11/06/2026
Cuando tus enemigos te rodeen para destruirte, recuerda que Dios nunca permite una batalla sin propósito. A veces las circunstancias parecen cerrarse a tu alrededor, la oposición se levanta con fuerza y el miedo intenta paralizarte. Sin embargo, ese no es el momento para retroceder, sino para afirmar tu fe.
Dios no te llamó a huir del campo de batalla, sino a permanecer firme en él. Cada gigante que enfrentas es una oportunidad para que su poder se manifieste.
No te acobardes, no abandones tu posición. Levanta tu mirada al cielo y recuerda que no peleas solo. El mismo Dios que estuvo con David frente a Goliat, con Josafat frente a grandes ejércitos y con Daniel en el foso de los leones está contigo hoy.