Nuestra congregación está ubicada en el sector de Bella Vista en la ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana, y data del año 1985, aunque a la sazón respondía al nombre de Iglesia Bautista Quisqueya. En el año 1991 adoptamos la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, y en el año 1993 oficialmente hicimos el cambio de nombre a Iglesia Bautista del Nuevo Pacto, entendiendo po
r varias razones que era más apropiado. Somos una iglesia que cree en un único Dios verdadero y un Mediador, el cual es Cristo, convencidos de que sólo por medio de la fe en Él llegamos al Padre. Que este Dios ha revelado su voluntad para con su pueblo, y la misma está contenida en la Santa Biblia, su palabra escrita, la cual es nuestra única regla de fe y práctica; inerrante e infalible (en los originales). Adoramos a ese Dios, que subsiste en tres personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, con todo nuestro fervor. Es por esto que estamos comprometidos con la gran comisión de “... id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19-20).
¿Por qué existimos? La Iglesia Bautista del Nuevo Pacto tiene como razón de ser el promover la gloria de Dios al mundo, preservando y proclamando las verdades reveladas de Su palabra a nuestra generacin a fin de atraer las ovejas de Cristo y hacerlos verdaderos discpulos de él, fomentando el amor por su gloria y su pueblo.
¿Cómo lo haremos? Estamos llamado a presentar a Cristo partiendo del lugar donde Él nos ha ubicado, con un alcance estratégico para ganar a muchos de diferentes clases sociales, dándoles a conocer el placer supremo de disfrutar de Dios. La buena Palabra no faltará; la iglesia será capacitada y nuestros niños entrenados para que amen a Dios. Nuestras vidas, por lo tanto, deberán reflejar este interés celestial en la adoración, el servicio, y al vivir como los que desean agradar a su Señor. Manifestando un interés evidente por las almas, al punto de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que vean en nosotros a Cristo. Apoyando sacrificialmente la expansión de la Palabra más allá de nuestras capacidades, tanto con nuestros recursos, así como estando dispuestos a ir, ante el llamado del Señor. Oraremos diligentemente por los que así se gastan, y oraremos para que el Señor nos conceda la gracia y la oportunidad de estar entre los que Él considere siervos útiles para toda obra.