04/08/2026
Lecturas meditadas en video:
https://youtu.be/-v_OAswgko4?si=_vpCuXOnfX80Rwrk
Evangelio meditado en audio:
https://rezandovoy.org/reproductor/oracion/6306
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Memoria de Santo Domingo de Guzmán, presbítero y doctor de la Iglesia
(En la República Dominicana se celebra el 4 de agosto, por disposición de la Conferencia del Episcopado Dominicano).
A lo largo de la historia, el Señor ha suscitado santos que, con su carisma y fidelidad al Evangelio, han renovado la vida de la Iglesia. Hoy contemplamos la figura de santo Domingo de Guzmán, un hombre que dedicó toda su existencia a la predicación de la verdad y a la defensa de la fe.
Nació hacia el año 1170 en Caleruega, provincia de Burgos, cerca de Aranda de Duero, en el seno de una familia noble y profundamente cristiana. Su madre se ocupó con esmero de su formación humana y espiritual, sembrando en él las virtudes que marcarían toda su vida.
Recibió su primera formación en letras y Ciencias Sagradas bajo la guía de un tío suyo, arcipreste. A los 24 años ingresó en la catedral de Osma como canónigo y, un año más tarde, fue ordenado sacerdote.
Poco después acompañó al obispo de Osma, Diego de Acebes, en un viaje a Francia. Allí conocieron la expansión de las herejías albigense y cátara, que rechazaban numerosos dogmas de la fe cristiana y difundían graves errores doctrinales. Cuando el obispo regresó a España, Domingo permaneció en aquellas tierras junto con algunos compañeros para anunciar el Evangelio y conducir a muchos de nuevo a la verdad.
Vivió esta misión siguiendo fielmente el mandato de Cristo: predicar con sencillez, desprendimiento y total confianza en la Providencia. De ese celo apostólico nació la Orden de Predicadores, conocida también como la Orden Dominicana, cuya misión sería anunciar la verdad e instruir al pueblo cristiano frente a los errores doctrinales.
Con el paso de los años entabló una profunda amistad con san Francisco de Asís, compartiendo ambos el deseo de renovar la Iglesia mediante la pobreza evangélica y la predicación. También surgió la rama femenina de la Orden Dominicana, enriqueciendo aún más esta gran familia espiritual.
Las verdaderas armas de Santo Domingo fueron siempre la oración, la penitencia, la paciencia y la incansable dedicación a la enseñanza de la fe. Cuando algunos pretendieron combatir a los herejes mediante la violencia, respondió con palabras que siguen teniendo plena actualidad:
"Es inútil tratar de convertir a la gente con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores porque nos ven muy elegantemente vestidos. En cambio, con la humildad sí se ganan los corazones."
No es casual que tanto los franciscanos como los dominicos sean conocidos como órdenes mendicantes, pues hicieron de la pobreza evangélica un signo elocuente de credibilidad en su misión.
La Orden de Predicadores fue aprobada por el papa Honorio III en 1217. Cuatro años después, el 6 de agosto de 1221, Santo Domingo partió a la Casa del Padre. Trece años más tarde fue canonizado por el papa Gregorio IX, quien expresó con admiración:
"De la santidad de este hombre estoy tan seguro como de la santidad de san Pedro y san Pablo."
La vida de Santo Domingo nos recuerda que la verdad del Evangelio no se impone por la fuerza, sino que se anuncia con la humildad, la oración, el testimonio y la caridad. Su ejemplo continúa inspirando a la Iglesia a proclamar a Cristo con fidelidad, inteligencia y amor.
Fuente: COPE