento se calma y los discípulos se postran ante Él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.» La tormenta terminó convirtiéndose en una oportunidad para conocer más profundamente a Jesús. Este evangelio nos enseña que las dificultades también pueden fortalecer nuestra fe. Cuando atravesemos momentos difíciles, no debemos preguntar solamente por qué Dios permite la tormenta, sino también dónde está Jesús en medio de ella. Si mantenemos los ojos puestos en Él, podremos caminar con esperanza y descubrir que su mano siempre está extendida para levantarnos.

Dios sea bendito y nos bendiga.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo:
«Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apr...
09/08/2026

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo:
«Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

“Si tuvieran fe como un grano de mostaza”En el evangelio de Mateo, un hombre se acerca a Jesús suplicándole por su hijo,...
08/08/2026

“Si tuvieran fe como un grano de mostaza”

En el evangelio de Mateo, un hombre se acerca a Jesús suplicándole por su hijo, que sufre terriblemente. Los discípulos habían intentado ayudarlo, pero no habían podido curarlo. El padre, lleno de angustia, pone su esperanza en Jesús. Este encuentro nos muestra el dolor de una familia que enfrenta una situación que parece superar sus fuerzas, pero también nos enseña que, incluso en medio de la desesperación, siempre podemos acudir al Señor con confianza.

Jesús reprende al espíritu y el muchacho queda curado en ese mismo momento. Después, los discípulos preguntan en privado por qué ellos no pudieron expulsarlo. Jesús les responde señalando la causa: «Por su poca fe.» El problema no era simplemente la falta de capacidad de los discípulos, sino la debilidad de su confianza en Dios. La misión cristiana no puede realizarse únicamente con nuestras propias fuerzas; necesitamos reconocer que es Dios quien actúa y que nosotros somos instrumentos de su gracia.

Entonces Jesús pronuncia una de las frases más conocidas de este pasaje: «Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este monte: “Trasládate de aquí allá”, y se trasladaría.» El grano de mostaza es pequeño, pero tiene una enorme capacidad de crecimiento. Así debe ser nuestra fe: quizá comience siendo pequeña, pero si la cultivamos mediante la oración, la confianza y la perseverancia, puede convertirse en una fuerza capaz de ayudarnos a superar grandes dificultades.

Este evangelio no significa que la fe sea una especie de poder mágico para conseguir todo lo que deseamos. La verdadera fe consiste en confiar en Dios incluso cuando no comprendemos sus caminos. Una persona que tiene fe puede enfrentar enfermedades, problemas familiares, dificultades económicas, pérdidas o momentos de incertidumbre sin perder la esperanza. La fe nos permite decir: “Señor, no sé cómo resolver esto, pero confío en que Tú estás conmigo.”

Finalmente, este pasaje nos invita a revisar la calidad de nuestra propia fe. Quizás muchas veces acudimos al Señor solamente cuando ya no encontramos ninguna otra solución. Jesús nos llama a confiar en Él desde el comienzo y a permanecer unidos a Él mediante la oración. Cuando nuestra fe se hace pequeña, debemos pedirle como los discípulos: «Señor, aumenta nuestra fe.» Una fe sencilla, humilde y perseverante puede transformar nuestra manera de enfrentar las dificultades y permitirnos experimentar la presencia de Dios aun en medio de las pruebas.

Dios sea bendito y nos bendiga.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,14-20):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor.

Evangelio del día Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,14-20):En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, q...
08/08/2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,14-20):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor.

“El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo”En el evangelio de Mateo, Jesús dirige a sus discípulos una ...
07/08/2026

“El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo”

En el evangelio de Mateo, Jesús dirige a sus discípulos una de las invitaciones más exigentes y profundas del Evangelio: «El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.» Seguir a Cristo no consiste solamente en admirarlo o escuchar sus enseñanzas, sino en asumir un compromiso de vida. Negarse a sí mismo significa renunciar al egoísmo, al pecado y a todo aquello que nos aleja de Dios, para hacer de su voluntad el centro de nuestra existencia.

Jesús enseña que «el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará.» Con estas palabras revela la lógica del Reino de Dios, que es muy distinta de la lógica del mundo. Mientras el mundo busca el éxito, el poder y el bienestar personal a cualquier precio, Cristo muestra que la verdadera vida se encuentra en el amor, el servicio y la entrega generosa. Quien vive solo para sí mismo termina vacío; quien vive para Dios y para los demás encuentra la plenitud.

El Señor también plantea una pregunta que invita a la reflexión: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?». Esta enseñanza nos recuerda que los bienes materiales, el prestigio y las riquezas son pasajeros. Lo único que permanece para siempre es nuestra relación con Dios y el bien que hayamos hecho a los demás. Por eso, el cristiano está llamado a ordenar sus prioridades, poniendo el Reino de Dios por encima de cualquier interés temporal.

Jesús anuncia además que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles para dar a cada uno según sus obras. Esta afirmación nos recuerda que nuestra vida tiene un destino eterno y que seremos juzgados por el amor con el que hayamos vivido. Lejos de provocar temor, esta verdad debe impulsarnos a vivir con responsabilidad, fidelidad y esperanza, sabiendo que Dios recompensa a quienes permanecen firmes en el seguimiento de su Hijo.

Finalmente, este evangelio nos invita a preguntarnos si realmente estamos dispuestos a seguir a Cristo en todas las circunstancias de la vida. Cargar la cruz no significa buscar el sufrimiento, sino aceptar con fe las dificultades, permanecer fieles al Evangelio y confiar en que el Señor camina siempre con nosotros. Quien entrega su vida por amor a Cristo descubre la verdadera libertad y alcanza la alegría que nadie puede quitar. El camino de la cruz conduce siempre a la gloria de la Resurrección.

Dios sea bendito y nos bendiga.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 24-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

Palabra del Señor.

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Mateo 16, 24-28En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«Si a...
07/08/2026

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 24-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

Palabra del Señor.

“Este es mi Hijo amado; escúchenlo”En el evangelio de Mateo Jesús lleva consigo a San Pedro, Santiago el Mayor y San Jua...
06/08/2026

“Este es mi Hijo amado; escúchenlo”

En el evangelio de Mateo Jesús lleva consigo a San Pedro, Santiago el Mayor y San Juan Evangelista a un monte alto. Allí se transfigura delante de ellos: su rostro resplandece como el sol y sus vestidos se vuelven blancos como la luz. Este acontecimiento manifiesta la gloria divina de Cristo y fortalece la fe de los discípulos antes de su pasión. Jesús les permite contemplar por un instante la gloria de la Resurrección para prepararlos a afrontar el escándalo de la cruz.

Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías, que conversan con Él. Moisés representa la Ley y Elías a los Profetas; ambos dan testimonio de que toda la Escritura encuentra su cumplimiento en Jesucristo. Él es el Mesías esperado, el Hijo de Dios que lleva a plenitud las promesas hechas al pueblo de Israel. La Transfiguración revela que Cristo es el centro de toda la historia de la salvación.

Al contemplar esta visión, Pedro exclama: «Señor, ¡qué bien estamos aquí!», y propone levantar tres tiendas. Su deseo expresa la alegría de permanecer en la presencia de Dios, pero aún no comprende que el camino hacia la gloria pasa por la entrega y el sacrificio. La vida cristiana no consiste en quedarse únicamente en los momentos de consuelo espiritual, sino en seguir a Jesús también cuando el camino conduce a la cruz.

Entonces una nube luminosa los cubre y se escucha la voz del Padre que dice: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo.» Estas palabras confirman la identidad divina de Jesús y señalan cuál debe ser la actitud del discípulo: escuchar y obedecer al Hijo. No basta admirar a Cristo; es necesario acoger su Palabra, vivir el Evangelio y dejar que Él transforme nuestra vida. Solo quien escucha a Jesús con un corazón abierto puede caminar hacia la verdadera santidad.

Finalmente, Jesús toca a los discípulos y les dice: «Levántense, no tengan miedo.» Al alzar la vista, ya no ven a nadie más que a Jesús. Este detalle nos recuerda que, en medio de las dificultades, Él permanece siempre a nuestro lado para fortalecernos. El evangelio nos invita a subir al monte de la oración para contemplar a Cristo, pero también a bajar al valle de la vida cotidiana llevando la luz de su presencia. Escuchar al Hijo amado y seguirlo con fidelidad es el camino que conduce a la gloria eterna.

Dios sea bendito y los bendiga.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Palabra del Señor.

Evangelio del díaLectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santi...
06/08/2026

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Palabra del Señor.

Dirección

Villa Vásquez
62000

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Amigos Por El Evangelio C.P. publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Lugar De Culto

Enviar un mensaje a Amigos Por El Evangelio C.P.:

Atajos

Compartir