18/06/2026
Vivimos en una cultura que suele identificar el valor de una persona por lo que hace mejor. Sin embargo, desde la mirada de Dios, el don no es simplemente una habilidad o un talento natural.
Un don es una gracia puesta en nosotros para el bien de los demás.
Por eso, aquello que Dios te ha confiado no fue pensado para la admiración personal, sino para la edificación de otros. Tu capacidad para enseñar, escuchar, servir, liderar, consolar, crear o evangelizar tiene un propósito que va más allá de ti mismo.
Cuando descubrimos nuestros dones y los ponemos al servicio del Reino, dejamos de preguntarnos cuánto podemos obtener y comenzamos a preguntarnos cuánto podemos entregar.
Dios no reparte dones para crear protagonistas, sino para construir una comunidad donde cada persona pueda ser bendecida por medio de otra.
«Tu don no es lo que haces mejor. Es lo que Dios decidió poner en ti para que otros sean bendecidos.»
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