28/04/2026
*La oración*no es simplemente hablar con Dios, es un recorrido intencional hacia Su presencia. En Vida Discipular 1: La Cruz del Discípulo se presenta como un camino similar al del tabernáculo: no entramos de cualquier manera, sino avanzando paso a paso hasta llegar al lugar santísimo.
Primero, entramos por Sus atrios con gratitud. “Entrad por sus puertas con acción de gracias…” no es solo una frase, es una actitud del corazón. Antes de pedir, reconocemos lo que Dios ya ha hecho. La gratitud nos ubica y nos recuerda que dependemos de Él.
Luego, avanzamos con una actitud de alabanza. Aquí exaltamos quién es Dios: su fidelidad, su amor y su poder. La alabanza cambia nuestra perspectiva y nos enfoca en Su grandeza, no en nuestras circunstancias.
Al seguir avanzando, llegamos a la confesión. Así como en el tabernáculo había lugares de limpieza, aquí abrimos completamente el corazón. Delante de Su presencia todo está descubierto, no hay nada que podamos esconder. No venimos a aparentar, sino a ser transformados. La confesión no nos aleja, nos acerca correctamente a Él.
Y finalmente, entramos al lugar santísimo, donde presentamos nuestras peticiones e intercedemos por otros. Ya no desde la prisa, sino desde la confianza de estar en Su presencia. Es un momento profundo, donde llevamos nuestras cargas y las de otros delante de Dios.
*Orar conforme a Su voluntad*
La oración madura no busca solo que Dios haga lo que queremos, sino alinearnos con lo que Él quiere. Ahí es donde la oración deja de ser solo petición y se convierte en verdadera comunión con Él.